Consulta popular: la visión del gobernante (I)

Una interpretación de la victoria del NO en la Consulta Popular del 16 de Noviembre de 2025 tiene que ver, entre otros, con los siguientes temas: la visión del mundo que explícita o implícitamente asumieron o defendieron tanto el gobierno de Noboa como el pueblo ecuatoriano, los principios generales admitidos, las actitudes éticas manifestadas, los valores que se derivaban de aquellas éticas en juego. En este artículo vamos a reflexionar sobre la visión que latía y late atrás de la gestión del gobierno de Noboa.
Como muchos han señalado ya, el régimen actual gobierna con una visión pragmatista, utilitarista, eficientista, inmediatista, de mercado, propia del mundo de los negocios. Si hubiese ganado el SI, Noboa no habría tenido empacho en presentarse, él o a través de sus tartufos, como el gran CEO o el Líder que administra el Ecuador como la más eficiente de sus empresas. En esta visión empresarial, Noboa adoptó el tema de la seguridad como el objetivo justificador tanto de su gestión de gobierno como de su movida electoral. ¿Por qué? Porque en su visión sesgada las estructuras del Estado son ineficientes y costosas y él, en vez de verlas como útiles para gobernar y enfrentar la inseguridad, las ve como impedimentos u obstáculos. Para Noboa, el país es un lugar hostil donde el orden solo es posible mediante decretos de emergencia y la acción de la fuerza militar y policial que casualmente le parece débil o insuficiente y a la que tiene que “estimular” permanentemente con bonos o prebendas que salen del erario nacional. He ahí la razón para que el Presidente pregone a los cuatro vientos la supuesta necesidad de fuerzas y bases militares extranjeras, para “garantizar” la seguridad de los ecuatorianos.
Para el Señor Noboa, el sistema político en su conjunto está huérfano y enfermo, de allí su idea obsesiva de ampararse en la “ayuda” o “colaboración” de gobiernos extranjeros, de fuerzas militares extranjeras, de Bancos prestamistas extranjeros (como el FMI). Lo extranjero es la tabla de salvación para Noboa. ¿Por qué? Por su desconocimiento de la realidad nacional y la falta de identidad con su propio país. ¿Y cómo compensa esas carencias? Con la propaganda en Facebook de inversiones digitales que sacarán de la pobreza a los ecuatorianos en una semana, o con la inadecuada idea de que él es un “mal enemigo” o un “enemigo fuerte” al que, por estar rodeado de fuerzas militares, todos deberíamos obedecer sin chistar. Eso le conduce a ver a la clase política como un lastre que hay que desaparecerlo quitándole los fondos públicos o disminuyéndolos hasta un mínimo que le permita comprar o someter la conciencia de la mayoría de los políticos.
El gobierno pretende que su manera de ver las cosas “funcione” cual estrategia de comercialización de un producto, sin detenerse a pensar que su visión del mundo no ha nacido de un detenido análisis de la realidad ecuatoriana sino de una construcción ideológica desconectada de las necesidades de las mayorías del país y conectada únicamente con los intereses económicos de su propia familia, de grupos oligárquicos y poderes fácticos cercanos a él. Hasta el mismo principio de “seguridad” está desconectado de los imperativos urgentes y cotidianos de la gente y ha quedado reducido a una idea que no funciona, pues la criminalidad sube cada año en lugar de bajar. Esta idea abstracta de “seguridad” le lleva a Noboa a obsesionarse con la “necesidad” (que en realidad es una conveniencia) de cambiar la Constitución, reducir el Estado, emitir leyes económicas urgentes y siempre sesgadas hacia ambiciones familiares o de grupos, entregar el país a fuerzas militares extranjeras sin importar las derivas territoriales y de soberanía que de ello pueda provenir.
¿Qué actitudes éticas acompañan a esta visión del mundo? De entrada, se adopta el maquiavélico principio de “el fin justifica los medios”. El fin es la seguridad y ese fin abstracto (como hemos visto) genera una serie de políticas negativas que reflejan un talante ético quemimportista y desconectado del sufrimiento de la gente como lo demuestra la falta de medicinas en los hospitales, la educación de pésima calidad e inaccesible para miles de jóvenes, la infraestructura nacional deteriorada u obsoleta, la imprevisión, la falta de solidaridad y de compasión con los más pobres o los que más sufren, la demora e inoperancia en afrontar las necesidades urgentes… El gobierno “cree” que ceder el territorio y la independencia nacional, que disminuir los presupuestos de las áreas sociales, que estar al día con los pagos de la deuda externa, que perseguir judicialmente a sus “enemigos”, que sembrar odio, son los actos éticos y políticos que le corresponden, olvidándose de enfrentar y solucionar los complejos problemas vinculados al bienestar de los ciudadanos. El gobierno “piensa” que la paz, el orden, el progreso, la tranquilidad, dependen de llevarse bien con Estados Unidos o con Israel, mas no de una gestión gubernativa que posibilite días mejores para la gente.
El pueblo piensa, Señor Noboa, que lo que debe saber un gobernante no se aprende en Harvard ni en los viajes permanentes al extranjero sino en el contacto diario con las necesidades, aspiraciones y sueños de la gente común, aquella que usted desprecia con su lejanía y modo de ser. La consulta del 16 de noviembre de 2025 marca el fin de la ilusión en el “nuevo país” y el inicio de una vigilancia popular sobre su desempeño como gobernante. Hasta aquí está claro que ha confundido el país con una hacienda, que nos ha dejado a oscuras y que no encara el problema eléctrico con limpieza, que gobierna para grupos específicos y no para el pueblo, que no combate la inseguridad como debe hacerlo porque la usa para generar miedo en la gente y aprovecharse de ello en/para sus fines políticos. Hasta aquí está claro que la salud, educación, vivienda, infraestructura de salubridad o de vialidad, son campos que a usted no le interesan porque no son redituables… El cartón se mojó, Señor Presidente, y detrás de su imagen solo queda la desilusión, la decepción, el miedo y la convicción de que usted reproduce las mismas viejas prédicas y prácticas de la política insensible y excluyente.
La frase destacada:
El pueblo piensa, Señor Noboa, que lo que debe saber un gobernante no se aprende en Harvard ni en los viajes permanentes al extranjero sino en el contacto diario con las necesidades, aspiraciones y sueños de la gente común, aquella que usted desprecia con su lejanía y modo de ser.
Sobre el autor Samuel Guerra Bravo:
Investigador independiente. Ha sido profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica del Ecuador – Quito (PUCE). Autor de libros y artículos de su especialidad.
