La tragedia actual del alma mestiza (I)
De entre los múltiples aspectos vinculados a los hechos del último paro, que las ciencias sociales deberán examinar, sobresalen dos contradicciones que afloraron en el alma mestiza y que merecen una reflexión: a) el afán de diferenciación de los mestizos gobernantes con respecto a los indígenas, lo cual revela prejuicios sociales y posicionamientos políticos que deberían estar lejos de un gobierno que se preocupe del bienestar de la gente en lugar de sus intereses oligárquicos; b) el débil apoyo de los mestizos ecuatorianos, que somos todos, al paro llevado adelante por los indígenas (sobre todo por los heroicos pueblos indígenas de Imbabura), a pesar de que éstos luchan no solo por sus derechos sino por los de todos los ecuatorianos.
Cada día escuchábamos a los mestizos que ahora gobiernan dirigirse a los indígenas con frases como: “son apenas el dos por ciento de la población ecuatoriana”, “no me representan”, “no dejan trabajar”, “debe suprimirse la justicia indígena”, “que se vayan a los cerros” … Estas frases revelan, además de una suprema ignorancia y estupidez, una tragedia irresuelta en el alma mestiza. Vamos a referirnos en este artículo solo a lo que ocurre en el alma (mente, espíritu, razón, visión del mundo, compromiso con la vida…) de los mestizos, puesto que lo que ocurre en la mente de los indígenas que luchan por derechos y dignidad (no solo para ellos sino para todos, incluidos los mismos mestizos que les agreden, les persiguen y los matan), está absolutamente claro.
¿Qué ocurre, qué está ocurriendo ahora mismo en el alma de los mestizos, en la tuya, en la mía, en la de todos los ecuatorianos? ¿No se supone que hemos tenido el tiempo histórico suficiente para construir una identidad individual y social que asuma y supere aquella violenta fusión originaria entre indígenas americanos y conquistadores españoles, ocurrida hace más de cuatro siglos?
Mal que nos pese, todos los latinoamericanos y ecuatorianos estamos constituidos por elementos indígenas y elementos hispánicos. Aquí no hay razas puras (como no las hay en todo el planeta pues todas las razas fueron siempre el resultado de mestizajes violentos o pacíficos). Y quien piense que él no es el resultado de una mezcla, una fusión, una combinación, un sincretismo, una simbiosis, un eclecticismo, una invasión, una violación originaria, un abuso, una deshonra, un robo, un saqueo, un despojo, una devastación, una imposición cultural y religiosa, etc., es que no tiene ni idea de quién es, ni de dónde proviene. Todos los mestizos hemos heredado la condición de “hijos de la chingada” (como lo definieron los mexicanos) o de auténticos h. de p. (como lo definimos los ecuatorianos) que, en lugar de convertir tal condición en marca de vergüenza y denigración, deberíamos convertirla en punto de partida para nuestra re-generación, autovaloración y desarrollo.
¿Es que no nos hemos visto en el espejo? ¿De dónde, salvo de nuestra esquizofrenia interior, sacamos esas maneras denigrativas de expresarnos con respecto a nuestros hermanos indígenas, afrodescendientes o de las clases bajas? ¿Desde qué supuesta superioridad, legitimidad o autoridad hablamos cuando decimos que los indígenas no nos representan en la lucha contra un gobierno autoritario, soez y atrabiliario que empobrece cada día al pueblo ecuatoriano, que niega o esquilma derechos, que roba descaradamente su bienestar y dignidad? ¿Qué tragedia interior, qué grave esquizofrenia revelamos los mestizos cuando sacamos a luz contra nuestros propios compatriotas maneras de entender y de hablar ofensivas, infamantes, racistas, segregacionistas, xenofóbicas, regionalistas?
Se supone que las ciencias sociales han abordado el problema del mestizaje y que han elaborado teorías que explicarían las características definitorias de lo mestizo. “El mestizaje, dice la Inteligencia Artificial (IA), es el proceso histórico, social y cultural de mezcla entre grupos humanos de diferentes orígenes étnicos, culturales y raciales, que da lugar a nuevas identidades, prácticas y formas de vida. En el contexto latinoamericano, el término se refiere principalmente a la fusión entre pueblos indígenas, europeos (principalmente españoles y portugueses) y africanos durante y después de la colonización”.
El mestizaje es ciertamente un problema complejo que ha sido interpretado de diversas maneras en distintos contextos históricos, sociales y culturales. En México y Perú, por ejemplo, se pensó el mestizaje como una ideología nacionalista e integradora que buscaba superar las divisiones raciales y étnicas exaltando la mezcla entre lo indígena y lo europeo como base de la identidad nacional (IA). Pero los cuestionamientos surgieron a la par: se criticó aquella visión del mestizaje como una estrategia de blanqueamiento y colonialidad del poder que, al invisibilizar las desigualdades estructurales y las violencias coloniales, ha servido para diluir las identidades indígenas, subordinándolas a la lógica del poder (IA).
Pero también hay visiones que han reivindicado el mestizaje como una realidad vivida, compleja y contradictoria, pues muchas personas o grupos que viven en tensión entre múltiples herencias culturales, pueden convertir esa tensión en fuente de creatividad, resistencia y reconfiguración identitaria (IA). Algunos filósofos, por otra parte, han reflexionado sobre el mestizaje como una categoría histórica y filosófica que permite pensar una identidad latinoamericana propia, aunque con tensiones internas (IA). Actualmente, se busca articular el mestizaje con las llamadas “Epistemologías del Sur” (saberes o formas de conocimiento indígenas, afrodescendientes, y de los sectores populares) sin caer en la homogenización (IA).
La frase destacada:
Mal que nos pese, todos los latinoamericanos y ecuatorianos estamos constituidos por elementos indígenas y elementos hispánicos. Aquí no hay razas puras (como no las hay en todo el planeta pues todas las razas fueron siempre el resultado de mestizajes violentos o pacíficos). Y quien piense que él no es el resultado de una mezcla, una fusión, una combinación, un sincretismo, una simbiosis, un eclecticismo, una invasión, una violación originaria, un abuso, una deshonra, un robo, un saqueo, un despojo, una devastación, una imposición cultural y religiosa, etc., es que no tiene ni idea de quién es, ni de dónde proviene.
Sobre el autor Samuel Guerra Bravo:
Investigador independiente. Ha sido profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica del Ecuador – Quito (PUCE). Autor de libros y artículos de su especialidad.