Destrezas digitales y fisuras en el pensamiento crítico-analítico

Actualmente, las instituciones de educación superior reciben estudiantes con un perfil muy diverso. Si bien, gran parte de la población que ingresa a las universidades, posee destrezas digitales avanzadas y gran adaptabilidad, muchos acceden con vacíos en comprensión lectora, razonamiento analítico, pensamiento crítico y hábitos de estudio. Esta realidad, exige a las instituciones de educación superior un despliegue importante de estrategias orientadas a reforzar competencias esenciales que, no siempre, se abordan con rigurosidad y profundidad en los ambientes académicos.
Existen muestras fehacientes de que las medidas adoptadas no son suficientes para superar la “crisis epistémica” actual, provocada por la pérdida de confianza en las formas como se entiende, valida y comparte saberes, debido a que el uso regular de métodos tradicionales para distinguir lo verdadero de lo falso, con frecuencia fallan, generando incertidumbre en qué creer, en quién confiar y cómo interpretar la realidad.
No cabe duda que, los estudiantes de hoy, se destacan por una alfabetización tecnológica excepcional. Manejan herramientas digitales de forma intuitiva, procesan información multimedia con rapidez y muestran una notable adaptabilidad ante entornos dinámicos. Esta destreza les permite acceder, de forma inmediata, a un volumen masivo de datos y adaptarse con agilidad a metodologías de aprendizaje híbridas o virtuales.
Pero no solo eso, según el Informe mundial sobre tendencias de la educación superior UNESCO 2025, este subsector es el que posee la mayor tasa de adopción de tecnología digital y que la digitalización ocupa un lugar destacado en los planes del sector, que el 77 % incluye dimensiones relacionadas con servicios educativos digitales, inteligencia artificial y aprendizaje en línea y a distancia.
Las herramientas y plataformas digitales se utilizan ampliamente en los contextos de las instituciones de educación superior, fundamentalmente en sistemas de gestión del aprendizaje y sistemas de gestión de la información educativa. La expansión de uso de recursos digitales es indiscutible como lo prueba el número de usuarios de plataformas de aprendizaje en línea que pasó de 429 millones en 2019 a cerca de 783 millones en el 2024.
Al 2024, uno de cada cinco países, habrían adoptado una estrategia nacional de IA para actividades de investigación e innovación. De ahí que, las consideraciones éticas y un enfoque centrado en el ser humano, resulte imperativo para paliar la inequidad y exclusión y evitar que los beneficios de la digitalización continúen distribuyendose de manera desigual. Se sabe que un tercio de la población permanece sin conexión, mientras la penetración de internet es del 93 % en los países de ingresos altos y 27 % en los países de ingresos bajos, hecho que demuestra que la la condición socioeconómica determina el acceso de los estudiantes a tecnología
Por otro lado, expertos en psicología, neurociencia y educación como: Nicholas Carr (2026), Patricia Geenfield (2009), Michel Desmurget (2025) en distintos escritos señalan que la sobreestimulación digital genera marcadas deficiencias en competencias de pensamiento crítico y análisis profundo. Así mismo, diversos diagnósticos institucionales señalan que una proporción considerable de los nuevos estudiantes presenta vacíos significativos en comprensión lectora compleja, pensamiento deductivo y resolución de problemas matemáticos básicos. La costumbre de consumir contenidos breves y fragmentados dificulta la concentración prolongada, necesaria para la lectura de textos académicos extensos o el desarrollo de investigaciones rigurosas.
A pesar de que, en el mundo las preocupaciones por la exagerada inmersión en procesos de digitalización por parte del sector estudiantil, no cesan y mas bien se incrementan, se dice que las universidades deben adaptarse a estos nuevos estudiantes, con intereses distintos, pero profundamente inmiscuidos en ambientes digitales y en el uso de herramientas como la inteligencia artificial, sin pensar demasiado en las consecuencias neuropsicológicas y sociales que pueden desencadenarse si no se tiene suficiente conciencia de la necesidad de establecer controles humanos para disminuir impactos negativos como los señalados en líneas anteriores.
El avance de la digitalización global se impulsa hoy mediante la integración masiva de la inteligencia artificial, la expansión de redes móviles de alta velocidad y el uso de la nube. Estos elementos transforman la economía, la educación y los servicios públicos, aunque también ensanchan la brecha social para las comunidades sin acceso adecuado (Banco Central del Ecuador. 2026). Esta aseveración es particularmente importante en el ámbito educativo de la región latinoamericana, el incremento acelerado del uso de herramientas digitales -incluida la IA- por parte de los estudiantes de educación superior, da lugar a consecuencias indeseables como menor retención de conceptos complejos que se olvidan pronto y con mayor facilidad; pensamiento rápido y superficial que dificulta el análisis crítico y la argumentación sólida; la fatiga mental debido a que el tiempo prolongado frente a la pantalla causa agotamiento cognitivo, lo que significa que estructuralmente los efectos negativos se evidencian en procesos de atención, memoria, comprensión profunda, disminución del esfuerzo mental.
Desde luego, este panorama preocupante debe alertar a padres, familias, organizaciones educativas y; también, al conjunto de la sociedad para que, de manera cooperativa, se comiencen a gestionar medidas de mitigación de efectos, pero sobre todo a bregar por una mejor comprensión de la importancia de la tecnología bajo control humano.
La frase destacada:
“… el incremento acelerado del uso de herramientas digitales -incluida la IA- por parte de los estudiantes de educación superior, da lugar a consecuencias indeseables como menor retención de conceptos complejos que se olvidan pronto y con mayor facilidad; pensamiento rápido y superficial que dificulta el análisis crítico y la argumentación sólida; la fatiga mental debido a que el tiempo prolongado frente a la pantalla causa agotamiento cognitivo, lo que significa que estructuralmente los efectos negativos se evidencian en procesos de atención, memoria, comprensión profunda, disminución del esfuerzo mental”.
Sobre los Autores:
Mario Montenegro Jiménez:
PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.
Articulista Invitado. José Antonio Villafaena Ugarte
Ingeniero Civil. Magister en Ingeniería de la Energía. Miembro de la Comisión Chilena de Energía Nuclear. Docente de la Universidad Santiago de Chile USACH
