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Las leyendas: metarealidad

Diario El Norte

Antes de que exista la ciencia, la religión y la filosofía, las sociedades se regulaban por tótems y tabús, por imaginarios y por fobias, por utopías y bestiarios que circunscribían la vida económica, social, moral y política de los pueblos. Toda esta diversa gama de cosmovisiones a su vez se condensaba en fábulas que implícitamente reflejaban la vida de las gentes, las costumbres, las creencias, las relaciones sociales de producción, las hazañas de sus héroes y heroínas… y las infamias de sus villanos. A veces son tan fehacientes y explícitas estas leyendas, que la cultura moderna no ha tenido más remedio que apelar a ellas para saber acerca de la historia.

¿Qué sabríamos de la antigua Grecia si Homero no hubiese capturado las innumerables leyendas de los aedos de su época y condensado en dos libros fabulosos como la Ilíada y La Odisea todas esas historias? Y los orígenes del cristianismo se deben a esas fabulosas historias creadas por la imaginación popular de los pueblos errantes del desierto y que algunos narradores orales las fueron condensando en lo que ya una vez escritas fueron llamado “Viejo Testamento”. Lo mismo ha ocurrido con otras grandes historias como el Mahabarata y el Ramayana, con Los Nibelungos o con el Popol Vhu.

Pero aun después del aparecimiento de la ciencia, los pueblos siguieron creando fábulas y leyendas, como que la objetividad de la historia se limita solo a registrar hechos y personajes pero no expresa la riqueza espiritual de los actores históricos, pues, si bien la historia tiene un epitelio que nuestra lógica puede discernir; tras de esa piel, la gente construye a cada instante epopeyas en la que participan no solo los actores de carne y hueso que habitan los pueblos y ciudades, sino aquellos seres imaginados e imaginarios, duendes, huacaiciques, elfos, brujas, curas sin cabeza, etc.; que forman parte también de la realidad pero que habitan en la tercera dimensión de las palabras.

De ese modo las leyendas son una para-historia de los pueblos, un envés de la realidad visual; su “otra mitad”. Se acude a las leyendas en busca de un metalenguaje que nos permite expresar la totalidad de nuestro ser social: la utilitaria y la estética, la pragmática y la mística; algo que nos permita exorcizarnos colectivamente de los demonios seculares que forman parte esencial de nuestra ontología social. Además, la leyenda es una ejercitación colectiva de la literatura, la oral. Si el ser humano es el ser “creador” por naturaleza, tanto que ha sido capaz de crear tantos dioses que a su vez “le crearon” a él; la literatura hablada es una construcción comunitaria de la gran fábula humana que se reproduce y recrea en cada lugar con sus elementos sociales y naturales específicos y pertinentes.

Pero la leyenda no solo puede ser dicha a través de la palabra hablada. La literatura escrita ha permitido que leyendas, que de otra manera se hubiesen quedado encapsuladas en su circunscripción oral y local, se conviertan, muchas de ellas, en parte básica de la literatura universal. Hoy, con el desarrollo de las artes visuales, la difusión de las literaturas locales se ha globalizado de tal manera que en la actualidad las distancias culturales se han acortado y nos han permitido conocer muchos mitos que los creíamos endémicos y exclusivos, pero han sido también soñados por pueblos que existen en o existieron en tiempos y en espacios remotos.

La leyenda es la arqueología verbal de un pueblo, si escudriñamos detenidamente su lenguaje, podremos encontrar en sus capas, como en las de la tierra, descripciones fidedignas de las costumbres, relaciones y contradicciones de los pueblos que las crearon. Sus formas de producción, sus creencias, sus dogmas, sus miedos, su desarrollo.

Las leyendas son un para-relato de la vida. Cuentan lo que no vivimos, pero nos habría gustado vivir y lo metamorfoseamos en personajes aparentemente fabulosos, pero que no son sino caricaturas de nuestras virtudes y defectos, de nuestras audacias y cobardías, somos nosotros mismos sublimizados a niveles surrealistas pero que yo más bien prefiero decir de la meta-realidad.

Me viene a la memoria el primer libro de historia que me enseñaron en la escuela, la “Historia del Padre Juan de Velasco” en la que nos habla como si se tratasen de “verdades reales” (pues existen verdades irreales-una cosa es la “verdad” y muy otra la “realidad”) de los zoofitos y otros personajes mitológicos como si de verdad existieran en la realidad objetiva…Pero no… ¡Existen si!, en la subjetiva, esta segunda realidad que también es otra dimensión de la realidad holística, a veces mucho más presente en el albedrío de la gente que la primera como es el caso de las creencias en todas las religiones del mundo.

La leyenda pertenece al mismo ámbito… a la misma tercera o cuarta dimensión de nuestra realidad, tanto que estas leyendas, sean paganas o religiosas son más determinantes en la conducta social de los pueblos que la propia objetividad de la historia. Conozco intelectuales de inteligencia preclara que siguen creyendo que el pueblo de Israel es el origen de la humanidad, o sea que, nuestra especie no tendría ni cinco mil años, cuando existen pruebas irrefutables ya de la presencia del hombre en el planeta desde hace ya más de 150.000 años. Ese es el poder de la imaginación, del lenguaje y de la fábula. Muchas veces se sobrepone a los hechos verificables de la realidad y los suplantan. Tanto que no me extrañaría que ya existan muchos seres humanos que crean a pie juntillas que Remedios la Bella subió en cuerpo y alma al cielo una tarde de lluvia en ese Macondo, que, por ejemplo, para mí sí existe, aunque no exista. Las leyendas son cuestión de fe.

La frase destacada:

Se acude a las leyendas en busca de un metalenguaje que nos permite expresar la totalidad de nuestro ser social: la utilitaria y la estética, la pragmática y la mística; algo que nos permita exorcizarnos colectivamente de los demonios seculares que forman parte esencial de nuestra ontología social.

Sobre el Autor Juan F. Ruales:

Escritor, Sociólogo, Compositor, Profesor de sociología y literatura, Consultor Cultural, Contraparte Proyecto UNESCO-ECU-78, Director de Cultura de varias instituciones, Director Nacional de Educación Rural, Autor de numerosas obras literarias. He obtenido premios y reconocimientos dentro y fuera. Ha creado y dirigido entidades culturales. Articulista de periódicos y revistas en diversos medios del país.

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.