Petróleo, oro y hegemonía: las razones ocultas detrás de la agresión a Venezuela

Durante los últimos días de 2025, las redes sociales se inundaron de mensajes, análisis y publicidad encubierta sobre una posible intervención militar de Estados Unidos (EE.UU.) en Venezuela. Se reiteraban pretextos como: narcotráfico, que su presidente dirigía el “cartel de los soles”, supuesta protección de grupos terroristas, corrupción, dictadura. El guion era conocido, la narrativa, también.
Movido por la duda revisé cifras oficiales, en 2025 Venezuela registró aproximadamente tres muertes violentas por cada 100.000 habitantes, menos que las 4,1 del año anterior. Ecuador, en contraste, supera las 45 muertes por cada 100.000 habitantes, con picos que alcanzan incluso los 55 crímenes, en una tendencia de violencia que crece año tras año. Tampoco encontré información que implicaba a Venezuela con exportación de cocaína -según organismos internacionales- las cantidades eran mínimas. En cambio, sobre Ecuador se dice que desde sus puertos se exporta el 70 % de toda la cocaína del mundo; lo raro es que no es acusado por EEUU.
La noche del 3 de enero, las redes sociales se llenaron de videos que mostraban, en tiempo real, el bombardeo sobre Caracas, la capital y cuna del Libertador Simón Bolívar. Llamé a mi amiga Isabel que estaba en allí para confirmar si era verdad la información que se difundía. Su respuesta fue demoledora: “Querido amigo, estoy regresando de un restaurante y veo cómo los helicópteros norteamericanos bombardean la ciudad, se pasean libremente por el cielo de Caracas”.
Estados Unidos había movilizado la mayor presencia militar en la región en décadas, con cerca de 15.000 efectivos, entre ellos 10.000 miembros de la fuerza Delta Force, militares preparados para operaciones ultrasecretas. La fuerza naval incluyó 11 buques de guerra, con portaaviones (USS Gerald R. Ford) y buques anfibios como el USS Iwo Jima, que sirvieron como base de apoyo para lo que llamaron “extracción del presidente Maduro”. Reuter publicó que utilizaron cerca de 200 aviones entre ellos 150 helicópteros.
Mientras tanto, el botín estaba listo y predeterminado. Según datos citados por organizaciones internacionales, 745 activos venezolanos -valorados en 3.800 millones de dólares- fueron incautados por Estados Unidos. A ello se suman 31 toneladas de oro retenidas en el Banco de Inglaterra, valoradas en unos 4.000 millones de dólares; 127 toneladas congeladas en Suiza, por más de 5.200 millones de dólares; y 4.900 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro bloqueados en el Fondo Monetario Internacional. No se contabilizan, además, las refinerías, estaciones de servicio y buques petroleros de PDVSA confiscados en territorio estadounidense.
Venezuela tiene las reservas más grandes de petróleo, estimadas hasta el año 2024 en 300.000 millones de barriles. Cuando ningún país del mundo tenga petróleo Venezuela seguirá teniendo este recurso; tiene reservas muy importantes de gas que también están vinculadas a la producción petrolera. Existen reservas muy grandes de oro y de hierro; bauxita (fundamental para la producción de aluminio); posee minas de carbón fundamental para el desarrollo industrial; tiene minas de diamante, etc., por lo que le convierte en el país más codiciado por las potencias mundiales que buscan garantizar sus materias primas para su desarrollo tecnológico e industrial. En tanto que, EE.UU. solo tiene reservas de petróleo para 6 años más, ya que ha utilizado sus existencias debido a los altos precios del petróleo, a los conflictos bélicos existentes y a las sanciones que han impuesto a Rusia, China, Siria, Libia, Iraq, Venezuela, por lo que ha limitado la producción y comercialización de este recurso, al reducir de la oferta e incrementar el precio.
