CHARIJAYAC y el libro SOMOS EL COLOR DE LA TIERRA

No podía haberse escogido un nombre más sugestivo para contar la historia de los primeros 40 años de vida artística de los Charijayac porque representa la esencia de los orígenes de los integrantes de la mencionada agrupación.
Tuve el privilegio, que me otorgó la vida, para escribir la historia de parte de la actividad artística de una de las principales agrupaciones musicales de nuestro cantón Otavalo. Me refiero al grupo CHARIJAYAC al cual me une una profunda amistad e inclusive nexos de compadrazgo que han ido fortaleciéndose al pasar del tiempo.
No se puede escribir un libro sobre la vida artística de agrupación alguna sino se conoce a cabalidad los pormenores, los detalles, las circunstancias de la vida de cada uno de ellos. La suerte de haber compartido con todos los integrantes gran parte de sus vidas, hizo posible alcanzar el objetivo planteado.
Allá por los años 80 del siglo pasado, nace en Europa la agrupación musical CHARIJAYAC, específicamente en la ciudad de Barcelona, España. Su nombre que pertenece al idioma kichwa puede tener varios significados de conformidad con la riqueza del mencionado idioma. La traducción oficial sería: chari = tener, y jayac = picante. Es decir, literalmente la traducción literal sería: tener picante, tener sabor, tener salsa, pero los creadores del nombre lo traducen como “CARÁCTER NOBLE” que es la esencia del comportamiento de todos y cada uno de ellos.
Por su condición de mindalaes (comerciantes) y con una visión futurista de la familia Cotacachi Pineda y gracias a los logros alcanzados, realizan la invitación a familiares y amigos a que se sumen a las jornadas dedicadas a la actividad textil, así como a la floreciente actividad económica. Sayri Cotacachi ya reside en la ciudad de Barcelona y luego llegan a esta ciudad Chasqui Tituaña, Quipus Cotacachi, Mayu Quiñónez (boliviano), Raymi Tituaña, Rupay Cachiguango y Yuyay Tituaña quienes aprenden a interpretar diferentes instrumentos musicales. Con el apoyo de otros otavaleños fundan el grupo Charijayac. La evocación de la tierra, la añoranza de la familia y los amigos hacen posible buscar en la música una supuesta cercanía con el paisaje, con la familiaridad y la amistad lejana.
Al igual que otros grupos latinoamericanos, los otavaleños se lanzan a las calles a probar fortuna y su presencia impecable les abre las puertas de las ciudades del Viejo Continente iniciaron una exitosa carrera musical a lo largo y ancho de los países europeos, con irradiación hacia algunos países de nuestra América Morena como son Ecuador, Perú, Colombia y Bolivia por señalar algunos de ellos.
A pesar de que algunos residen fuera del país, la preocupación por la defensa de la cultura kichwa, la de las luchas de los pueblos y nacionalidades del Ecuador, la defensa de la naturaleza (Pacha Mama) serán los referentes permanentes que se reflejan en sus composiciones. Así es como, en su debido tiempo, “Resistiendo los 500”, “Movimiento Indígena”, “Agua Fresca”, “Yasuní”, “Se están quemando las Nubes”, “Tamia”, entre otras, pasan a ser himnos interpretados por todos sus seguidores.
Los aportes del grupo, especialmente en defensa de su identidad marcan los hechos desde un comienzo. Las tres primeras producciones discográficas son financiadas por Luis Cotacachi (Padre de Sayri) y la primera lleva por nombre ACCHA SUNI (Pelo Largo) la composición hace alusión a uno de los principales elementos de su identidad.
Un segundo gran aporte de la agrupación es haber asumido la responsabilidad de cambiarse los nombres del santoral español por nombres que tienen profunda significación kichwa: Sayri (Luis) = Planta Sagrada; Quipus (Humberto) = Contador; Chasqui (Segundo) = Mensajero; Raymi (Humberto) = Fiesta; Rupay (L. Alberto) = Fuego; Mayu (Marco) = Río; Yuyay (Rodrigo) = Recuerdos; Kukavi (Paúl) = Alimento; Arawak (Juan Carlos) = Guardián de la Cascada.
Otro de los principales aportes es la defensa de su propio idioma, pues muchas de sus composiciones están matizadas totalmente con el idioma kichwa, en otras mezclan el castellano y el idioma nativo produciendo una riqueza no solo de carácter musical sino fundamentalmente un empoderamiento de carácter social e identitario.
En la parte melódica su aporte fundamental es la mezcla de diferentes ritmos en una misma composición. En la actualidad se lo conoce como “fusión” que, sin perder la identidad de los ritmos y la armonía, se enriquecen cuando aparecen el reggae, el pop, el rock latino, la rumba, la trova, el tex mex, el huayno, la música nativa norteamericana, junto a los tradicionales ritmos ecuatorianos como el sanjuanito, el inti raymi, el fandango entre otros.
La producción musical del grupo es vastísima: Accha Suni (1984); Cita en el Sol (1985); Cielo Rosa (1987); “Otavalo y” (1989); Se están quemando las Nubes (1992); Made in Ecuador (1995); Movimiento Indígena (2001); Charis@Virtual (2008); La Voz de la Tierra (2011); Vuelve Visionario (2018).
Desde hace mucho tiempo las mujeres han tenido, en la producción de Charijayac, un rol protagónico, especialmente en el canto. Allí estuvieron Sayri Quiñónez, Rosita Cotacachi, Luzmila Cotacachi junto a las melodiosas voces de otras dignas cantantes que colaboraron en los diferentes escenarios y circunstancias. En los últimos años han incorporado al elenco a dos talentosas profesionales de la música: en los teclados Carolina Puruncajas y en las cuerdas a Karen Noboa, con lo cual el grupo logra un equilibrio en lo musical y en la equidad de género.
Los “Charis” siguen construyendo sueños y aspiran, muy pronto, lograr la constitución de la Fundación Charijayac con la cual poder brindar ayuda a personas vulnerables y la segunda aspiración es lograr la formación de la “Escuela de Música Charijayac” para, ojalá, alcanzar la proyección del grupo en el tiempo-espacio.
Al dicho de los integrantes de la agrupación Charijayac tiene todavía para muchos años de vida, de persistencia y de aporte musical y social a las nuevas generaciones. Esperemos que su música perdure por muchos años más para satisfacción de quienes conformamos esta tierra intercultural.
La frase destacada:
Los “Charis” siguen construyendo sueños y aspiran, muy pronto, lograr la constitución de la Fundación Charijayac con la cual poder brindar ayuda a personas vulnerables y la segunda aspiración es lograr la formación de la “Escuela de Música Charijayac” para, ojalá, alcanzar la proyección del grupo en el tiempo-espacio.
Sobre el Autor Ramiro Velasco Dávila:
Docente a nivel medio y universitario. Gestor cultural. Escribidor de cuentos y relatos.
