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La utopía de la sociedad del conocimiento

Diario El Norte

Al más afamado filósofo de la administración, profesor de negocios, consultor y tratadista austríaco Peter Druker, se le atribuye el acuñamiento del término “sociedad del conocimiento” que fue utilizado para destacar la relevancia del saber como factor económico de primer orden. Fue él quien introdujo el conocimiento en la ecuación económica con el afán de mercantilizarlo, dejando claro que el conocimiento es esencial para generar riqueza, incrementar la productividad y nutrir el contexto de la teoría económica liberal.

Los presupuestos principales de la sociedad del conocimiento proveniente del ámbito económico, poco a poco, se han desplazado a otros ámbitos, dando lugar a un espacio común en el que actores de diferentes sistemas comienzan a diseñar la nueva utopía, el futuro deseable, posible de ser construido en épocas de globalización con el apoyo del desarrollo tecnológico, para forjar nuevas esperanzas y expectativas colectivas positivas en tiempos complejos en los que impera el pesimismo y desesperación de la gente. El potencial utópico de la idea de la sociedad del conocimiento, radica precisamente en el discurso creíble en el que se fundamenta el modelo para encontrar soluciones a los efectos de la economía y por ende al bienestar material de las personas.

Nuevas formas de generar, gestionar, difundir y aplicar un factor intangible como el conocimiento, han convertido a éste en el principal eje sobre el que giran los procesos productivos y el andamiaje de la variedad de servicios que, día tras día, ganan en eficiencia y calidad. No obstante, es preciso observar que, si no se adoptan controles adecuados, el uso intensivo de tecnologías y el permanente incremento de la eficiencia productiva, aliados del modelo optimista y esperanzador de la sociedad del conocimiento, pueden generarse deseliquilibrios en los sectores que están fuera de los círculos generadores de riqueza.

En realidad, la concepción de sociedad del conocimiento es un planteamiento que se incorpora como el factor de producción a la triada: tierra, trabajo y capital del clásico sistema capitalista de libre mercado. Esta claro que, el conocimiento es determinante en el esquema económico vigente; los saberes que se han logrado acumular para darle funcionalidad al sistema capitalista, hacen de él un modelo que, ha dado en llamarse capitalismo mundial integrado, regente de los sistemas de producción, de los mecanismos de expresión económica y los principios axiológicos paralelos que regularmente se difunden en la órbita del capital.

Más allá de la visión amplia y colectiva de la sociedad del conocimiento, la incidencia que este nuevo contexto tiene en los individuos es bastante preocupante. La estructura discursiva en torno al conocimiento y sus ventajas en el mundo del capital, incluye nuevas herramientas para manipular y acceder a la información y; hacen suponer que los individuos tenemos mejores posibilidades de estar bien informados, de configurar criterios propios, de generar opiniones, hacernos independientes y capaces de comprender el mundo que nos rodea; éstas y otras connotaciones utópicas abarca la concepción de sociedad del conocimiento. Desde una visión más generalizada, se dice que este tipo de sociedad es la que se necesita para competir y tener éxito en en las complejas realidades económicas y políticas de hoy; además que ésta promueve “la libertad de expresión, el acceso universal a la información y el conocimiento, el respeto a la diversidad cultural y lingüística y, una educación de calidad para todos” (UNESCO. 2005), por lo tanto, es viable en las actuales circunstancias, para impulsar el progreso y la apropiación de los nuevos saberes disponibles alrededor del mundo.

Aun cuando la incidencia de la sociedad del conocimiento en los individuos es indudable, las ideas utópicas implícitas en la concepción mercantilizada del conocimiento se desplazan desde los individuos hacia los colectivos. El saber productivo se encuentra distribuido en grandes sistemas, lo que significa que hay más conocimiento en las organizaciones y menos conocimiento en los individuos, más información en grandes bases de datos y redes interconectadas a lo largo del mundo, pero menos conocimientos en las mentes de las personas. Estamos inmersos entonces en crecientes interrelaciones que generan la globalización e internet a través de las cuales circulan torrentes de información muy superiores a las capacidades idividuales de procesamiento. A pesar que, ahora mismo, existen importantes dispositivos que favorecen la adquisición de conocimientos, los límites humanos impiden seguir la progresión geométrica de los conocimientos; dada la creciente desproporción entre la capacidad colectiva para crear saber y la capacidad individual de asimilarlo e integrarlo vitalmente, parece justificado e inevitable el advenimiento de la “sociedad de la ignorancia” (Brey), “del desconocimiento” (Innerarity), o “de la incultura” (Mayos).

Desde la perspectiva de Brey (2009) aquella configuración de una sociedad del conocimiento, anclada al poder de la tecnología, en la práctica ha terminado siendo una “sociedad de la ignorancia” en la que interactúan sabios impotentes, expertos productivos encerrados en sus torres de marfil y masas fascinadas y sumidas en la inmediatez compulsiva de un consumismo alienante. Las nuevas formas de comunicación soportadas en una variedad de dispositivos tecnológicos, si bien permiten ser más eficientes en el dominio de la naturaleza, están haciendo de los sujetos humanos seres cada vez más ignorantes y más encerrados en pequeños reductos que disgregan y polarizan a la sociedad. “…La Sociedad de la Ignorancia es, a fin de cuentas, el estado más avanzado de un sistema capitalista que basa la estabilidad de la sociedad en el progreso, entendido básicamente como crecimiento económico, pero que, una vez satisfechas las necesidades básicas, sólo es posible mantener gracias a la existencia de unas masas ahítas, fascinadas y esencialmente ignorantes…”

Por lo tanto, los desafíos que nos hemos impuesto para trabajar a favor de quienes ignoran muchas cosas y se convierten en presas fáciles de los poderes económicos y políticos, continúan siendo la razón esencial por la que, permanentemente, promovemos la reflexión crítica de asuntos cotidianos que precisan cambios importantes en la sociedad.

La frase destacada:

“… los desafíos que nos hemos impuesto para trabajar a favor de quienes ignoran muchas cosas y se convierten en presas fáciles de los poderes económicos y políticos, continúan siendo la razón esencial por la que, permanentemente, promovemos la reflexión crítica de asuntos cotidianos que precisan cambios importantes en la sociedad”.

Sobre el Autor Mario Montenegro Jimémez

PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.