Reflexiones sobre “La Batalla de Ibarra y el discurso emancipador”
Diario El Norte
El 17 de Julio se celebra un aniversario más de la batalla de Ibarra, que tuvo lugar el mismo día y mes de 1823. La historiografía ecuatoriana ha estudiado este episodio y ha reconstruido los hechos dentro de los parámetros usuales en la comprensión de la independencia como superación del dominio español en la Presidencia de Quito.
En meses anteriores, el imbabureño Marcelo Villamarín, en una serie de artículos bajo el título “La batalla de Ibarra y el discurso emancipador”, ha vuelto a investigar este episodio añadiendo a lo ya conocido un análisis de los horizontes ideológicos que acogían los discursos realista e independentista, representados por Agustín Agualongo, líder indígena al servicio del Rey de España, en el primer caso, y por Simón Bolívar, líder de los ejércitos independentistas, en el segundo caso. El estudio de Villamarín permite una comprensión más profunda de las motivaciones últimas, las contradicciones y las “lógicas” que movían a ambos ejércitos.
La independencia era, por supuesto, un bien superior al colonialismo hispánico, pero no todo era un juego bélico o político. Intervinieron otros parámetros que permiten entender ahora por qué Agualongo defendió lo indefendible, y qué impidió a Bolívar ver más allá de las solas variantes políticas o militares. Mis reflexiones son las siguientes:
- Las contradicciones constituyen el dinamismo de la historia en general y de la historia de las ideologías en particular. Aquellas no se agotan en la sola oposición, sino que pueden darse de distinto modo (como incoherencia, absurdo, paradoja, impugnación, etc.) y en distintos sentidos (como lucha por un proyecto socio-económico o como lucha por la vida, por ejemplo), en los agentes de una misma confrontación histórica.
- En los enfrentamientos entre los ejércitos “independentistas” comandados por Bolívar y los ejércitos “realistas” comandados por Agualongo, las contradicciones operaron de modo distinto: la supervivencia y la conservación de la vida (que en realidad no era una verdadera vida, pero era la única que tenían), en el caso de los indígenas y negros “realistas”; y la conquista del poder político (bajo la figura de “independencia”) en el caso del criollismo ilustrado, liderado por Bolívar.
- Las ideologías con las que justificaban su accionar cada uno de los ejércitos eran distintas en el plano teórico, pero ambas tenían una base material de carácter socio-económico: la conservación de “beneficios” que el mercantilismo había desarrollado en favor de los indígenas de Pasto y que garantizaba su supervivencia en medio de una feroz explotación, en el caso de los “realistas”; y la liberación de las trabas monárquicas al libre comercio que “beneficiaba” al criollismo, en el caso de los independentistas.
- Los “realistas” justificaron su guerra con “el sentimiento popular de adhesión y fidelidad al monarca Fernando VII, muy arraigado en la cosmovisión teocrática y conservadora del pueblo americano, como parte de la ideología colonial”. Los independentistas, justificaron su guerra con ideas provenientes del antimaquiavelismo y de la ilustración europea.
- La verdadera razón para la lucha de Agualongo era la supervivencia y la conservación de la vida que el sistema les permitía. La lucha por la supervivencia era una cuestión económica en tanto constituía la defensa de los mínimos recursos materiales facilitados por la Monarquía para su mínima vida. Hay aquí una atroz contradicción que logra que el dominado agradezca y defienda a su dominador (como sucedió también con los huasipungueros contemporáneos). Los “pastusos” vivían el nivel más profundo de la alienación, pero esa mínima vida era lo único que tenían y luchaban a muerte por ello. Los ejércitos independentistas, en cambio, que representaban los intereses socio-económicos de sectores terratenientes y agrocomerciales, luchaban por la toma del poder, por una organización política de carácter republicano (no necesariamente “democrático”), y por un nuevo sentido de libertad, orden y progreso.
- Había una brecha muy honda entre las élites y las clases bajas, lo cual explica, como lo señala el articulista, la poca participación de los sectores populares en las luchas de emancipación. Pero eso mismo explica también la relativa facilidad con la que tales sectores se sumaron luego de 1822 a los logros sociales de la independencia. Aunque la sabiduría popular no dejó de formular conceptualmente este hecho y poner las cosas en su sitio: “último día de despotismo y primero de lo mismo”.
