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El silencio de la Academia (I)

¿Desde cuándo la Universidad dejó de ser conciencia social del país? Ciertamente en la sociedad existen pocas entidades que no pueden guardar silencio ante las atrocidades que ocurren en una nación y el mundo. Desde luego, poco se puede esperar de organismos estatales, movimientos sociales y políticos o de gobiernos seccionales; pero, resulta inconcebible que la materia gris de la sociedad permanezca impasible, silente ante los ominosos hechos que afectan gravemente a pueblos, naciones y al mundo.

Se necesitaría muchas páginas para presentar pruebas de esta omisión que vuelve a las instituciones de educación superior cómplices de múltiples atentados contra la humanidad y el planeta. Solo a modo de ejemplo, he aquí algunas evidencias que prueban esta grave imputación:

No conocemos análisis y cuestionamientos de la Academia frente a los últimos acuerdos, decretos y leyes que violan derechos elementales de ciudadanos y trabajadores, la soberanía, la salud, la educación, la naturaleza. Con seguridad sus miembros advierten nefastos efectos de estos edictos para miles de trabajadores que quedarán cesados y despedidos de sus puestos de trabajo. Muchos de ellos, egresados de entidades universitarias. Silencio sepulcral que, de modo implícito, apoya los edictos de una dictadura solapada.

¿No es que el Alma Máter se precia de ser guardiana y defensora de la democracia y de los derechos del pueblo? ¿Cuál ha sido la reflexión de la Academia sobre las causas profundas y las consecuencias del flagelo del narcotráfico en nuestro país? Poco o nada han dicho sobre los principales responsables como son los consumidores nórdicos y la solución de las cíclicas crisis bancarias del capitalismo. No hemos visto, ni escuchado declaraciones que denuncien corrupción de la justicia, cooptada por el poder oligárquico. Seguramente, el espíritu de cuerpo les impide pronunciarse, dado que gran número de jueces, fiscales y magistrados son egresados de nuestras universidades.

Asimismo, hemos buscado por lo menos alguna condena al asesinato de los Niños de la Malvinas y el elevado número de desapariciones forzadas, denunciadas por los organismos de los Derechos Humanos y Naciones Unidas. Seguramente, hay temor ante las amenazas gubernamentales y de las milicias parasitarias. No nos hemos enterado de manifiestos, declaraciones, ensayos o artículos que censuren los genocidios en Gaza, Irán y otros lugares del planeta. A lo mejor piensan que estos estremecedores hechos ocurren muy lejos, por lo que no hay motivo para preocuparse.

¿Dónde quedó la conciencia humanitaria de la Academia nacional y mundial que debería ser su mayor atributo? El mismo sentimiento debería aflorar ante el criminal acoso que sufre desde hace varias décadas, nuestra hermana República de Cuba. Como es conocido, su único pecado es haber instalado en su territorio un modelo alternativo a la barbarie capitalista. Dada nuestra herencia latina, lo menos que se podría esperar es expresar las veces que sean necesarias, la solidaridad más profunda con un país que vive con ideales de justicia social, soberanía, auténtica democracia, fraternidad. No debe olvidarse que estos principios guían las misiones universitarias de cualquier parte del mundo. En efecto, su silencio ha dado luz verde al bloqueo criminal de la Isla, sufrimiento que nadie querría para ninguna de las naciones del continente. Bien vale inquirir a las Academias del país, ¿cuáles han sido las razones para no expresar, por lo menos, los sentimientos de solidaridad?

¿Alguien conoce la opinión de la Academia ante la avanzada imperialista que pretende convertir a nuestras Repúblicas en neocolonias? Nada dicen sobre las instalaciones de agencias de guerra y hasta una oficina del FBI en el país. Toda una afrenta a la soberanía nacional, que apenas sí merece el repudio de algunos académicos. Tampoco se conoce alguna protesta contra el aprendiz de emperador que nos trata como simples vasallos. Según reportes, se anticipan agresiones a los territorios indígenas de la Amazonía, por el ansia extractivista de las multinacionales. ¿Cuál ha sido la voz de alerta de los universitarios y cuáles sus propuestas para constituirse en los defensores activos de estas acometidas?

¿Qué dijo la Academia acerca del último alzamiento de la CONAIE? No constatamos apoyo abierto y frontal, ni tampoco condena a la represión Estatal. Seguramente piensan que la Torre de Marfil en la que viven sus miembros, les impide una relación fluida con etnias que no encajan en el importado mundo burgués. ¿Ha superado la universidad las taras racistas y clasistas? Si la respuesta es negativa, entonces simpatizan con la ideología supremacista del Norte.

Uno de los problemas que ha crecido en los últimos lustros es la precariedad laboral de los titulados de la educación superior. Las evidencias muestran que varias profesiones tienen serias dificultades para encontrar trabajo, e inclusive para el libre ejercicio. La situación se complica con el advenimiento agresivo de la Inteligencia Artificial (IA), la cual provoca que varias especialidades sean ejecutadas por robots y programas algorítmicos. Sin embargo, casi no existen estudios de la Academia ecuatoriana sobre esta problemática; mucho peor, que impugnen las causas estructurales del desempleo profesional. Los centros siguen impertérritos en la graduación de jóvenes para la desocupación. Ante el grave dilema, suelen repetir la ubicua fórmula neoliberal: “Háganse emprendedores”.

No obstante, los asombrosos adelantos de la IA, que provocarán severas afectaciones a la existencia misma de la universidad, muy pocos análisis críticos se observan en sus eventuales publicaciones. Mucho menos, el planteamiento de alternativas que eviten el tecnocolonialismo. Seguramente dirán que nuestros técnicos poco o nada pueden hacer frente a lo que dispongan los magnates del Silicon Valley.

Imaginemos el titular de un manifiesto universitario con el epígrafe: “La comunidad universitaria ante los ofensivos términos del presidente Trump”. El texto abordaría los insultos contra los países de América Latina y su lengua, al decir que nunca aprendería este “maldito idioma español”. Al enterarse de este agravio, todos los académicos repudiarían tal oprobio. Pero como hemos llegado a tal nivel de subordinación, no causa indignación alguna. La postura que se exhibe más bien es la de venerar y exaltar el idioma inglés; todos los estudiantes de educación superior tienen como obligación aprender esta lengua. La sumisión se ratifica por los miles de becas ofrecidas para aprender el idioma, perteneciente al país de origen del presidente de turno. No obstante que la revolución tecnológica nos ofrece la traducción, de cualquier idioma, en tiempo real, resulta inoficioso algún esfuerzo, a menos que se quiera promover funciones cognitivas. Ante la hipotética demanda de alguna universidad, con seguridad los demás centros advertirán que ninguna inquietud pondrá en peligro la potestad del amo planetario. Tal vez sea cierto, pero al menos alguien defiende la dignidad nacional.

La frase destacada:

¿Qué dijo la Academia acerca del último alzamiento de la CONAIE? No constatamos apoyo abierto y frontal, ni tampoco condena a la represión Estatal. Seguramente piensan que la Torre de Marfil en la que viven sus miembros, les impide una relación fluida con etnias que no encajan en el importado mundo burgués.

Sobre el Autor Jorge Villarroel Idrovo:

Lcdo. en Psicología Educativa, Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa, Ex Rector de la Universidad Técnica del Norte, Ex Rector del Colegio Nacional “Ibarra”, Docente Investigador, Autor de libros, artículos científicos, Ponente en eventos académicos de Ecuador y en varios países de América Latina.

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.