Pido La Palabra

Terrorismo capitalista (II)

Otra agresión de la supremacía imperial es el terrorismo digital. Esta expresión talvez resulte extraña para los lectores, pues los adelantos informáticos apenas si pueden relacionarse con operaciones violentas. No obstante, resulta difícil encontrar otros términos para el empleo adictivo de las innovaciones tecnológicas. Diversos investigadores vienen demostrando que el asiduo empleo de los instrumentos tecnológicos, constituye un factor que afecta a las funciones cognitivas superiores: atención, concentración, razonamiento, pensamiento crítico. (“Esquizofrenia Digital”, Alombert, 2 025).

Los especialistas sostienen que plataformas, dispositivos, redes sociales, juegos digitales atrofian las funciones mentales, sobre todo de los jóvenes, que son adictos a estos artificios. Quizás estos impactos se podrían subestimar al considerarse como consecuencias colaterales del uso frecuente, pero lo que se desconoce es que estas afectaciones son mecanismos, maniobras ideadas por el poder para moldear entes con severas limitaciones intelectuales y sujetos afines al orden hegemónico. Son armas psicológicas que menoscaban la resistencia cognitiva de la población a múltiples embates contra los pueblos. Desde luego, una sociedad adormecida, manipulada, adoctrinada por los artilugios digitales, llegará a mostrarse indiferente, abúlica, frente a la inequidad, la explotación, la violencia.

En efecto, múltiples documentales aseguran que los habitantes del planeta van camino a la estupidez, mediocridad, superficialidad, todo lo cual conviene a las élites que controlan las innovaciones tecnológicas, (“Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?”, Carr, 2 010). Y todos estos perjuicios a la psiquis humana, son catalogados como terrorismo disfrazado, ya que causan la anulación sistemática del pensar crítico de jóvenes, hombres y mujeres, convirtiéndoles en meros siervos de los opresores. Toda una agresión a su dignidad humana. El terrorismo capitalista “mata” las aptitudes que podrían llevarlos a edificar otro mundo. ¿Existe futuro para una humanidad que ha cedido su capacidad de pensar a las máquinas?

 Después de las evidencias de agresión contra los pueblos, ¿cómo debe tildarse a un Estado que ha regado por más de dos siglos, ríos de sangre, destrucción, catástrofes y sufrimiento a media humanidad? No resulta difícil deducir que el término TERRORISTA calza, de manera perfecta al imperio estadounidense. Pero su cinismo es de tal magnitud que se atreve a lanzar esta imputación a quienes tenemos como valores supremos: la vida, la dignidad humana, la justicia social, los derechos humanos, la paz, la defensa de la naturaleza. Si bogamos por estos ideales, ¿cómo osa incriminarnos de terroristas? Si se ven algunas expresiones de esta barbarie en nuestras naciones, se debe a la nefasta influencia de dicha potencia.

 De tal modo que, a socialistas, progresistas, izquierdistas, humanistas, Sumak Kausay, no se los puede acusar de terroristas. Si la utopía siempre ha sido trabajar por el bien de nuestros pueblos y de la humanidad entera, ¿cómo se aventuran a lanzar tal agravio? Los hechos relatados confirman que este baldón debe ser atribuido, de manera exclusiva, al “capitalismo salvaje”, el cual ha hecho de la guerra, la violencia, la muerte, el dolor humano, su identidad y el sostén económico de existencia. En efecto, el principal rubro de la riqueza imperial es su industria armamentista, por lo que se empecina en crear e intervenir en cuánta conflagración exista. Organismos especializados establecen que Estados Unidos destina más de 350 000 millones de dólares anuales en la producción de armamento, con el fin de cubrir sus propias guerras y las de los países dependientes.

 Chul Han (2 022), va más allá al retratar al sistema capitalista, con la expresión. “Pulsión de muerte” (2 022). A lo largo de su obra muestra una serie de evidencias para esta calificación, la más clara es el desaforado crecimiento económico, material, tecnológico, que nos llevará al holocausto planetario. Nadie puede negar que el terrorismo imperial contra la especie humana, la fraternidad, la Madre Tierra, ocasionará la desaparición de la vida en el planeta.

