Sociedades complejas y política simplista

Diario El Norte
En las sociedades complejas en las que predomina la democracia liberal como forma de gobierno, no ha resultado fácil articular todos los sistemas de manera simultánea en un mismo sentido. La complejidad ha hecho que la sociedad se integre de manera segmentada, mediante procesos selectivos, alejados del “bien común” en un todo social ordenado y coherente. El dinamismo, inestabilidad, la supremacía del capital, la incertidumbre y más características de las sociedades complejas, han incidido de manera severa en la integración, en las formas básicas de sociabilidad necesarias para la convivencia de las personas. Pero, también en este tipo de sociedades, prevalecen muchos problemas como la exclusión social, la desigualdad de género, la marginación de minorías culturales, cambios sociodemográficos importantes, desnutrición infantil y otros.
Al parecer, hasta ahora, no sabemos cómo gestionar la complejidad de la sociedad, continuamos abrumados con lo que ocurre a nuestro alrededor, sin entender aquello que se debe hacer con precisión para cambiar las lamentables realidades que aquejan la vida de los sectores poblacionales más pobres.
Posiblemente esto se deba a que continuamos manejando categorías políticas de, al menos tres siglos atrás, en las que no había movilidad, democracia, soberanía, estatuto de derechos. Esas sociedades han cambiado, han modificado sus estructuras de gobierno, sus mecanismos de interacción, en medio de grandes conflictos sociales que, a su vez, han dado lugar a un aparente pluralismo social y político. De ahí que, es urgente y necesario introducir nuevas ideas que fortalezcan el sistema político, que permitan la transición emergente de la política simplista a formas de intervención política mucho más estructurales, con actores políticos, instituciones políticas y regímenes políticos que permitan superar las limitaciones impuestas por las prácticas políticas en las que la abundancia de expertos en marketing político hace posible que alguien gane una elección, pero no son capaces de generar una seria reflexión sobre qué hacer con el poder, qué hacer con el gobierno.
Regularmente, la gente que llega al poder no sabe que hacer con él, entonces suelen llenar el espacio público con gente que promete, que permanentemente está seduciendo para cosas que no son capaces de realizar, porque son incompetentes y prefieren enfilar sus energías a propósitos no siempre lícitos que hacen que los sistemas se lesionen, que la gente pierda la poca confianza que tiene en la política, las y los políticos y el propio sistema político que provee buenos candidatos y muy pocos buenos gobernantes.
Para llevar a cabo intervenciones sociales adecuadas, el sistema político -en palabras del politólogo francés Maurice Duverger- analiza las instituciones políticas estudia las relaciones entre el régimen político y los demás elementos del sistema social, como los económicos, técnicos, culturales, ideológicos o históricos, entre otros; entonces se debería esperar que los sujetos políticos le den calidad al sistema, que le nutran de experiencias y prácticas que beneficien a todos y no a unos pocos y eso es posible a través del ejercicio diáfano del poder.
Gobernar es intervenir, modificar el curso de las cosas, cuando se gobierna sistemas que no son triviales, sino complejos, gobernar no es proveer dádivas o preparar escenarios para futuras elecciones, tampoco es dar órdenes o subyugar a quienes colaboran con la gestión de un gobierno; gobernar es poner en marcha procesos que hagan innecesarias las tareas de supervisar, encimar, coaccionar, chantajear, minimizar, denigrar. Cambiar el curso de estas prácticas, intervenir para generar transformaciones en los sistemas de ideas, en los valores, en las actitudes de quienes ejercen poder, utilizando la inteligencia distribuida, es el verdadero desafío de los sistemas políticos.
No obstante, es preciso también señalar que gobernar sociedades, instituciones u organizaciones complejas es gobernar sistemas a los que se les debe dotar de capacidades suficientes para que se autogobiernen, para que tengan mecanismos de reflexividad permanente; expertos en el tema como Daniel Innerarity, sostienen que “…el verdadero gobierno es el autogobierno…”. Pensar en nuevas categorías sistémicas y no precisamente en quienes encarnan las acciones políticas y el poder, es una tarea pendiente a la que hay que prestarle mucha atención si se quiere cambiar las prácticas políticas simplistas con las que actualmente nos gobiernan; esto implica promover la intervención de sistemas inteligentes con reglas inteligentes más que personas inteligentes; procedimientos que impidan el excesivo daño, que hagan contrapesos, que marquen límites, que pongan en marcha procesos para incitar, favorecer entornos responsables, apalancados razonablemente en decisiones que no provengan del simplismo político, sino de una comprensión adecuada de la complejidad de las sociedades.
En fin, lo que deberíamos impulsar son procesos políticos dotados de criterios técnicos, fundamentados en conocimientos pertinentes y legitimados democráticamente en ejercicios de libre elección, sin amañamientos ni intimidaciones.


La frase destacada:
“… superar las limitaciones impuestas por las prácticas políticas en las que la abundancia de expertos en marketing político hace posible que alguien gane una elección, pero no son capaces de generar una seria reflexión sobre qué hacer con el poder, qué hacer con el gobierno”.
Sobre el Autor Mario Montenegro Jiménez:
PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.