¿Y nuestros traficantes?

El cinismo imperial ha llegado a la cima: ahora se ha erigido en ajusticiador de quienes trafican drogas, lo cual, supuestamente, afecta su poderío. El clásico adagio se vuelve a repetir: “Mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”. Una potencia en cuyo seno existen 40 millones de adictos y mueren cien mil de ellos cada año, por el consumo de estupefacientes, viene a darnos lecciones de moral. No sería mejor que primero solucionen estos estigmas, antes de proponerse a invadir naciones, en cuyo seno existen pequeñas “mulas” y uno que otro capo. La simple lógica nos dice que de no existir la excesiva demanda de los ciudadanos “desarrollados” de Estados Unidos de América y Europa, la inmunda producción de drogas en nuestros países no existiría. Pero claro, es necesario que haya un motivo ideado por ellos mismos para justificar su irrupción en nuestras Repúblicas.
Si, además, se conoce que el lavado de dinero de este repugnante negocio, soluciona las crisis financieras de los grandes bancos del imperio, (miles de millones de dólares según las estimaciones del propio Departamento del Tesoro de los EE.UU.). Obviamente, sus gerentes no son perseguidos ni encarcelados.
Pero si el narcotráfico es un peligro para el imperio, entonces secuestren a nuestros gobernantes, generales y banqueros, que se han enriquecido con este vil comercio. Obviamente, como son sus súbditos, pueden continuar en las operaciones que escandalizan a los moralistas nórdicos.
Este hecho, demuestra que las verdaderas razones de las invasiones no son sino someter a nuestras naciones y aprovecharse de sus recursos mineros y naturales. Lo confirma la agresiva propaganda en favor de candidatos de derecha en todos los países de la región. De Ripley: el emperador asumiendo un papel protagónico en las campañas políticas de América Latina.
Como ejemplos más recientes tenemos: las elecciones legislativas realizadas en Argentina (26 de octubre de 2025) y las presidenciales en Honduras (30 de noviembre de 2025). Sobre este último país, Trump al mismo tiempo que el 1 de diciembre de 2025 indultó a Juan Orlando Hernández ex presidente de Honduras sentenciado a 46 años de prisión federal por conspiración para importar narcóticos y uso de armas de fuego, apoyó al candidato Nasry “Tito” Asfura del Partido Nacional, organización política de la derecha conservadora de la que forma parte Hernández. Finalmente, Asfura fue declarado como presidente pese a insistentes denuncias de fraude electoral.
Si hablan de violaciones a la ética a la democracia, a la libertad, deberían encarcelar a su mayor líder por sus degradantes conductas: pedofilia, estafa, aupador de crímenes de guerra, agresor de migrantes latinos, indultador de traficantes, piratería, negociador con traficantes (Londoño-Trump) … En resumen, un consumado tahúr que funge de presidente de la primera potencia mundial. Por supuesto, no se trata de imputaciones infundadas, pues todos estos delitos están siendo ventilados en los Tribuales americanos.
He aquí una muestra de la catadura moral de un Estado que pretende gobernar el mundo.
Imaginémonos, por un momento, que una nación o grupo de ellas, decidan llegar hasta la Casa Blanca para secuestrar al malhechor que ha causado execrables agresiones a los pueblos del Sur. Nadie en sus cabales estaría dispuesto a esta operación, pero el imperio sí puede asaltar nuestras Repúblicas, cuando le plazca o se oponga a sus protervos intereses económicos, políticos o militares.
En síntesis, el degradante tráfico de drogas, fraguado desde hace varias décadas ha servido a tres propósitos imperiales: mantener a su juventud entretenida en paraísos artificiales, sanear sus crisis económicas e intervenir en sociedades periféricas, con el fin de saquear sus recursos. Quienes no hayan logrado discernir estos abyectos objetivos, continuarán siendo fáciles presas de la manipulación mediática en favor de los neo colonizadores. Pero su ignorancia, no les exime de responsabilidad ante la Patria.
Lo inadmisible es que los admiradores y políticos de nuestros países, se muestren complacientes y hasta alabadores de los intentos coloniales del imperio y su líder mayor. Véase, si no, los aplausos de la bancada de ADN en la Asamblea, congratulándose con la invasión a Venezuela. Mientras la Comunidad Internacional se indigna y condena el asalto militar, nuestros legisladores felicitan este atropello. A todas luces, una actitud propia de lacayos del imperio.
En esta manera de proceder, podemos encontrar hasta intelectuales y académicos que justifican las embestidas del amo del Norte. Su venia, muestra su alma de vasallos. Si es así, entonces, en dónde quedó la condición de pensadores. En buen romance, con su incondicionalidad reeditan la conquista de hace 500 años, en nombre del oropel que les brinda el imperio. Con seguridad, desconocen o han olvidado una de las estrofas del Himno Nacional que cantan con unción: “Y si nuevas cadenas prepara
la injusticia de bárbara suerte, ¡gran Pichincha! prevén tú la muerte de la Patria y sus hijos al fin”.
Desde esa época, el sometimiento no ha cambiado; ahora vivimos encantados con los invisibles grilletes capitalistas. Por demás triste el papel que representan, lo cual desdice el honor de la academia. Todo un baldón para este potencial humano que no ha podido edificar una nación digna, libre, soberana, próspera. «Así como los pueblos sin dignidad son rebaños, los individuos sin ella son esclavos.» (José Ingenieros).
De otro lado, para quienes conocen los elementales fundamentos de la geopolítica, el tráfico no es sino uno de los pretextos para evitar la influencia de China y Rusia en los países del sur del continente. Al considerarse el “hermano mayor”, primero se opusieron, a sangre y fuego, al dominio de España, luego al influjo comunista y hoy al ascendiente económico del gigante asiático.
Es posible que, para algunos lectores, el presente escrito no cumpla el carácter académico que demanda un artículo de prensa. Ciertamente, nos hemos apartado del intelectualismo, pero las verdades no pueden rodearse de frases elocuentes o eufemismos literarios. Estamos ante la presencia de hechos históricos que marcarán el futuro de nuestros pueblos, ya sea como indignos siervos de un poder ominoso, o como creadores de una nación que se respeta a sí misma y ante el concierto mundial. Ya lo advertía el filósofo Krishnamurti: “No es signo de buena salud moral, estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.
La frase destacada:
En síntesis, el degradante tráfico de drogas, fraguado desde hace varias décadas ha servido a tres propósitos imperiales: mantener a su juventud entretenida en paraísos artificiales, sanear sus crisis económicas e intervenir en sociedades periféricas, con el fin de saquear sus recursos. Quienes no hayan logrado discernir estos abyectos objetivos, continuarán siendo fáciles presas de la manipulación mediática en favor de los neo colonizadores. Pero su ignorancia, no les exime de responsabilidad ante la Patria.
Sobre el Autor Jorge Villarroel Idrovo:
Lcdo. en Psicología Educativa, Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa, Ex Rector de la Universidad Técnica del Norte, Ex Rector del Colegio Nacional “Ibarra”, Docente Investigador, Autor de libros, artículos científicos, Ponente en eventos académicos de Ecuador y en varios países de América Latina.