 Entonces, la obcecada acusación de terroristas a todos aquellos que intenten oponerse a su prepotencia y a su desmesurada avaricia; pueden llegar a ser eliminados. Por supuesto, los principales objetivos de este exterminio son los izquierdistas. Queda manifiesta esta pretensión en las declaraciones, sin tapujos, del que se considera emperador del planeta: “El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”. Lo ratifica la creación del programa “Escudo de las Américas” creada por los dueños del continente americano. Tanto que nos costó dejar de ser colonias, para caer en el mismo yugo. Y pensar que varios Gobiernos de la región están prestos a satisfacer las ambiciones de los que pretenden asumir el papel de mandamás de los pueblos del Sur. ¡Hasta este nivel de servilismo han llegado nuestros Gobiernos!

 Así pues, la mejor arma para descalificar a quienes se resistan a estas pretensiones, es tildarlos de comunistas terroristas.

 Sobre el asunto, resulta obligatorio recordar que esta designación surgió allá por los años 50 del siglo pasado, cuando el astuto Senador estadounidense McCarthy inició una verdadera cacería de brujas, al estilo de la inquisición medieval, contra quienes manifestaban alguna afinidad con la ideología marxista. Él y sus seguidores difundieron la idea que el comunismo constituía un peligro para el sistema capitalista. Hoy, se actualiza esa paranoia a nivel mundial. Desde esa época se ha internalizado en el imaginario colectivo la narrativa que dicha tendencia política es sinónimo de esclavitud, atraso, demonio, enemigo del mundo cristiano y otras cansinas muletillas para alarmar a la población. En la actualidad, muy poco ha variado este criterio deformado. A pesar que la mayoría de ciudadanos/as sufre los terribles rigores del modelo capitalista: inequidad, explotación, miseria, violencia, rivalidad, racismo, depredación ambiental continúa creyendo que el capitalismo es apto para una supuesta prosperidad.

 Muchas décadas el capitalismo difundió el sofisma que el socialismo es una amenaza para los pueblos. El enemigo visible fue Rusia, sin embargo, a pesar de los cambios geopolíticos de las últimas décadas, sobre todo por la disminución de la influencia soviética, nunca han olvidado ese fantasma considerándolo como peligro para sus pretensiones hegemónicas. Con este propósito en los sucesivos años se ha valido de las más bajas y lesivas artimañas políticas, económicas, mediáticas, militares, para tratar de convencer a la población global que ellos son el mayor obstáculo de occidente, de su democracia, de una supuesta libertad y prosperidad. En pocas palabras, una enajenada arremetida contra cualquier sistema que se contraponga su modelo deshumanizado.

La frase destacada:

Los especialistas sostienen que plataformas, dispositivos, redes sociales, juegos digitales atrofian las funciones mentales, sobre todo de los jóvenes, que son adictos a estos artificios. Quizás estos impactos se podrían subestimar al considerarse como consecuencias colaterales del uso frecuente, pero lo que se desconoce es que estas afectaciones son mecanismos, maniobras ideadas por el poder para moldear entes con severas limitaciones intelectuales y sujetos afines al orden hegemónico. Son armas psicológicas que menoscaban la resistencia cognitiva de la población a múltiples embates contra los pueblos. Desde luego, una sociedad adormecida, manipulada, adoctrinada por los artilugios digitales, llegará a mostrarse indiferente, abúlica, frente a la inequidad, la explotación, la violencia.

Sobre el Autor Jorge Villarroel Idrovo:

Lcdo. en Psicología Educativa, Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa, Ex Rector de la Universidad Técnica del Norte, Ex Rector del Colegio Nacional “Ibarra”, Docente Investigador, Autor de libros, artículos científicos, Ponente en eventos académicos de Ecuador y en varios países de América Latina.

author-avatar

About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.