Nuevos paradigmas en el siglo XXI

Diario El Norte
El 9 de noviembre de 1989 se produjo un hecho simbólico que marcó, como dice Fernando Tinajero, el prematuro ingreso de la Humanidad al siglo XXI: la caída del Muro de Berlín. Durante los años anteriores habían entrado en crisis los regímenes de la URSS y Europa oriental, instaurados después de la derrota nazi en 1945. Esta crisis culminó en una insurrección popular dirigida por los sectores conservadores de la Iglesia Católica, la Central de Inteligencia Americana y los partidos liberales. Ríos de gente se tomaron las calles de Berlín oriental y expulsaron a los gobernantes comunistas. Marcharon hacia el muro que separaba físicamente los regímenes liberal y socialista de la capital alemana y lo derribaron, permitiendo el libre tránsito de los ciudadanos. Dos años después, el 26 de diciembre de 1991, colapsaba la Unión Soviética, provocándose una diáspora de las repúblicas que compusieron desde 1920 la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
Uno de los resultados inmediatos de este proceso fue el desplazamiento del eje geopolítico mundial desde la contradicción Este – Oeste que dominó durante casi todo el siglo XX, al eje Norte-Sur: el Norte de los ricos, el Sur de los pobres. Esta nueva distribución geopolítica alimentó la voracidad del Norte, cuyas fuerzas se impusieron militar e ideológicamente, al no contar ya con un referente de oposición como fue la URSS desde 1920.
La derecha, mientras tanto, cantó victoria: el marxismo había fenecido, el socialismo había muerto dando paso a la marcha triunfante de la democracia liberal, constituida en el “fin de la historia”. El neoliberalismo se desplazó por todo el mundo occidental, sin el obstáculo opuesto por el socialismo. Los viejos paradigmas de la izquierda entraron en receso y el liberalismo del siglo XVIII se posicionó como la única ideología “verdadera”: el individuo como centro del universo, el mercado por encima del ser humano, el éxito sin ética ni principios, la naturaleza como instrumento de riqueza.
En el Sur, los movimientos socialistas, comunistas y de liberación nacional perdieron el referente teórico y político que animó durante más de un siglo las luchas libertarias en América latina y el Tercer mundo. La izquierda se quedó huérfana de ideología y entró en un largo estado de sopor, similar a la catalepsia: estaba muerta en vida. Vivía como por inercia. La desesperanza se expandió como reguero de pólvora. Parecía que el capitalismo era un modo de vida y de organización social eterno e invencible. Con la muerte del socialismo murió también la esperanza. La izquierda perdió total credibilidad. En palabras de Emir Sader, citadas por Valter Pomar en el libro Volver al futuro: la búsqueda de un socialismo latinoamericano, “la correlación de fuerzas cambió brutalmente contra nosotros (la izquierda). Nunca en el mundo la palabra izquierda, desde que fue inventada con esa connotación, estuvo tan desprestigiada…”
En el Ecuador, la crisis había tocado fondo. Diez gobiernos en siete años daban a entender que el pueblo estaba cansado. Y, sin embargo, mientras las fuerzas opositoras al neoliberalismo perdían el rumbo, las oligarquías se repartían el poder a vista y paciencia de los ciudadanos que sufríamos sin esperanza.
Fue así cómo, al clarear el siglo XXI, el Comandante Hugo Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, asesorado por un equipo de ideólogos e investigadores encabezados por el filósofo alemán Heinz Dieterich (quienes recuperaron las críticas que la filosofía y la sociología habían hecho durante décadas a ciertas prácticas burocráticas del socialismo soviético), propone un nuevo paradigma al que denominó el Socialismo del siglo XXI. Se trataba de resignificar este como un proyecto anticapitalista bajo las nuevas condiciones impuestas por la globalización, el avance del neoliberalismo y la crisis del socialismo histórico. Se trataba de recuperar el sentido libertario y emancipador del socialismo, liberarlo de sus ataduras dogmáticas, romper con los viejos paradigmas anquilosados ya frente a la revitalización del capitalismo global, tratar de colocarlo a tono con la época y devolver al pueblo la esperanza perdida.
