Consulta popular: la visión del pueblo ecuatoriano (II)

La consulta popular y referéndum del 16 de noviembre de 2025 enfrentó a dos formas distintas de entender el Estado, la seguridad, la política y la misma democracia. En este artículo vamos a reflexionar sobre la visión del mundo, los principios, las actitudes éticas y los valores que guiaron al pueblo ecuatoriano hacia una victoria contundente del NO.
De manera general podemos decir que el pueblo ecuatoriano se acercó masivamente a las urnas con ciertas ideas claras en su cabeza: la defensa de su propia existencia, de sus derechos, de lo logrado a través de su tortuosa historia, de su autonomía y soberanía. El pueblo entendía que lo señalado en las preguntas de la consulta y del referéndum eran aspectos más o menos relevantes que debían ser entendidos bajo un principio general y absoluto: el pueblo es la sede del poder y es él el que decide sobre su existencia, derechos, territorio, soberanía, etc., y no el gobierno. Y punto. La claridad de mente con la que los votantes se acercaban a las urnas se reflejaba en sus actitudes, en su mirada, en su capacidad de entender y en su conciencia de decidir su propio futuro. Cada voto era, a la vez, una expresión de soberanía –por un lado– y una manifestación de desconfianza con el gobierno que él mismo había elegido meses antes –por otro lado–.
Además de su existencia y derechos, el pueblo ecuatoriano estaba consciente de que ésta era su oportunidad de superar las ambigüedades con las que se había movido en elecciones anteriores. Había visto en Noboa una alternativa de estabilidad y progreso, por eso lo eligió presidente, pero éste los había defraudado, los estaba defraudando con una consulta y un referéndum encaminadas a entregar territorio, a reducir derechos, a debilitar aún más la democracia, a reconfigurar la nación en beneficio de ciertos sectores oligárquicos. El pueblo encontró en la consulta una posibilidad de empoderamiento y autoafirmación y la asumió con decisión y valentía.
La pregunta sobre bases extranjeras nos sacó a todos de quicio porque comprendíamos o intuíamos que la identidad territorial y la posibilidad de controlar nuestro propio país se nos iba de las manos. Bajo el argumento de “ayuda” o “colaboración” en la seguridad y en la lucha contra los grupos delictivos y narcotraficantes se pretendía retornarnos a una situación de dependencia colonial y sometimiento indigno a poderes extranjeros. La presencia militar extranjera la veíamos, no como una ayuda, sino como una herida abierta que se sumaba a las ya abiertas por los grupos delincuenciales. Con ello reafirmamos un principio de valor igualmente absoluto: la dignidad nacional está por sobre todo tipo de ayuda o colaboración técnica extranjera.
Con respecto a la disminución del número de asambleístas bajo el pretexto de ahorrar recursos y destinarlos a otras necesidades, la pregunta ocultaba la pretensión de reducir el número de representantes con el fin de garantizar al Ejecutivo un auto-otorgamiento de mayores poderes de los que ya tiene con la actual Constitución. El objetivo gubernamental era reducir el poder y significación de la Asamblea Nacional, pero el pueblo entendió que ésta es indispensable para la vida nacional y que hay que potenciarla y dignificarla, mas no convertirla en un ente político sin poder ni representación. Si hubiera sucedido esto, la Asamblea habría pasado de ser un contrapeso al hiper-presidencialismo a ser un organismo simbólico, servicial al Ejecutivo. Y aunque la Asamblea tiene un bajo nivel de aprobación popular, su desmantelamiento significaba en los hechos una reducción de la democracia y del pluralismo que debe existir en el número de representantes. El pueblo eligió el mal menor con la esperanza, siempre existente, de que la Asamblea supere su estado de postración y se constituya en el verdadero crisol de la democracia ecuatoriana.
La pregunta sobre la elección de una nueva Asamblea Constituyente que elaboraría una nueva Constitución del Estado era la sentencia de muerte del actual Estado Ecuatoriano. Todos sabemos o intuimos o lo sentimos en nuestra vida laboral y cotidiana que en aquella están señaladas definiciones y consignados derechos que se han logrado tras larga lucha de los sectores populares y trabajadores. No es una Constitución perfecta pero es la mejor que ha producido el pueblo ecuatoriano. El engaño de que la Constitución impide la lucha contra la delincuencia organizada, que le servía al gobierno para el doble objetivo de cambiarla y justificar la instalación de bases extranjeras, fue comprendido claramente por el pueblo como una regresión de derechos y una cesión de soberanía. Fue la pregunta que mejor demostró la voluntad soberana del pueblo, con excepción por supuesto de los que venden su alma y su patria al poder extranjero.
El pueblo defendió con el NO ciertos principios que son fundamentales para todo país jurídicamente organizado, entre ellos: el principio de autodeterminación, que obliga al Estado Ecuatoriano a resolver sus propios problemas sin tutela ni injerencia de ninguna potencia extranjera; el principio de soberanía nacional que empodera al pueblo y lo nombra como el actor político fundamental; el principio de pesos y contrapesos, que impide entregarle al presidente “cheques en blanco” que él los habría utilizado en su beneficio; el principio de libertad y responsabilidad popular ante sus propias decisiones, que nos conminó a todos a asumir las consecuencias de tales decisiones…; el principio de integridad territorial, que el gobierno quería rifarlo alegremente bajo la promesa –ya increíble a estas alturas- de seguridad.
El pueblo ecuatoriano mostró notables actitudes éticas y valores en la consulta del 16 de Noviembre: claridad de pensamiento; capacidad de leer las intenciones de un gobierno oligárquico; valentía para afrontar las consecuencias de sus decisiones; discernimiento para distinguir entre verdad y mentira, entre engaño y rectitud, entre coherencia e incoherencia política; sentido de lo constitucional, que permite vivir con la Constitución que tenemos y evitar la refundación tramposa del país; prudencia y cautela, que le llevó a aceptar momentáneamente el país que tenemos antes que entregárselo a la voracidad de los grupos de poder… La victoria del NO fue clara, contundente, significativa: un momento de autoconciencia. Esperemos que sea una luz que en el futuro brille más.
La frase destacada:
“El pueblo ecuatoriano mostró notables actitudes éticas y valores en la consulta del 16 de Noviembre: claridad de pensamiento; capacidad de leer las intenciones de un gobierno oligárquico; valentía para afrontar las consecuencias de sus decisiones; discernimiento para distinguir entre verdad y mentira, entre engaño y rectitud, entre coherencia e incoherencia política; sentido de lo constitucional, que permite vivir con la Constitución que tenemos y evitar la refundación tramposa del país; prudencia y cautela, que le llevó a aceptar momentáneamente el país que tenemos antes que entregárselo a la voracidad de los grupos de poder…”
Sobre el autor Samuel Guerra Bravo:
Investigador independiente. Ha sido profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica del Ecuador – Quito (PUCE). Autor de libros y artículos de su especialidad.