Frente a este escenario, resulta inevitable recordar las palabras de Simón Bolívar en su carta a José Rafael Revenga en la que advertía: “Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros”. En otra de sus reflexiones diplomáticas sentenció: “La América del Norte solo piensa en sí misma”. Dos siglos después, sus palabras resuenan con indiscutible vigencia.
EE.UU. no podría sostener su hegemonía económica y militar sin el agua y la energía de Canadá, sin la mano de obra barata proveniente de México y la migración global, sin el petróleo, gas, hierro, oro, bauxita y otros minerales estratégicos de Venezuela. Mucho menos sin las tierras raras de Groenlandia que son esenciales para la producción de tecnología avanzada como: microchips, inteligencia artificial, sistemas de comunicación y armamento de última generación. Como todo imperio, busca asegurar las materias primas que sostengan su aparato productivo e industria militar.
Venezuela ha sufrido desde 2013 un bloqueo económico severo. Según estimaciones del FMI, su Producto Interno Bruto se contrajo en alrededor del 80%. Sin comercio ni acceso a divisas, el Estado recurrió a la emisión monetaria, desatando una hiperinflación que superó el 100.000 %. Hoy esa etapa ha sido contenida, aunque las secuelas persisten.
La economía venezolana ha encontrado cierto respiro gracias a la dolarización informal y a las remesas enviadas por cerca de ocho millones de migrantes. El bloqueo provocó también el colapso de la producción petrolera, que cayó de 5,5 millones de barriles diarios a apenas 400.000 en 2020; para 2025, la producción se había recuperado parcialmente hasta 1,3 millones de barriles diarios.
Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), la pobreza por ingresos alcanzó el 94,5 % en 2021, con un 81,5% de pobreza extrema. En 2023, esta última se redujo al 76,6 %, impulsada por las remesas y la apertura limitada a capitales chinos y rusos, aunque la pobreza multidimensional aún afecta a cerca del 50 % de la población.
Pese a todo, los informes de la CEPAL mostraban señales que Venezuela había comenzado una etapa recuperación: crecimiento económico del 5% en 2023, 8,5% en 2024 y 5,5% en 2025. En el mismo período, Ecuador registró una contracción del -2 % en 2024 y un crecimiento del 3,2 % en 2025 y sin tener bloqueo ni sanción alguna.
El bloqueo económico y la agresión militar contra Venezuela evidencian, una vez más, la profunda ineficacia del sistema internacional. Naciones Unidas, la OEA y los organismos de cooperación han sido incapaces de garantizar derechos básicos y frenar la violencia entre Estados. Si la integración regional -la CELAC, el MERCOSUR, la CAN- hubiera funcionado de manera real y no solo retórica, esta agresión, económica y militar, quizá no habría sido posible.
La historia juzgará. Pero hoy el silencio, también es una forma de complicidad y cobardía.
La frase destacada:
Según datos citados por organizaciones internacionales, 745 activos venezolanos -valorados en 3.800 millones de dólares- fueron incautados por Estados Unidos. A ello se suman 31 toneladas de oro retenidas en el Banco de Inglaterra, valoradas en unos 4.000 millones de dólares; 127 toneladas congeladas en Suiza, por más de 5.200 millones de dólares; y 4.900 millones de dólares en Derechos Especiales de Giro bloqueados en el Fondo Monetario Internacional. No se contabilizan, además, las refinerías, estaciones de servicio y buques petroleros de PDVSA confiscados en territorio estadounidense.
Sobre el Autor Iván Zambrano Yalamá:
Master en políticas públicas de la FLACSO-Ecuador, especialista de proyectos en el Instituto Tecnológico Superior de Monterey-México, Especialista de proyectos de inversión pública en la CEPAL-Santiago de Chile. Economista de profesión. Profesor de posgrado en varias universidades, ha realizado investigaciones con universidades como FLACSO, Andina “Simón Bolívar”, Universidad Técnica del Norte. Ex director de inversiones públicas en SENPLADES, director de Planificación en la Secretaría de Plan Ecuador, ex Coordinador Regional del MIPRO, ex Coordinador de planificación de la Asamblea Nacional.
