El porte de armas
Diario El Norte
La decisión del régimen es una peligrosa aventura que no resolverá los problemas de la seguridad en el país ni los efectos de la desigualdad social. En el corto plazo, las armas de fuego en manos de civiles afectarán tanto la seguridad colectiva como a la individual y galoparán los índices de pobreza e injusticia social.
La experiencia internacional (Colombia, México) señala que “las armas en manos de civiles afectan tanto la seguridad colectiva como la individual, incluyendo la seguridad de quien decide portar un arma de fuego para protegerse” (Mantilla, 2019).
Las preguntas que surgen de manera inmediata son ¿El porte de armas de fuego por particulares se traducirá en un aumento de la seguridad o en una disminución del crimen que actualmente soporta el país? ¿El Estado y el régimen están preparados para ejercer los controles necesarios sobre el uso que las personas podrían hacerlo? ¿Qué garantía existe sobre los procesos oficiales de autorización para que el porte de armas sea adecuado y no esté viciado de corrupción? ¿Cómo asegurar que esa flexibilización no dispare una violencia inmanejable que desemboque en una ola de mayor violencia o en la aparición de grupos paramilitares?
En un país con un gobierno que ha demostrado no tener capacidad para proteger a los ciudadanos y que aplica dogmáticamente medidas para achicar el tamaño del Estado, el remedio es peor que la enfermedad.