El remezón del “NO”

Los resultados electorales de la Consulta popular realizado el 16 de noviembre del presente año han provocado un fuerte remezón en las ya destartaladas columnas hechas de mentiras y traiciones que sostienen al régimen de Noboa, quien ha respondido, como es su costumbre, con olímpica arrogancia. Abrumado por la derrota prefiere esconderse y cuando aparece… el mismo discurso fútil, superficial y demagógico. Nada de pensamiento. Nada de ideas. Ha declarado que, sin importar los resultados, no cambiará el rumbo de su gobierno (no se sabe a qué rumbo se refiere porque hasta ahora todo lo que se ha visto es un caminar a palo de ciegos, sin norte), lo cual demuestra una vez más que la democracia para Noboa es solo una entelequia, un “flatus vocis” según decían los escolásticos medievales, frase que, en términos elegantes y literarios, significa “discurso vano, sin contenido”. (No me atrevo a utilizar la traducción vulgar por temor a herir la susceptibilidad de mis lectores). Le importa un rábano lo que la gente diga
Y no es para menos, primero porque el grado de instrucción en materia política administrativa de la cosa pública del presidente es, a ojos vista, deficiente, por emplear un término generoso. No tiene idea sobre la manera de administrar el Estado y sus acciones son guiadas por la inspiración momentánea, el interés de sus allegados, y por la demagogia, mas no por políticas públicas tendientes a provocar cambios significativos para mejorar las condiciones de vida de la gente: un bono por aquí, unos tractores (prestados) por allá; libra de arroz por aquí, kilos de azúcar por allá. De allí que sectores tan importantes como el de salud y la seguridad social, entre otros, se encuentren al borde del colapso. Y en su afán por beneficiar a los tenedores de bonos, no ha escatimado esfuerzos en pagar la deuda externa, empleando recursos que debían destinarse a estos tan importantes sectores para la vida de la gente.
Tal parece que, para el niño mimado, criado en cuna de oro, en cuya vida jamás conoció la palabra necesidad, el Estado no es sino otro juguete caro, cuya finalidad es alimentar su ego y sus caprichos, y sus costosas vacaciones. Esa es su famosa democracia. ¿Dónde se ha visto que un presidente responsable, en menos de dos años de gestión haya realizado 28 viajes internacionales de los cuales el 25% han sido por motivos personales? Entre paréntesis, de ellos solo el 11% ha informado a la Asamblea Nacional como manda la Constitución, lo cual constituye una muestra más del irrespeto presidencial por la Carta Magna, cuyo artículo 144 dice expresamente: “El Presidente de la República, durante su mandato y hasta un año después de haber cesado en sus funciones, deberá comunicar a la Asamblea Nacional, con antelación a su salida, el periodo y las razones de su ausencia del país”. Noboa no comunica a la Asamblea, no da cuentas a nadie de sus viajes, nadie sabe a qué viaja, como no sea para reiterar su servidumbre al presidente Trump.
En estas circunstancias no deberían sorprendernos los resultados de la consulta del 16 de noviembre, que de hecho constituyen un golpe mortal que preludia el declive del “noboísmo”.
El NO triunfó abrumadoramente, en una inédita jornada que tuvo como protagonista al pueblo llano, ese que días antes fuera masacrado por el ejército nacional, acusado de terrorista y guarida de delincuentes. Ese triunfo amerita una profunda reflexión. No fue producto de un movimiento liderado por un partido político, cuyos intereses electorales a veces les obligan a sustituir el protagonismo popular por interés particular. Diría más bien que fue el espíritu democrático de la gente, estimulado por la debacle en la que se encuentra el país, la palanca de la acción.
¿Qué vendrá después? Es difícil esperar que se produzca un cambio en la conducción del Estado, pues no solo que los oídos del presidente se encuentran taponados con cemento, sino que su propia naturaleza, la razón de ser de su gobierno constituyen la antítesis de un proyecto democrático. Noboa no apela a razones, planes o proyectos. Su acción se basa en dos instrumentos fundamentales: la demagogia y la fuerza. El diccionario de la lengua española define así la demagogia: “Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder”.
Y, la fuerza. El Ecuador miró atónito esa mezcla de demagogia, cinismo y violencia en las insólitas caravanas llenas de metralletas y soldados, calificados por el presidente como convoyes de “ayuda humanitaria” que llegaban a la provincia de Imbabura, cuyas protestas en los días de huelga nacional dieron como resultado decenas de heridos, el fallecimiento de los comuneros Efraín Fueres y José Guamán.
¿Qué vendrá después? Es difícil saberlo. El Ecuador va de tumbo en tumbo. Sin embargo, en la memoria de la gente todavía resuenan las poderosas palabras del tiempo de los forajidos: “que se vayan todos”. Sí, el triunfo del NO es un mensaje que revela el cansancio popular. De allí que en las redes sociales y en la palabra certera de algunos analistas inteligentes y juiciosos comienza a esbozarse una nueva alternativa enmarcada en los cauces de la democracia republicana, refrendada por la Constitución de Montecristi: la revocatoria del mandato.
“La revocatoria de mandato – dice el Manual de Formación política y ciudadana del Consejo Nacional Electoral (CNE) – es un mecanismo de democracia directa que permite a las electoras y electores terminar democráticamente el mandato a las autoridades de elección popular antes del periodo para el que fueron elegidos”.
Noboa está llegando al límite. La gente ya no soporta sus veleidades. Está visto que no habrá un cambio de timón. Solo queda deshacernos democráticamente de quien se ha convertido en el enemigo número uno del pueblo ecuatoriano.
Ésta es apenas una posibilidad legal que deberá ser debatida porque, entre otras cosas, uno de los requisitos para iniciar el proceso es la permanencia del presidente en el ejercicio del poder por el período mínimo de un año, y ello ocurrirá en mayo de 2026. Hay tiempo suficiente para que los movimientos sociales y los partidos políticos democráticos se preparen.
La frase destacada:
Noboa está llegando al límite. La gente ya no soporta sus veleidades. Está visto que no habrá un cambio de timón. Solo queda deshacernos democráticamente de quien se ha convertido en el enemigo número uno del pueblo ecuatoriano.
Sobre el Autor Marcelo Villamarín Carrascal:
Doctor en Filosofía, ex docente universitario de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Obras Publicadas: El arte de vivir con sentido (2005), Retos de la Asamblea Constituyente (2006), Socialismo y Revolución Ciudadana (2016), Ideas Filosóficas de Imbabura (2019).
