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El declive del propósito en educación superior

Desde una perspectiva crítica de la educación superior, se argumenta que la universidad contemporánea ha extraviado su misión originaria, aquella centrada en la emancipación social, el pensamiento crítico y la búsqueda desinteresada del bien común, al subordinar su agenda a las demandas del mercado global y a la burocratización de la excelencia. Este giro pragmático ha desdibujado su visión como un actor social determinante, transformando las instituciones en corporaciones dedicadas a la producción en masa de capital humano hiperespecializado y a la acumulación de publicaciones que sirven mayormente para alimentar estadísticas, en lugar de constituirse en espacios de diálogo y reflexión colectiva en pos de futuros justos y sostenibles.

El núcleo explicativo de esta deriva institucional radica en una profunda crisis epistémica, caracterizada por la parcelación del conocimiento y la hegemonía del positivismo utilitarista. Este fenómeno ha consolidado un modelo de ciencia fragmentada que prioriza el saber instrumental y el conocimiento declarativo, diseñado exclusivamente para la eficiencia técnica y el rendimiento económico, por encima de una comprensión holística y transdisciplinar de la realidad. Siguiendo a Bereiter y Scardamalia (1993), este tipo de conocimiento se define como aquel que el sujeto puede verbalizar y reproducir de memoria, pero sin necesariamente comprender sus condiciones de posibilidad ni sus fundamentos profundos.

Esta limitación no es superficial ni accidental. Como señala Biggs (1987) en su taxonomía SOLO (Structure of Observed Learning Outcomes), la mayor parte de los estudiantes universitarios opera en niveles multiestructurales: acumulan información de manera fragmentada sin lograr integrarla, privándose de alcanzar los niveles relacional o abstracto extendido, que son los únicos donde se gesta una comprensión genuina. En una revisión posterior, Biggs y Tang (2011) confirman que la propia configuración institucional, con asignaturas compartimentadas, evaluaciones memorísticas y una marcada lógica credencialista, reproduce estructuralmente la superficialidad cognitiva que teóricamente debería superar.

Lo que está en juego, por tanto, no es solo una cuestión de eficiencia pedagógica, sino de justicia epistémica. Fricker (2007) acuñó este concepto para referirse al daño que se inflige a un sujeto específicamente en su condición de agente de conocimiento. En el contexto educativo, este agravio opera de manera estructural: si la universidad transmite contenidos sin enseñar a los estudiantes a derivarlos desde sus fundamentos, les niega la posibilidad de participar como sujetos activos en la producción del saber, reduciéndolos a meros consumidores de un conocimiento ajeno. Esta dimensión ha sido explorada recientemente en el ámbito de la educación superior por Nikolaidis et al. (2023), quienes muestran que la injusticia epistémica opera no solo en la distribución del conocimiento, sino en las propias condiciones de su validación y producción institucional.

Ahora bien, el mecanismo operativo predominante a través del cual se transmite y perpetúa este conocimiento declarativo es el razonamiento analógico, el cual consiste en explicar un fenómeno nuevo o complejo por su semejanza con algo ya conocido «esto funciona como aquello». Es innegable que el razonamiento analógico posee un valor pedagógico real y reconocido, facilita la aproximación inicial, reduce la carga cognitiva y permite anclar conceptos novedosos en estructuras de conocimiento previas (Gentner, 1983).

Sin embargo, la analogía posee un límite constitutivo que la hace insuficiente como base del conocimiento profundo, opera siempre a partir de lo ya familiar, nunca desde las bases ontológicas del fenómeno mismo. Una analogía no revela por qué un fenómeno es lo que es; solo señala en qué se parece a otra cosa que, con frecuencia, el estudiante comprende de manera igualmente superficial. Cuando la analogía se convierte en el modo privilegiado o definitivo de construcción del saber, genera una cadena de comprensiones parciales en la que ningún eslabón llega a desentrañar las condiciones esenciales de la realidad estudiada.

Esta restricción cognitiva se agudiza cuando el razonamiento analógico se combina con la sumisión a la autoridad epistémica del docente o del texto. El estudiante aprende por analogía y asimila por delegación; acepta que el fenómeno es real porque la fuente autorizada así lo afirma, eludiendo el proceso de derivación autónoma desde los fundamentos. Lo que resulta de esta combinación no es conocimiento en sentido estricto, sino una creencia informada, funcionalmente útil y académicamente certificable, pero epistemológicamente frágil. En el escenario contemporáneo, esta fragilidad se convierte en un obstáculo estructural insalvable frente a las demandas de pensamiento complejo y crítico necesarias para transformar la sociedad (Giroux, 2020).

Es necesario insistir en que esta crítica no propone la proscripción del razonamiento analógico de las aulas. La analogía constituye un recurso legítimo y valioso en momentos específicos del proceso formativo, actuando como un puente inicial hacia la comprensión o como una herramienta para hacer accesibles los conceptos abstractos. El problema radica en su naturalización como el destino final del aprendizaje; es decir, en confundir el andamiaje transitorio con el conocimiento profundo y emancipador que debería configurar el verdadero horizonte de la educación superior.

La frase destacada:

Desde una perspectiva crítica de la educación superior, se argumenta que la universidad contemporánea ha extraviado su misión originaria, aquella centrada en la emancipación social, el pensamiento crítico y la búsqueda desinteresada del bien común, al subordinar su agenda a las demandas del mercado global y a la burocratización de la excelencia. Este giro pragmático ha desdibujado su visión como un actor social determinante, transformando las instituciones en corporaciones dedicadas a la producción en masa de capital humano hiperespecializado y a la acumulación de publicaciones que sirven mayormente para alimentar estadísticas, en lugar de constituirse en espacios de diálogo y reflexión colectiva en pos de futuros justos y sostenibles.

Sobre el Autor Mario Montenegro:

PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.

Futuristic cyborg religion and control. Image on the projection screen is my own render, already approved and in my portfolio. This is entirely 3D generated image.

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.