Cambiar los medios de vida

Diario El Norte
La humanidad ha caminado un largo período de existencia, proceso que en lo esencial fue marcando comportamientos asociativos concretos, conocidos como sistemas productivos. Este artículo no soporta -por el poco espacio-, un análisis detallado para contextualizar lo que pasa en el sistema globalizado imperante; sin embargo, evidencia en la generalidad de países, un retroceso de sus economías, con impactos nefastos en salud, educación, servicios básicos, déficit de fuentes de trabajo, … En contraposición, sectores económicos, financieros y tecnológicos lograron obtener grandes utilidades, mucho más importantes que antes de la pandemia.
El sistema se cae en pedazos, su crisis es de carácter estructural. El sistema financiero como el FMI y Banco Mundial, controlan el orbe. Inclusive los países del primer mundo, también están atrapados por el sistema financiero. Estos a su vez basan sus economías en la explotación de los recursos naturales de los países dependientes y pobres, carentes de soberanía y autodeterminación.
La época postpandemia, demuestra que la crisis mundial demanda de una nueva arquitectura estructural de los países y la necesidad de resetear las deudas externas en favor de los países pobres, que no podrán alcanzar el bienestar de su gente.
Es el momento propicio para cambios fundamentales de las denominadas democracias, siempre que se basen en el interés de todos sus ciudadanos.
La carencia de fuentes de trabajo, es el principal problema identificado en la época actual. Al no existir inversión ni pública ni privada, no habrá crecimiento de fuentes de trabajo si los fondos acumulados por el esfuerzo colectivo siguen estando en las manos de unos pocos y además en fuga a los mal llamados paraísos fiscales. Este proceso se llama desinversión y desmantelamiento de las empresas estratégicas que aportan importantes divisas a los presupuestos del Estado. El proyecto de ley denominado de “inversión”, pretendía privatizar los bienes y servicios del Estado, que moviliza grandes sumas de recursos económicos destinados al desarrollo productivo nacional.
Cómo se explica que una mayoría de la población, que está influenciada por un grupo minoritario, se apropie del poder político y demás poderes del Estado cada cuatro años, en una suerte de democracia amarrada.
La primera cuestión, es que la mayoría de ciudadanos, con sus representantes, sean quienes generen políticas públicas de inversión para crear fuentes de trabajo y que los ciudadanos dirijan el poder del Estado. El régimen de partidos políticos actual no lo permite. Es la época de cambiar estas reglas de juego, las normas y las leyes.
La aparente “libertad de elegir”, no es otra cosa que la manipulación de esa libertad de elegir a los líderes que imponen los grupos fácticos del poder económico. En teoría, la cosa parece fácil, pero la realidad nos dice que los estereotipos, marcas, conductas, propaganda, … son impuestas con una publicidad inducida para engañar multitudes.
En política, ocurre el mismo fenómeno. El sistema es alienante en tanto maneja comportamientos de sus ciudadanos. Las normas, leyes, lo permiten y es “normal” que eso ocurra.
La sociedad -no solo los gobiernos-, deben priorizar los gastos necesarios. Cada año, el presupuesto general del Estado arrastra un déficit fiscal que es pagado por el pueblo con sus impuestos.
Se dice que el Estado priorizará, tanto las inversiones como los gastos. Si hablamos de prioridades, demandamos de un control social efectivo, y quien lo debería hacer, es la propia ciudadanía. La construcción de una nueva sociedad, debe recaer en la acción conjunta de la población. Las autoridades provenientes de sectores económicos y sus partidos políticos, siempre se benefician de los espacios de poder, en la modalidad conocida como corrupción. El control social del poder político tiene que ser ciudadano, es la única forma de controlar la corrupción. La organización social, es la llamada a participar en democracia plena y participativa de forma directa.
El sistema se ha encargado de hacernos individualistas, como resultado de un conjunto de tácticas que se estudian para vender fórmulas de salvación. Los políticos, representan a sus grupos económicos y trabajan para ellos. El manejo de poder político y económico les permite consolidar sus privilegios. El pensador hindú, Krishnamurti, al respecto aborda de forma realista el tema “… el mundo es lo que somos nosotros. Nuestro problema, pues, es el problema del mundo”. Nos generan individualismo, nuestros actos son en consecuencia individualistas. La alternativa es la asociatividad en función del interés de todos los integrantes de una comunidad.
Entonces en el país, ¿Qué tipo de sociedad debemos construir? Miramos cómo están las fuerzas políticas divididas, y apenas un partido de derecha con un insignificante número de asambleístas, logró aprobar una ley oprobiosa hace pocos días. El individualismo no facilita la formación de líderes probos y proactivos. Esta democracia permite llegar a líderes mediocres, que se venden por favores con el poder político y económico, que reparte prebendas. Esos limitados líderes hacen lo mismo, se acostumbraron a ser corruptos y la sociedad todavía permite esas corruptelas. Hay carencia de creatividad, de ética y moral en sus actos, porque, la sociedad está contaminada, amarrada a viejas prácticas y maniobras. Si no se cambia esta sociedad utilitaria de unos pocos, no hay salida.
En el momento que la sociedad fije políticas claras, generadas por una mayoría, las fuentes de trabajo, como consecuencia, generará más trabajo y esos trabajos serán formas concretas, correctas y éticas de sustentarse para una adecuada manera de ganarse la vida. Solo así, el empresario o banquero, no serán trogloditas que quieren seguir amasando fortunas en el menor tiempo posible, pisoteando a los trabajadores; el político o líder social que responda a la mayoría, no va a poder traicionar a sus representados, porque de hacerlo, éste debe no solo deberá ser destituido sino puesto tras las rejas.
El correcto medio de vida, de líderes y ciudadanos, será posible solo cuando haya una transformación completa en la actual y mentada estructura social.
La frase destacada:
La época postpandemia, demuestra que la crisis mundial demanda de una nueva arquitectura estructural de los países y la necesidad de resetear las deudas externas en favor de los países pobres, que no podrán alcanzar el bienestar de su gente.
Sobre el autor Luis Jácome Salazar:
Licenciado en Banca y Finanzas por la Universidad Central del Ecuador. Magíster en Planificación Socio–Económica y Magíster en Planificación Urbana y Planificación Regional por la Universidad Central del Ecuador. Ex Profesor Universitario. Consultor en libre ejercicio. Director Yavirak (ONG). Miembro del Grupo Editorial La Borrega Negra, editorialista de varios medios escritos. Realizador de Programas Culturales y de Opinión Radial. Capacitador en Proyecto Educativo para la Producción, Medio Ambiente y Educación en Montufar (Carchi)