- Así, pues, Agualongo y Bolívar luchan por causas suficientemente justificadas por ideologías claramente definidas, solo que –si tomamos la independencia como valor superior– la lucha del primero era políticamente incorrecta, mientras la del segundo era políticamente correcta. ¿Cuál de estas luchas portaba el sentido de su presente histórico? Ambas, porque en el caso de los indígenas y negros no se podía alcanzar nuevas posibilidades de vida si no se la conservaba; y porque, en el caso de Bolívar y sus ejércitos, tampoco se podía alcanzar nuevas posibilidades de vida si no se superaban las restricciones del sistema español-imperial-mercantilista. De este modo, la razón moderna jugó del mismo y de distinto modo a la vez en cada uno de los bandos: como lucha socio-económica bajo una contradicción existencial (lucha por defender una vida que no era vida) en Agualongo, y como lucha socio-económica bajo una contradicción política (lucha por un sistema republicano que garantice el libre comercio) en Bolívar.
- ¿Cuál de las dos ideologías estaba del lado de la historia? La de Bolívar, indudablemente, a pesar del intelectualismo, elitismo, autoritarismo, racismo, etc., que el articulista señala. La ideología conservadora de Agualongo buscaba conservar la vida dentro del sistema imperial-mercantilista que solo les posibilitaba una vida degradada, santificada por la religión cristiana, pero excluida del ámbito de la razón y de la educación académica. Los sectores populares (mestizos, indígenas, negros, cholos zambaigos, quarterones, etc.,) no se educaban en las escuelas donde se enseñaba la gramática, la filosofía, la teología, etc., se educaban en las escuelas de artes y oficios donde desarrollaban las habilidades manuales necesarias en las labores diarias. Desde este punto de vista, las labores de “pintor al óleo” con el que nuestros historiadores quisieron realzar la figura de Agualongo, no indicaban superioridad alguna con respecto a otras actividades manuales, era simplemente el destino predeterminado por el sistema para el indio Agualongo, así como otras actividades manuales estaban predeterminadas para otros indígenas o mestizos que mostraban capacidades vinculadas a lo sensible (lo cual explica, por ejemplo, el florecimiento del artesanado, la pintura y la “escuela quiteña”).
- El ámbito de la razón, del lógos, era privativo de los chapetones y criollos. Pero cuando el indio Agualongo, expulsado del ámbito de la razón, “piensa” que el conservar la vida merece una guerra, entonces quienes le salen al frente no son las autoridades monárquicas que a pesar del dominio le han garantizado un mínimo de vida, sino aquellos libertarios que vieron en la lucha de Agualongo, no una resistencia existencial (un derecho humano a la vida, diríamos ahora), sino una simple contradicción a su proyecto político. Agualongo y Bolívar y sus respectivos ejércitos fueron víctimas de dos patologías de la razón-moderna-imperial: la de los dominados defendiendo a los dominadores (en el caso de Agualongo), y la de los criollos que solo miraban sus intereses por sobre los del resto del espectro social.
- Como el estudio de la historia debe hacerse desde los intereses de la contemporaneidad, sería bueno sacar conclusiones que podrían iluminar lo que pasa ahora con los grupos indígenas que han logrado resistir y sobrevivir dentro de un capitalismo de explotación y exclusión y que han logrado, por su propio esfuerzo, hacerse de una mínima base económica de sobrevivencia. Una base mínima, de perfiles comunitarios, pero suficiente para hacerles pensar que la lucha que les corresponde en adelante es por la conquista del poder político. Parece necesario que los indígenas consoliden sus bases socio-económicas y construyan una ideología de clase que supere el individualismo burgués y abra posibilidades a un comunitarismo socio-económico, como alternativa al capitalismo depredador.

La frase destacada:
El estudio de Villamarín permite una comprensión más profunda de las motivaciones últimas, las contradicciones y las “lógicas” que movían a ambos ejércitos.
Sobre el Autor Samuel Guerra Bravo:
Investigador independiente. Ha sido profesor de la Escuela de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador – Quito