La Batalla de Ibarra y el pensamiento de sus protagonistas (IV)
Diario El Norte
El discurso filosófico-político de Simón Bolívar
El 21 de julio de 1823, en medio del gozo provocado por el triunfo del ejército libertador, el general Simón Bolívar escribió una carta al general Santander, para entonces Presidente de Colombia, en la cual se expresaba en los siguientes términos: “Logramos, por fin, destruir a los pastusos… Yo he dictado medidas terribles contra este infame pueblo…las mujeres mismas son peligrosísimas. Lo peor de todo es que cinco pueblos de los pastusos son igualmente enemigos y algunos de los de Patía también lo son…” (Gangotena y Jijón, 1923, p.63).
Éstas son, a no dudarlo, expresiones racistas y patriarcales propias de la aristocracia terrateniente y esclavista, en cuyo seno Bolívar se formó. Reconocer este rasgo de la personalidad del Libertador no es otra cosa que situar su figura en el marco de coordenadas históricas muy precisas, que las tendencias forjadoras de mitos se empeñan en ocultar, como si su reconocimiento repudiara los méritos de Bolívar.
De todas maneras, estas formas discursivas que acompañaron muchas acciones de Bolívar, no deben hacernos perder de vista el rol de las ideas progresistas que marcaron su juventud durante sus viajes a Europa y que le indujeron a la formación de un pensamiento liberal con fuerte contenido social.
De acuerdo a sus biógrafos, se instala en París en 1804, cuando apenas cuenta con 21 años de edad. Ciudad cosmopolita, cuna de artistas, científicos y bohemios. Allí frecuentó los círculos sociales de la aristocracia y de la alta burguesía, imbuidas por las ideas de la Ilustración, matizadas por algunos patrones culturales propios del naciente romanticismo que reflejaban el agotamiento del optimismo generado por la Revolución francesa.
Fue precisamente en uno de sus viajes por Europa donde Bolívar conoció al científico naturalista Alexander Von Humboldt, un personaje que jugó un papel muy importante en su vida. En medio de los encuentros cargados de pedantería y de bohemia, las conversaciones derivaron hacia los procesos independentistas desatados en las colonias americanas. Las opiniones de Humboldt estaban enmarcadas en ciertos paradigmas que mostraban el descontento de sectores muy avanzados de la intelectualidad alemana y francesa frente a los fracasos sociales del Revolución francesa y su paradigma, la Razón ilustrada.
El progreso de la Razón se agotó en la construcción de las vías férreas y las minas de carbón de Alsacia y Lorena, sin que jamás llegara a los obreros que morían de inanición. La Razón estaba en crisis, según los románticos, porque sus cultores abandonaron lo que constituye la esencia del Universo: la Naturaleza, la vida, el sentimiento, la pasión, y todo lo que de antirracional conllevan estas nociones. Pasión versus Razón. Humboldt no era filósofo y probablemente no tenía mayor relación con los jóvenes contestatarios, mitad nostálgicos del pasado semifeudal y mitad visionarios frente al futuro. Pero participó como el que más de ese nuevo paradigma, la Naturaleza, a cuya investigación dedicó su existencia. Un paradigma que supo imbuir en Simón Bolívar, en el marco del proyecto independentista, del cual el científico fue un ardiente partidario. Tan convencido estaba de dicho proyecto que hasta dudó de Bolívar.
Dudaba de que “las colosales dimensiones de la empresa independentista pudieran ser atendidas por un «jovenzuelo frívolo, inconsciente e inmaduro» como era Bolívar”. (file:///C:/Users/USUARIO/Downloads/Dialnet-HumboldtBolivarYMarx-4792187.pdf). Así lo manifestó abiertamente al Libertador, antes de que éste incursionara en el proceso.