Fue entonces cuando, a la luz de esta nueva propuesta, se produce el avance de innumerables fuerzas progresistas y de izquierda que retoman la idea marxista, anatematizada por el socialismo ortodoxo, sobre la posibilidad de construir una nueva sociedad por otras vías, entre ellas la vía electoral. Venezuela, Ecuador, Chile, Argentina, Paraguay, Brasil, Nicaragua se lanzan a explorar nuevos caminos con diferentes instrumentos y usando tácticas que les resultaron efectivas.
Resurge la esperanza, y Rafael Correa Delgado, presidente ya de la república del Ecuador, hace suya aquella consigna que venía incubándose años atrás: “Estamos asistiendo – dijo en la simbólica ceremonia de Zumbahua – no a una época de cambios sino a un cambio de época”.
Ese cambio de época suponía, para esta corriente de pensamiento en construcción desde el poder del Estado, la ruptura con los viejos paradigmas y la instauración de unos nuevos: el humanismo socialista, es decir la revalorización del ser humano frente a las fuerzas ciegas del mercado. “Una sociedad – pregonaba Rafael Correa – con mercado y no de mercado”, queriendo con ello encarnar la idea de superación de la sociedad mercadocéntrica que hace del ser humano una mercancía. Revalorización de la vida mediante la construcción de un modelo de sociedad biocéntrica. La propuesta teórica enfatiza un biocentrismo socialista, republicano y liberador, como superador del antropocentrismo eurocentrista, colonizador. Otro supuesto teórico sustenta la construcción de un sujeto colectivo del cambio, frente al sujeto universal y único de la vieja izquierda, el proletariado. También reflexiona sobre la incorporación de los pueblos originarios como nuevos sujetos colectivos. Asimismo, afina la tesis que proclama a la naturaleza como sujeto, principio anunciado por la Constitución de Montecristi para dar fuerza a las nuevas políticas de defensa del entorno. Estas son, entre otras, las propuestas más urgentes del socialismo del siglo XXI.
Diez años después, el engaño y la traición al interior de la fuerza política en el poder político del Estado que asumió esta corriente de pensamiento, dejaron truncos los ideales desprendidos de los nuevos paradigmas del siglo XXI, y volvió la desesperanza.
En este contexto de construcción, deconstrucción y reconstrucción de los paradigmas políticos, económicos y morales, es oportuna la iniciativa de Ediciones Ecuador Alternativo (EEA) que ha publicado el libro Los retos de Ecuador y América Latina, Conferencias magistrales del Presidente Rafael Correa Delgado, 2007 -2019. Oportuna porque fue durante su gobierno cuando se dio inicio, aunque lentamente, a este cambio de época, hoy detenido bruscamente. Y no cabe duda que el ex presidente Correa se convirtió en un activo impulsor de esos paradigmas, como se pone de manifiesto en sus innumerables discursos y conferencias. Hoy que hemos retornado, aunque momentáneamente, al pasado, es apropiado rememorar y releer esta selección de conferencias magistrales, muchas de las cuales han desaparecido de los archivos oficiales como producto del odio y la intolerancia.

La frase destacada:
“Se trataba de recuperar el sentido libertario y emancipador del socialismo, liberarlo de sus ataduras dogmáticas, romper con los viejos paradigmas anquilosados ya frente a la revitalización del capitalismo global, tratar de colocarlo a tono con la época y devolver al pueblo la esperanza perdida.”
Sobre el Autor Marcelo Villamarín Carrascal:
Doctor en Filosofía, ex docente universitario de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Obras Publicadas: El arte de vivir con sentido (2005), Retos de la Asamblea Constituyente (2006), Socialismo y Revolución Ciudadana (2016), Ideas Filosóficas de Imbabura (2019)