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La mano de los banqueros

Diario El Norte

Pensar que los grupos de poder económico dominante, gobiernan para solucionar los problemas que agobian al pueblo ecuatoriano, es iluso, es cuestión de ver como ahora más del 83 % de la población no aprueba la gestión del actual mandatario. La historia nacional con la acción de los banqueros, no es nueva, al revisar su accionar político, cuenta el papel concentrador y usurero que jugaron frente a los destinos económicos del país.

A vuelo de pájaro, conozcamos el papel desempeñado en los distintos gobiernos, donde demostraron intromisiones. Ellos siempre controlan el sistema financiero, digamos de otro modo, el sistema y la estructura del Estado. En la actualidad, entra al escenario el modelo económico neoliberal, que privilegia la ultra acumulación económica y agudiza o polariza las desigualdades sociales, crece también la pobreza extrema y no importan mucho los derechos ciudadanos, señalados en la Constitución vigente.

La economía ecuatoriana, es altamente dependiente del capital financiero internacional, articulada al comportamiento económico del capitalismo global. En los primeros 50 años de vida republicana, se observó la transformación del incipiente capital-mercancía, en capital-dinero (algunos historiadores críticos, lo denominaron la fase de formación de una plutocracia social, o sea, la de los banqueros. Proveía dinero a los agroexportadores (en el auge cacaotero) y de divisas (dólares) a los importadores. En el primer caso, intervenían como Banco Comercial y Agrícola, en el segundo caso, como Banco del Ecuador.

La banca manejó los hilos de la economía nacional y fue consolidando más influencia. Incrementó poder con el aparecimiento de un mayor número de entidades financieras: Banco Particular de Luzárraga (1859), Banco Particular de Circulación y Descuento (1862), Banco del Ecuador, creado mediante Ley del Congreso en 1865. El Estado estaba supeditado a la banca privada; hacían y deshacían en los gobiernos de turno. De esta manera fueron acumulando capitales y fortunas; esta es una historia que poco se conoce.

La Revolución Juliana liderada por la “Liga de los Militares Jóvenes” en 1925, cansados de los abusos de la plutocracia presionaron al encargado del poder Dr. Alberto Guerrero Martínez y al Gral. Leonidas Plaza Gutiérrez (personaje corresponsable del asesinato del Gral. Eloy Alfaro) para que encarcele al banquero Francisco Urbina Jado quien, en esa época, era el Gerente del Banco Comercial y Agrícola. El lema fue “Combate a muerte a la tiranía placista-bancocrática”.

Como consecuencia de la Revolución Juliana se creó el Banco Central del Ecuador, entidad con la que se inició un ordenamiento económico de las finanzas públicas y privadas bajo la rectoría del Estado Nacional. El Banco Central del Ecuador tuvo cinco funciones: 1. emisor (emitir dinero); 2. regulador de las políticas monetarias (fijar tasas); 3. regulador crediticio (ser depositario del gobierno y de los bancos asociados); 4. regulador de la política cambiaria del Ecuador (administrar el mercado de cambios); y, 5. fue el banco normativo (como agente fiscal). El propio ex Presidente de la Republica Isidro Ayora Cueva en su discurso al Congreso Nacional en 1928, afirmó que “Eran tan fuertes los lazos con que los banqueros y políticos tenían atada a la Nación para explotarla en provecho propio, que ningún poder constitucional habría podido romperlos”.

Desde luego que, con ello, no se finalizó la intromisión de la bancocracia en los gobiernos. El terrateniente Neptalí Bonifaz Ascázubi fue el primer Gerente del Banco Central del Ecuador en 1927. Alfredo Baquerizo Moreno y Carlos Arroyo del Río, expresidentes de la República, también estaban ligados a la bancocracia. Los banqueros tuvieron influencia en los gobiernos liberales y conservadores como es el caso de Aurelio Mosquera Narváez, liberal y vinculado a la oligarquía bancaria.

A finales del siglo pasado, en 1999, durante el gobierno de Jamil Mahuad Witt ocurrió el “feriado bancario”; este hecho, se generó a partir del año de 1994. Las instituciones financieras dominaban el Estado, hábilmente lograron la promulgación de la Ley de Instituciones Financieras, que facultó a la banca, fijar tasas de interés usureras. El negocio no quedó allí, ya que se permitieron auto-prestar dineros sin intereses a sus propias empresas, muchas de ellas fantasmas o de papel; esto creó un círculo de privilegio y arbitrariedad con base a lo que comúnmente se conoció como créditos vinculados. En ese entonces, el Presidente de la Junta Bancaria fue el actual mandatario.

En el feriado bancario, para que la gente no retire sus depósitos, cerraron los bancos por cinco días, y luego al abrir la atención al público, congelaron los depósitos. El cuento no quedó allí nomás, los Certificados de Depósitos fueron Reprogramados (CDR) y entregados a los depositarios y dueños del dinero; posteriormente los ejecutivos de la banca privada les compraron a sus clientes al 40 % del valor nominal y, luego los mismos ejecutivos bancarios le vendieron al Estado al 100 %. Los banqueros, quebraron la economía, se prestaron el dinero de sus clientes y encima volvieron a acumular capitales usureros vendiendo con ventaja los CDR al Estado.

Para las nuevas generaciones, quizá pueda pasar desapercibido “el feriado bancario”, a pesar que es una historia muy cercana (1999). Por esta razón es necesario que no se olvide, porque se corre el riesgo que se repita.

La pretendida venta del Banco del Pacífico, que tiene dineros del Estado y de ecuatorianos, es otra maniobra de la influencia que hoy tiene la banca en el poder político. ¿Será que este banco debe pasar a manos de capitalistas financieros que manejan los actuales hilos del poder financiero mundial? ¿Será que nos debe importar que las utilidades que genera el banco, vayan a manos privadas? Lo cierto es que la gestión financiera, no debe enriquecer a los mismos grupos de poder económico. Aunque la venta aparezca como legal, hacerlo no es ético, ni moral.

Cierto es que, como ciudadanos honestos, está en nuestras conciencias el buscar mejores días para el país y para de verdad tener una economía que tenga un rostro humano; entonces, es hora de poner manos a la obra para que podamos salir adelante y vencer la crisis.

 

La frase destacada:

Para las nuevas generaciones, quizá pueda pasar desapercibido “el feriado bancario”, a pesar que es una historia muy cercana (1999). Por esta razón es necesario que no se olvide, porque se corre el riesgo que se repita.

Sobre el Autor Luis Jácome Salazar:

Licenciado en Banca y Finanzas por la Universidad Central del Ecuador. Magíster en Planificación Socio–Económica y Magíster en Planificación Urbana y Planificación Regional por la Universidad Central del Ecuador. Ex Profesor Universitario. Consultor en libre ejercicio. Director Yavirak (ONG). Miembro del Grupo Editorial La Borrega Negra, editorialista de varios medios escritos. Realizador de Programas Culturales y de Opinión Radial. Capacitador en Proyecto Educativo para la Producción, Medio Ambiente y Educación en Montufar (Carchi)

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.