La innovación social: una vía hacia la equidad

Diario El Norte
En las últimas décadas el deterioro en las condiciones de vida de la mayoría de la población, producto de la creciente pobreza, desigualdad, persistencia del hambre y deterioro ambiental en el mundo ha sido evidente; así como lo es la crisis generada por la presencia de la pandemia y sus consecuencias más visibles en los ámbitos sanitario, educativo, económico y social.
Tanto los problemas estructurales cuanto los provenientes de la última crisis planetaria, trajeron consigo, cambios importantes para las personas, organizaciones, instituciones y los propios Estados, a través de políticas de ajuste, reformas, discursos, prácticas enmarcadas en modelos de desarrollo poco compatibles con los problemas y necesidades de los sectores poblacionales que poseen marcadas carencias en todos los órdenes.
Aquella visión de desarrollo que privilegia el capital, la macroeconomía, el libre mercado, las inversiones y demás particularidades del modelo liberal, junto a un poder político, que solo renueva los nombres, pero que mantiene los privilegios de siempre, es desordenado, sin un horizonte claro, sin un plan fundamentado en consensos mínimos, con bajos niveles de credibilidad, focalizado en los intereses de pocos, sin mayor impacto social, configura un panorama con constataciones fácticas que suponen desafíos ineludibles que nos deberían convocar a pensar y actuar con un sentido ético socialmente construído a partir del reconocimiento de la dignidad y el valor del otro como ser instituyente de buenos vivires en las sociedades diversas y multiculturales de hoy.
Necesitamos entonces, de manera urgente, comenzar a edificar una visión comprensiva, integral de la sociedad, que implique diálogo, discusión, disenso, que contribuya a superar el artificio del pluralismo político, el reformismo práctico y el neodesarrollismo implícito en el discurso político contemporáneo. Avanzar hacia un nuevo modelo de sociedad es la aspiración de la mayoría de la gente, para lo cual, hace unas pocas décadas se comenzaron a gestionar procesos de innovación, necesarios sobre todo, cuando los problemas empeoran, cuando los sistemas no funcionan, cuando las instituciones extravían sus propósitos y no cumplen sus misiones esenciales. En estos y otros casos parecidos, la innovación, específicamente la innovación social se ha convertido en un imperativo que puede impedir el desplazamiento de los intereses colectivos hacia los intereses de unos pocos que no contemplan consideraciones éticas en sus actuaciones y en sus modos de hacer las cosas, lesionando frecuentemente la dignidad del otro e impulsando acciones signadas por el interés, el poder y la gloria personal.
La Innovación Social no es sino la introducción de nuevas estrategias, ideas, conceptos, sistemas organizacionales orientados a la transformación o cambio de las conductas humanas, las interacciones y prácticas sociales, para satisfacer necesidades sociales de todo tipo. Comprende también modificaciones en la organización social de las comunidades para ayudar a resolver problemas cotidianos; nuevos procesos, prácticas, métodos o sistemas para la prestación de servicios con la participación de la comunidad y de los propios beneficiarios. (Comisión Económica para América Latina y el Caribe -CEPAL-). Otros conceptos de innovación social incluyen nuevas formas de satisfacer necesidades sociales que no están adecuadamente cubiertas, producir cambios de comportamiento para para responder a los grandes retos de la sociedad, capacitando y empoderando a la ciudadanía, generando nuevas relaciones y nuevos modelos de colaboración (Estrategia 2020 de la Comisión Europea).
Se trata entonces de procesos que nacen y se concretan en los colectivos sociales independientemente de la participación y tutela de los gobiernos que suelen hablar en nombre del “pueblo” desconociendo la capacidad que poseen los seres humanos para autoregularse y gestionar acciones orientadas a determinar los modos de vida que desean llevar utilizando sus propias capacidades y resguardando el principal patrimonio que poseen, su dignidad.
Desde luego que, los procesos de innovación social deben inscribirse en la “ética de la liberalización” formulación teórica desarrollada por Enrique Dussel, uno de los más brillantes pensadores latinoamericanos que postula que “El ser humano accede a la realidad que enfrenta cotidianamente desde el ámbito de su propia vida. La vida humana ni es un fin ni es un mero horizonte mundano-ontológico. La vida humana es el modo de realidad del sujeto ético […] que da el contenido a todas las acciones, que determina el orden racional y también el nivel de las necesidades, pulsiones y deseos, que constituye el marco dentro del cual se fijan fines. Los fines son “puestos” desde las exigencias de la vida humana”. (Dussel. 1998).
Cuando se habla de innovación social es preciso además considerar lo relativo a la dignidad de la persona, para lo cual habría que auscultar la posibilidad de hacerlo desde la perspectiva de Amartya Sen que señala el camino para construir la dignidad de la persona desde el punto de vista de las capacidades que permitirían a una persona tener una vida digna. Se trata de capacidades materiales, acceso al consumo vital, agua potable, recursos, electricidad, pero también el tema de la asociabilidad, solidaridad, en su relación con los otros, con sus círculos, sus valores.
Trabajar por la innovación social, incrementando capacidades, construyendo dignidad de las personas, de manera asociativa y solidaria, es la vía que puede posibilitar la anhelada equidad social, alejados de la mundana entelequia desarrollista implementada por el modelo neoliberal.
La frase destacada:
“Necesitamos entonces, de manera urgente, comenzar a edificar una visión comprensiva, integral de la sociedad, que implique diálogo, discusión, disenso, que contribuya a superar el artificio del pluralismo político, el reformismo práctico y el neodesarrollismo implícito en el discurso político contemporáneo. Avanzar hacia un nuevo modelo de sociedad es la aspiración de la mayoría de la gente, …”


Sobre el Autor Mario Montenegro Jiménez:
PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.