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El sentido social de lo justo

Diario El Norte

Año tras año, en época navideña, en gran parte del mundo, cristianos y no cristianos festejan la navidad, generalmente desprovistos del contenido religioso de la fiesta, mas bien como una ocasión importante que posibilita el reencuentro y la reconcialiación entre familiares y amigos que además de experiencias positivas, comparten bienes materiales y prácticas muy peculiares que, en algunos casos, les conduce hacia el ansiado anhelo de felicidad y; en otros, a la exacerbación de las frustraciones y los desencantos.

La navidad es también un tiempo crítico en el que se percibe con mayor énfasis las desigualdades sociales que, de hecho, nos obligan a abordar uno de los temas que, a lo largo de la historia de la humanidad, ha sido recurrente y muy pocas veces tratado con la responsabilidad que amerita: la justicia, término en torno al cual una diversidad de corrientes filosóficas ha desarrollado planteamientos teóricos fundamentales que sirven para diseñar modelos de sociedad específicos.

Tal es el caso de la corriente utilitarista de la justicia, escrita por el filósofo inglés John Stuart Mill, concebida como una corriente “…tendiente a procurar la mayor felicidad a los seres humanos, evitándoles pena y dolor…”, promoviendo la búsqueda de la felicidad común. De manera regular, al utilitarismo suele asociarse la noción de placer, pero no aquella que se vincula a lo mundano, sino al credo de la Mayor Felicidad como fundamento de la moral, aquella que sostiene que las acciones justas son las que tienden a promover la felicidad; mientras las injustas tienden a producir lo contrario de la felicidad. En este sentido, se entiende por felicidad el placer y la ausencia de dolor; en cuanto la infelicidad, posee componentes de dolor y la usencia de placer.

Desde la perspectiva del utilitarismo, de los niveles de satisfacción o insatisfacción de las personas, depende el bienestar social; esto es, mayor satisfacción más bienestar e inclusive más justicia porque del nivel de bienestar de los individuos depende el bienestar de la sociedad. No obstante, los utilitaristas creen también que cuando las instituciones sociales están fortalecidas y dispuestas de tal modo para obtener mayor equilibrio neto de satisfacción distribuido entre todos los miembros, la sociedad está correctamente ordenada y es justa.

Si comparamos estas proposiciones teóricas con las evidencias prácticas, podremos llegar a determinar que estamos a una distancia bastante considerable de este sentido ideal de sociedad en la que la felicidad, el placer, la ausencia de dolor, la existencia de instituciones dedicadas a trabajar a favor de la satisfacción de necesidades que incidan en el bienestar social al amparo de principios de orden y justicia, no son precisamente caracterísiticas de la sociedad contemporánea. Más que realidad el utilitarismo como teoría de justicia es una quimera, nada comparable con la lacerante realidad de gran parte de la población a nivel local y global que, debido a sus condiciones de desigualdad y exclusión, viven en penosas circunstancias en las que los planteamientos utilitaristas resultan inviables y poco probables de aplicación. Es suficiente con observar a miles, a millones de niños, jóvenes, adultos y adultos mayores que, en festividades como las que acaban de pasar, experimentan los designios de la exclusión y se someten a la voluntad y solidaridad de los otros para acceder a determinadas satisfacciones que no son resultantes de la aplicación de ideas de justicia social. En este sentido, el principio utilitarista termina por identificar las nociones de lo bueno y de lo justo, al ver como justa la distribución de beneficios que maximice el bien.

John Rawls en 1971 propuso una teoría alternativa como respuesta al utilitarismo que ha sido considerada como uno de los mayores aportes en el campo de la filosofía en el siglo pasado. Rawls, critica la falsedad detrás de los conceptos utilitaristas que no necesariamente resultan éticamente correctos debido a que apelan al principio de mayorías dejando fuera a muchos miembros de la sociedad, situación incongruente con las democracias liberales caracterizadas por el pluralismo. En las sociedades razonablemente avanzadas la suma mayor de ventajas no se alcanza a través de libertades individuales, sino a través de un sentido social de justicia que, desde el punto de vista de Rawls no es sino “…la capacidad moral que tenemos para juzgar cosas como justas, apoyar esos juicios en razones, actuar de acuerdo con ellos y desear que otros actúen de igual modo. Sin embargo, este proceso se da a nivel de los individuos en el marco de la sociedad y su estructura básica…” (José Caballero. La Teoría de la Justicia de Rawls. 2006).

El autor concibe a la sociedad como una asociación autosuficiente de personas que en sus interacciones utilizan reglas de obligatorio cumplimiento que regulan la conducta de los miembros. Las reglas definen un sistema de cooperación planeado para promover el bien común y obtener ventajas mutuas, aun cuando en ellas prevalecen también el conflicto y la diversidad de intereses. El objeto primario de la justicia es la estructura básica de la sociedad, o sea el modo en que las organizaciones sociales distribuyen los derechos y deberes fundamentales y determinan la división de las ventajas provenientes de la cooperación social. Las grandes instituciones son las que definen las expectativas de vida de las personas en el marco de sistemas políticos derivados de particulares condiciones económicas y sociales. En la teoría de justicia social de Rawls, la adecuada distribución de derechos y deberes por parte de las instituciones que conforman la estructura básica de la sociedad es lo que dará lugar a formas de vida compatibles con el principio de justicia, razón y esencia de las luchas de quienes creemos que es necesario desarrollar acciones anti-hegemónicas y descolonizadoras.

Una vez más, la navidad, como forma visible de la injusticia social en la que vivimos, nos compromete a continuar reflexionando sobre el tipo de sociedad que necesitamos edificar para concretar los ideales de paz, justicia, igualdad, dignidad para todos.

La frase destacada:

En la teoría de justicia social de Rawls, la adecuada distribución de derechos y deberes por parte de las instituciones que conforman la estructura básica de la sociedad es lo que dará lugar a formas de vida compatibles con el principio de justicia, razón y esencia de las luchas de quienes creemos que es necesario desarrollar acciones anti-hegemónicas y descolonizadoras.

Sobre el Autor Mario Montenegro Jiménez:

PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.