No conozco su reacción inmediata, pero en 1805 lo vemos ya en Roma, en el Monte Sacro ubicado a tres millas del Capitolio, lanzando a los cuatro vientos, junto a su maestro Simón Rodríguez, el juramento de su absoluto y total compromiso con la independencia de la América española. Este episodio es conocido por la historia como El juramento del Monte Sacro.
Dos facetas inocultables del personaje que pocos años después se convertiría en el más grande líder que conociera la América española. Hijo de un hacendado millonario, dueño de esclavos y de haciendas, formado al contacto con ideologías cuyos sesgos eurocentristas marcaron gran parte de su práctica social, no podía esperarse que adoptara y/o construyera patrones ideológicos “nacionalistas y populares” o “revolucionarios”. Este fenómeno explica los rasgos patriarcales, autoritarios, incluso racistas, con que manejó las batallas contra el pueblo de los pastos. Pero, al mismo tiempo, el influjo beneficioso de su maestro Simón Rodríguez, la compasión por el estado deplorable de su gente, y el despertar a nuevas y novedosas cosmovisiones producto de su experiencia y su formación europeas orientaron sus pasos por los caminos de la independencia de su patria, aun cuando las coordenadas históricas de su tiempo solo le permitieron avizorar un modelo de Estado que no podía seguir otro cauce que el abierto por el desarrollo del capitalismo metropolitano, un capitalismo que en el caso latinoamericano devino en un capitalismo dependiente.
Así, bajo el liderazgo del Libertador, entre 1811 y 1813 se proclamaron las primeras constituciones liberales de la Nueva Granada, bajo los principios inspiradores de la Revolución francesa, aunque todavía en el marco del fidelismo monárquico. Un hecho que merece destacarse como expresión de lo dicho es su intento de abolir la esclavitud mediante decreto en 1816, aunque la oposición de los terratenientes dueños de esclavos no permitió su ejecución sino 38 años después. (https://www.telesurtv.net/news/Hace-200-anos-Simon-Bolivar-decreto-la-libertad-de-los-esclavos-20160601-0047.html.
El resto lo conocemos de memoria: en 1830 el Ecuador se separa de la Gran Colombia y forma un Estado independiente. Para entonces, todo vestigio del pensamiento monárquico-conservador había desaparecido y en su lugar puede apreciarse el edificio conceptual del liberalismo que, sin despojarse de sus notas elitistas, moldeó el Estado ecuatoriano.
Conclusiones:
A modo de conclusión voy a permitirme dejar enunciados un par de temas, más con el carácter de hipótesis que de certezas
1, Los acontecimientos ocurridos en torno a la Batalla de Ibarra muestran un complejo proceso de construcción discursiva en el que se destacan las ideas monárquico-conservadoras de los realistas, frente a los primeros brotes de las ideas liberales.
- La adhesión de la población pastusa a la causa realista, en abierta contradicción con su origen americano y su pertenencia a los sectores explotados y subordinados, se explica por factores históricos relacionados con el carácter elitista del proyecto emancipador, y la resistencia popular. El antagonismo patriotas-realistas se desplaza hacia el eje aristocracia liberal-campo popular.
- El discurso de Simón Bolívar se tejió con elementos provenientes de su práctica perteneciente a una familia dueña de haciendas y esclavos, y su formación filosófico-política en los círculos progresistas de la Europa inmediatamente posterior a la Revolución francesa, de cuyas ideas se nutrió con mucha prodigalidad.

La frase destacada:
El discurso de Simón Bolívar se tejió con elementos provenientes de su práctica perteneciente a una familia dueña de haciendas y esclavos, y su formación filosófico-política en los círculos progresistas de la Europa inmediatamente posterior a la Revolución francesa, de cuyas ideas se nutrió con mucha prodigalidad.
Sobre el Autor Marcelo Villamarín Carrascal
Doctor en Filosofía, ex docente universitario de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Obras Publicadas: El arte de vivir con sentido (2005), Retos de la Asamblea Constituyente (2006), Socialismo y Revolución Ciudadana (2016), Ideas Filosóficas de Imbabura (2019).