El Yamor, elemento identitario de la cultura Otavaleña

Diario El Norte
Referencias históricas
Los habitantes que vivimos entre el trópico de Cáncer y el trópico de Capricornio estamos bajo el imperio del sol (del Tayta Inti) y en esos mismos espacios existimos como miembros “de la gran cultura del maíz”. Desde tiempos inmemoriales el maíz ha sido y sigue siendo la base del alimento de nuestras gentes y es en estos lares donde se manejó y desarrolló la gramínea hasta llegar a ser lo que hoy por hoy es, como lo conocemos. Las primeras manifestaciones testimoniales de la existencia de la chicha del yamor están registradas a través de los diferentes cronistas de indias como Guamán Poma de Ayala, Cieza de León y otros, quienes señalan la presencia del YAMUR TUCTUI o YAMUR ACA que constituía una bebida ritual para acompañar las mejores viandas que se preparaban para los grandes caciques (las crónicas dicen “para el inca”) y cuyo consumo estaba vedado para el resto de simples mortales. La elaboración de esta bebida estaba a cargo de las Aclla Conas que eran las únicas que conocían los secretos de su ritualidad.
La elaboración
En los testimonios de los cronistas de indias se señala que el yamor se elaboraba con los mejores granos de la cosecha y hoy se lo sigue haciendo manteniendo la rigurosidad de la ritualidad. La chicha se elabora con las siete variedades de maíz: maíz amarillo, maíz blanco, chulpi, morocho, canguil, maíz negro y jora.
El proceso para obtener la jora es largo, difícil y lleno de un hermoso ritualismo. El maíz amarillo se coloca en un sitio adecuado (se lo llama cama) y se lo empieza a regar dos veces al día, una en la mañana y otra por la tardecita y se lo tapa con esteras de totora para que permanezca a obscuras y abrigado, esto se repite por varios días mientras va creciendo la raíz y el ñawi del maíz, es decir comienza a germinar. Cuando el crecimiento se considera el adecuado se procede a mantenerle a obscuras por dos o tres días sin regarlo, período durante el cual la gramínea logra alcanzar cierto dulzor generándose también un calentamiento por la liberación de una gran energía. El último paso es la deshidratación mediante la presencia del calor solar por lo que se requiere la temporada de verano en donde el sol brilla con mayor intensidad.
En grandes recipientes se cocina las harinas durante ocho a diez horas luego de lo cual pasa a reposar en barriles de roble (madera) por uno o dos días hasta que alcance el sabor ideal para su expendio que se lo hace mezclando la chicha con miel de panela. Algún poeta otavaleño definió al yamor como “el vino ocre del maíz”, definición que se ajusta perfectamente a la realidad porque hacer yamor es hacer un vino de maíz. Para poder sacarlo al consumo el yamor tiene que tener un pequeño grado alcohólico que es el que le da el sabor. Si está muy tierno la chicha es una bebida insípida y si ha pasado el grado de madurez la chicha se convierte en una bebida alcohólica. Saber catar el yamor, en el punto exacto, es un proceso que requiere mucha experiencia y habilidad. En verdad es como hacer un vino.
La fiesta
Las manifestaciones culturales de nuestro pueblo, en la mayoría de ocasiones, están vinculadas a aspectos religiosos. Es así que la “fiesta del yamor” en sus inicios era una ritualidad católica asociada a una virgen que “vive” en la gruta del socavón cerca del barrio Monserrat de Otavalo, de cuya localidad es la madrina. En algunas viviendas del barrio, en esas fechas, se brindaba a los visitantes la deliciosa chicha del yamor por lo que se reconoce a los moradores de ese sector como los iniciadores en la tradición.
Jóvenes intelectuales otavaleños, con un amplio criterio futurista lograron popularizar la fiesta del yamor, con una alta dosis de creatividad inventaron diez días de fiesta con una masiva participación ciudadana a través de las instituciones, cooperativas, barrios, clubes y demás fuerzas populares otorgándole a la festividad una dimensión sin precedentes. Allí estuvieron presentes el pregón de fiesta con sus comparsas, carros alegóricos y juegos pirotécnicos; la elección de la Reyna del Yamor, la elección de la Sara Ñusta (la Princesa del Maíz), las verbenas populares en los barrios y en las empresas, el Tantanajushpa Ripashunchic (Vamos todos juntos) un desfile de proyecciones folclóricas con las manifestaciones culturales más representativas de la localidad, el Cashna Huatapac (Hasta el próximo año), la Travesía del Lago San Pablo, entre otros números programados, todo en base a la presencia de la chicha del yamor que viene a constituir uno de los elementos identitarios de Otavalo. Sin pecar de chauvinista, chichas de maíz se encuentra a lo largo y ancho del mundo andino, pero YAMOR solamente en Otavalo. El Yamor es el elemento de comunión del otavaleño ausente y presente con la Allpa Mama. El yamor es el motivo del regreso de los otavaleños radicados en lejanas geografías a buscar el abrazo, el apretón de manos, la palmadita en el hombro de los viejos amigos, de los conocidos y los familiares.
Vale la pena señalar el hecho anecdótico de cómo en Otavalo, la cárcel Municipal se la convirtió en la Peña del Yamor, reconocida por muchos como la mejor Peña de Sudamérica en donde se vivió lo mejor de la música de la época interpretada por los mejores artistas del país y de fuera de él.
Vale la pena rendir un cálido homenaje a todas las mujeres que en esos primeros años iniciaron la comercialización del Yamor y del plato típico otavaleño. Ellas dieron sustento a uno de los elementos más ricos de la región como es nuestra inmensa como auténtica gastronomía. Pidiendo disculpas si cometo algún olvido involuntario señalo a la familia Reinoso y a la familia Guerra en el barrio Monserrat, a Doña Tránsito Guerra, Doña Rosana Guerra, Doña Enma Guerra, Doña Teresa Navarro y a mi madre Zoila Dávila de Velasco como las pioneras de la leyenda del Yamor y mi progenitora como la única mujer que preservó, con su trabajo, la tradición del Yamor. Mi homenaje también a las otras personas que paulatinamente se sumaron a la tarea y que continúan dando vida y prestigio al Yamor como cultura, al Yamor como fiesta y al Yamor como patrimonio de Otavalo.


La frase destacada:
El Yamor es el elemento de comunión del otavaleño ausente y presente con la Allpa Mama. El yamor es el motivo del regreso de los otavaleños radicados en lejanas geografías a buscar el abrazo, el apretón de manos, la palmadita en el hombro de los viejos amigos, de los conocidos y los familiares.
Sobre el Autor Ramiro Velasco Dávila:
Docente a nivel medio y universitario. Gestor cultural. Escribidor de cuentos y relatos.