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La legitimidad de la opinión ajena

La deslegitimación del pensamiento ajeno, es una práctica muy regular en el escenario sociopolítico. Este fenómeno multidimensional que busca restar validez, autoridad o moralidad a las ideas contrarias para imponer una narrativa dominante, se manifiesta a través de diversos mecanismos discursivos institucionales o sociales, casi siempre, con el afán de convertir al oponente en un “otro” inferior, ignorante y peligroso.

Se trata de un fenómeno suficientemente documentado por analistas políticos y psicólogos sociales que estudian sus contenidos bajo conceptos como la polarización afectiva y el sesgo de confirmación. El primer concepto no es sino la aversión, desconfianza y desprecio al grupo político rival y el ensalzamiento al propio; más que discrepar en ideas, implica hostilidad emocional transformando al adversario en “enemigo” que se percibe como una amenaza; mientras el concepto de sesgo de confirmación, no es otra cosa que la tendencia a buscar, interpretar y recordar información que respalda las creencias preexistentes, ignorando o minimizando la evidencia contradictoria. Se trata de un “truco mental” que prioriza la comodidad cognitiva, sobre la verdad objetiva, reforzando ideas propias y generando puntos ciegos.

Este tipo de manifestaciones conductuales, suelen exteriorizarse con signos de agresividad, impulsividad, hiperactividad, competitividad, mentiras y otros patrones derivados de la esfera emocional y dan cuenta de desajustes adaptatitivos o del propio desarrollo individual. Personas inmersas en actividades académicas, sociales, culturales, suelen incluirse en esta categoría, obedeciendo a la supuesta supremacía de su pensamiento sobre el de los demás; pero, sin duda, son mucho más visibles en aquellas que, con mucha frecuencia, se dejan ver en el escenario político.

Es precisamente en este ámbito, en el que se percibe tal nivel de deslegitimación, a tal punto que, pareciera que el objetivo ya no es convencer al otro, sino anularlo, llevando a la política del territorio de la discusión de temas esenciales a una confrontación tribal en la que las ideas ya no son propuestas para ser debatidas, sino «insignias» de pertenencia a un grupo. Si alguien cuestiona una idea de un determinado «bando», no lo siente como una crítica intelectual, sino como un ataque personal o una amenaza a su comunidad, lo que activa mecanismos de defensa que llevan a deslegitimar al interlocutor en lugar de refutar sus argumentos.

En el entramado del conflicto, las redes sociales y sus algoritmos exacerban la situación, por el hecho que, solo se escucha lo que refuerza las creencias previas de algún actor político. Si alguien se expone a una idea discordante, se genera disonancia cognitiva; por lo que, para aliviar esa incomodidad, es más fácil pensar que el otro «está pagado», «es ignorante» o «es malvado», que aceptar que su marco de acción tiene propuestas válidas.

En la política como en el juego de “suma cero”, la ganancia de uno equivale exactamente a la pérdida del otro; de ahí que, en entornos caracterizados por la incertidumbre, se percibe que si el otro gana un centímetro de razón el contendor pierde todo el terreno, la política se vuelve defensiva y se elimina la posibilidad de consenso. No obstante, aun siendo así la realidad, con un poco de matiz esperanzador, aunque en las cúpulas políticas y en el ruido de las redes sociales predomina la intransigencia, en los espacios de construcción técnica, académica, y en la sociedad civil organizada, todavía existen esfuerzos por recuperar el diálogo deliberativo.

La tragedia de la política actual no es que la gente tenga opiniones distintas, sino que ha perdido la capacidad de reconocer la legitimidad de la existencia de una opinión distinta. La deslegitimación del pensamiento ajeno es la antítesis del pensamiento crítico, necesario para discriminar los elementos que se amalgaman en una de las crisis más profundas de los tiempos actuales: la erosión de la estructura social.  Cuando la polarización afectiva y el sesgo de confirmación dejan de ser meros términos académicos y pasan a dictar la conducta humana, las consecuencias dejan de ser políticas para volverse estructurales y civilizatorias.

Desde una mirada crítica, entre las consecuencias sociales más alarmantes de la polarización afectiva y del sesgo de confirmación, aquella que está transformando las formas de interactuar tiene que ver con el desafortunado tránsito del debate a una especie de “guerra de trincheras” cuyo efecto inmediato es la parálisis resolutiva, al priorizar el enfrentamiento personal sobre la postura crítica, la sociedad pierde su capacidad de negociar porque se descartan soluciones viables, por el solo hecho de provenir del “lado equivocado”.

Esta dinámica está creando un vacío de soluciones reales, reemplazándolas por un espectáculo de indignación permanente que no construye, mas bien amplía la brecha de confrontación que, a su vez, deteriora la frágil base compartida de hechos, sin la cual resulta muy difícil la vigencia de un contrato social. La interacción humana deja de ser una oportunidad de aprendizaje y pasa a convertirse en un riesgo de conflicto, con amplias posibilidades de que las comunidades se cierren en torno a sus únicos sistemas de ideas, despreciando a los otros.

Huelga decir que hechos de esta naturaleza son muy comunes en la cultura local, regional y global. Debido a ello, se están comenzando a gestionar proyectos que ayuden a reconstituir el tejido social y político, apostando fundamentalmente a la educación como fuente confiable de iniciativas orientadoras de ideales comunes desde el reconocimiento del “otro” como sujeto humano con formas diferentes de pensar y sentir, sin atavismos y contemplaciones a posturas de personas que creen saberlo todo; la reconstrucción del tejido social en medio de la diferencia es un imperativo social al que debemos continuar abonando por el bien de todos.

Se cree que esta visión es, en esencia, un acto de resistencia intelectual y ética. Abogar por una reconstrucción del tejido social que no pase por el filtro del poder político tradicional, sino por la recalibración de los vínculos humanos reconociendo la “otredad” sin superioridad intelectual y arrogancia epistémica.

La frase destacada:

Desde una mirada crítica, entre las consecuencias sociales más alarmantes de la polarización afectiva y del sesgo de confirmación, aquella que está transformando las formas de interactuar tiene que ver con el desafortunado tránsito del debate a una especie de “guerra de trincheras” cuyo efecto inmediato es la parálisis resolutiva, al priorizar el enfrentamiento personal sobre la postura crítica, la sociedad pierde su capacidad de negociar porque se descartan soluciones viables, por el solo hecho de provenir del “lado equivocado”.

Sobre el Autor Mario Montenegro Jiménez:

PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.