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Los maestros como intelectuales

Diario El Norte

A fines del siglo pasado el pensador norteamericano Henry Giroux, discípulo de Paulo Freire, editó el libro “Los Profesores como Intelectuales”. En dicha obra, el autor demostró con suficientes argumentos, el rasgo intelectual de la docencia. Ciertamente, los educadores y las educadoras son, por esencia, trabajadores de la inteligencia, del pensamiento, del conocimiento y la cultura. No se puede negar que otros profesionales puedan incursionar en estas operaciones cognitivas, pero el oficio de formar las personalidades de las nuevas generaciones, es sinónimo de intelectualidad.

No es que pretendamos reiterar las conocidas apologías, ya mucho se ha escrito sobre su trascendental papel, pero siempre será necesario reivindicar la faceta intelectual del magisterio. Si uno de los fines esenciales de la educación es potenciar las aptitudes mentales de los mentores, esta misión solo puede ser consumada por hombres y mujeres que han abrazado la docencia.

Este reconocimiento es aún más necesario en los tiempos que decurren, donde la tecnología pretende desplazar al profesorado de la función de educar y generar pensamiento. Cierto es que, ante esta acometida, los docentes también son culpables al desatender las dimensiones intelectual y cultural de su labor. En consecuencia, resulta imprescindible concienciar el significado y alcances del carácter intelectual de la docencia.

A nuestro juicio, los educadores y las educadoras son pensadores críticos; sus miembros han logrado desenmascarar las imposturas del sistema, eventualmente elevan su voz de rebeldía y se niegan a vivir sumidos en la alienación generada por el poder hegemónico. Son los contestatarios, los subversivos, los insurgentes, los iconoclastas, los contrahegemónicos, los indignados, los librepensadores, los irreverentes, los que no “comen cuento”, los que han roto las ataduras mediáticas, los liberados de los dogmas, estereotipos y clisés dominantes.

Pero de poco valdrán estos intelectuales si en su fuero interno no han logrado emanciparse de la domesticación generalizada; su valor radica en que asumen como fin de sus vidas quitar la venda de sus ojos, la de sus alumnos, familias, vecinos… Solo esta actitud cuestionadora les permitirá alcanzar la libertad, y con ella la liberación de los pueblos del yugo neoliberal.

Paulo Freire dejó un profundo mensaje a los educadores: “Antes se decía: la verdad os hará libres, Hoy decimos: pensar nos hará libres, Porque el pensar nos aproxima a la verdad”.

Aunque esta actividad mental no nos deje estar tranquilos, es el rasgo emblemático de los docentes. Sin embargo, no faltan los expertos y hasta los maestros, que llegan a dudar si el término intelectual pueda ser un atributo que identifique a los y las docentes. Por lo general, suele asociarse este vocablo con personas eruditas, letradas, sabias, ilustradas que han realizado aportes significativos a las letras, la ciencia o a filosofía. Pero, no puede negarse que estas cualidades son emblemáticas de quienes ejercen la docencia, las cuales se manifiestan en mayor o menor grado.

Ahora bien, es pertinente señalar cuáles son los indicadores que permiten identificar a un intelectual. Dicho de otro modo, cuáles son las actividades centrales en las que se ocupan los pensadores.

No hay duda que la lectura y la escritura pueden ser consideradas como las operaciones mentales fundamentales. En el caso de la lectura, todos podemos dar fe de este supuesto. En efecto, no hay mejor medio para activar y fortalecer nuestras neuronas que dedicar tiempo a conocer las ideas y reflexiones de estudiosos que plasman sus conocimientos en libros, revistas y hasta en medios digitales. Parafraseando a Nicolás de Avellaneda puede decirse: “Cuando oigo que un maestro tiene el hábito de la lectura, estoy predispuesto a pensar bien de él”.

La otra evidencia de un intelectual es su predisposición a expresar por escrito sus pensamientos, criterios, inspiraciones, propuestas… Es tan relevante esta actividad mental que Martín Lutero, hace siglos, llegó a decir: “Si quieres cambiar el mundo, toma una pluma y escribe”.

Por supuesto que cuando sugerimos la escritura profesoral, no estamos pensando que el maestro o la maestra se conviertan en escritores profesionales, autores de acabadas obras literarias, ni creadores de bestsellers, aunque estas producciones no pueden estar ajenas a su condición de personas que trabajan con la inteligencia. Nuestra tesis de Perogrullo, es que la docencia, por antonomasia, es un oficio íntimamente ligado con las letras; por consiguiente, debería manifestarse con cierta frecuencia.

A pesar de la profusión de recursos escritos en las obras convencionales y en los ingenios digitales, en la sociedad actual, los y las docentes tienen un vasto campo para expresar por escrito sus ideas: artículos y textos didácticos, reflexiones pedagógicas, presentación de innovaciones y experiencias didácticas, materiales para comprender e incidir en los problemas locales y nacionales, producciones literarias…

Si los educandos reúnen todos los escritos producidos por sus profesores, cada año tendrían documentos que mostrarían la valía de sus mentores.  Las sentidas palabras de León Tolstoi, son apropiadas: “Veinte años los que ahora son niños leerán mis escritos, y que esa lectura les hará reír, llorar y amar la vida, dedicaría todo mi tiempo y todos mis esfuerzos a esa tarea”.

¿Hace falta más pruebas para reconocer el valor de la producción escrita como evidencia del potencial intelectual del magisterio? Debe quedar sobrentendido que la elaboración de material escrito se eleva sustancialmente con la presencia del creciente número de titulados en Maestrías y Doctorados. La responsabilidad de sus altos diplomas les obliga a la presentación sistemática de artículos indexados, ensayos para los medios especializados, la edición de obras y manuales didácticos, contribuciones al pensamiento humanista… Toda esta riqueza, demostraría su mérito académico; pero, más que nada, para convertirse en artífices del avance del conocimiento y la comprensión de los palpitantes dilemas de su sociedad y del mundo.

La frase destacada:

A nuestro juicio, los educadores y las educadoras son pensadores críticos; sus miembros han logrado desenmascar las imposturas del sistema, eventualmente elevan su voz de rebeldía y se niegan a vivir sumidos en la alienación generada por el poder hegemónico. Son los contestatarios, los subversivos, los insurgentes, los iconoclastas, los contrahegemónicos, los indignados, los librepensadores, los irreverentes, los que no “comen cuento”, los que han roto las ataduras mediáticas, los liberados de los dogmas, estereotipos y clisés dominantes.

Sobre el Aurtor Jorge Villafroel Idrovo

Lcdo. en Psicología Educativa, Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa, Ex Rector de la Universidad Técnica del Norte, Ex Rector del Colegio Nacional “Ibarra”, Docente Investigador, Autor de libros, artículos científicos, Ponente en eventos académicos de Ecuador y en varios países de América Latina.

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.