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La banalización del conocimiento

Diario El Norte

En el informe del Banco Mundia-UNESCO-UNICEF titulado “El estado de la crisis educativa mundial: un camino hacia la recuperación”, publicado en diciembre de 2021, se dice que la pandemia ha profundizado la pobreza de aprendizaje de niñas, niños y jóvenes en el mundo entero; que las pérdidas de aprendizaje son mayores en países de ingresos bajos y medios como consecuencia del cierre de las escuelas, la calidad, accesibilidad y eficacia desiguales del aprendizaje a distancia; que a pesar de haberse adoptado estrategias multimodales de aprendizaje, los resultados de aprendizaje, sobre todo en los sectores marginales, son muy preocupantes por la previsible incidencia en la productividad y en la economía de las generaciones de estudiantes que han vivido la crisis.

En Iberoamérica, alrededor de 180 millones de niñas, niños y jóvenes carecerían de aprendizajes suficientes, por lo tanto, una sensible disminución de conocimientos en el proceso educativo y en la vida misma sería evidente. Este lamentable hecho se agravaría en la sociedad posmoderna en la que impera el discurso del capital, en la que los saberes o conocimientos son vistos en un sentido funcional, no como valor en sí mismos, sino como herramientas utilitarias que se acumulan y modifican al ritmo de los cambios que ocurren en las condiciones sociales que les dan soporte. De allí que, este tipo de conocimientos se afirmen en la comunidad con base de los nuevos lenguajes de la cibernética, la informática, la telemática, la ciencia de los datos, reconfigurando el papel de los saberes en la construcción del conocimiento, situación que afecta los componentes de la cultura de manera general y particularmente las culturas institucionales que no se fundamentan precisamente en la ciencia, ni en el propio conocimiento, sino en mediaciones simbólicas entre grupos humanos de diferentes contextos que dan sentido y significado a sus acciones sociales configurando las nuevas realidades sociales vigentes.

Precisamente en estas nuevas realidades se visualizan indicadores que afectan de manera notable los saberes académicos, trastocados por un nuevo orden que privilegia el utilitarismo, la apariencia, lo transitorio y hasta banal de la vida, más no la reflexión crítica en torno a modelos prácticos en los que la ausencia de los valores específicos de la modernidad como el razonamiento, el orden, el discurso, la dedicación, día tras día, se diluyen en la trivialidad, en lo superficial y fatuo. Cómo enfrentar estas realidades que desde el poder económico y político han logrado instaurar en sociedades débiles, amilanadas por el capitalismo cognitivo, prácticas, modos de sentir y hacer, carentes de fundamento y muy poco sensibles a los problemas y necesidades de los demás.

Urgen cambios fundamentales en el ámbito educativo; replantear lo académico para aproximarlo más a lo cotidiano, a los problemas y desafíos de las sociedades desde una visión crítica y reflexiva, equilibrada desde las perspectivas racional y emocional para incidir en las dimensiones ética, estética, física, mental, espiritual. De hecho, hay que volver a dotarle al acto educativo del sentido teleológico que posee, en medio de la heterogenidad, la diferencia y lo diverso que defiende el posmodernismo. La idea es potenciar el desarrollo integral de los sujetos humanos consolidando los esquemas de conocimientos que nutren y controlan las percepciones, pensamientos y acciones cotidianas; para este fin, es imperativo que los estudiantes construyan conocimientos en contacto con la interacción social y las experiencias previas. Es preciso recalcar que, en el proceso de aprender, el estudiante es un constructor activo de conocimientos, es él como ser humano el que aprende y se apropia de conocimientos; por lo tanto, no puede verse ni compararse con un aparato tecnológico que no piensa ni tampoco percibe, las tecnologías del aprendizaje y el conocimiento han sido creadas para procesar información, la construcción del conocimiento es una acción estrictamente humana. (Casanova Yelitza. 2013)

Cuando se habla de banalización del conocimiento se hace referencia al hecho de creer que el uso intensivo de herramientas tecnológicas en el aula asegura aprendizajes eficaces y sostenibles, soslayando la imprescindible intervención humana para crear, recrear, transferir, aplicar y usar conocimientos poniendo en acción el intelecto y otros procesos cognitivos básicos y complejos. Para evitar la banalización del conocimiento es menester que en la academia se operen procesos encaminados a crear espacios interactivos y creativos en los que la comprensión de las realidades y las complejidades de las ciencias no dependan solamente de la adquisición de constructos, sino del logro y instauración de éstos como consecuencia de la interacción y negociación con otros sujetos, con las cosas y consigo mismo. Si se lograse hacer este importante giro cualitativo en la práctica educativa, los estudiantes podrán generar conocimientos con autonomía, usando ideas y razonamientos, pensando por cuenta propia, continuamente interrogándose y buscando saberes, no precisamente repitiendo contenidos curriculares derivados de los relatos contemporáneos de la hegemonía.

El riesgo de banalizar el conocimiento es inminente, ahora que los sistemas educativos están apresurándose en buscar salidas a las pérdidas de aprendizaje. Que esta encomiable tarea del sistema educativo y su institucionalidad no signifique mayores sacrificios de los atributos de calidad de los conocimientos, que por el contrario éstos se fortalezcan y contribuyan a avanzar en en la construcción de la sociedad que anhelamos.

La frase destacada:

Es preciso recalcar que, en el proceso de aprender, el estudiante es un constructor activo de conocimientos, es él como ser humano el que aprende y se apropia de conocimientos; por lo tanto, no puede verse ni compararse con un aparato tecnológico que no piensa ni tampoco percibe, las tecnologías del aprendizaje y el conocimiento han sido creadas para procesar información, la construcción del conocimiento es una acción estrictamente humana.

Sobre el Autor Mario Montenegro Jiménez:

PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.