La mujer de los Andes y su legado en las fiestas del Inti Raymi
Diario El Norte
Se afirma, con sobrada razón, que las fiestas populares y sus hermosas tradiciones son el corazón de los pueblos, su esencia particular, su sello fuerte y distintivo.
La cultura en su más amplia acepción engloba justamente el ser y el estar de los humanos en un espacio y un tiempo definidos, en donde se produce, se crea, se relaciona íntimamente con la naturaleza a la cual enaltece y recrea constantemente.
Con esta visión del mundo es que, en este mes de junio, de profundo significado para los pueblos andinos, esta página dedica dos ediciones para profundizar en esos tradicionales ritos, especialmente, del pueblo kichwa de Imbabura para enaltecer sus vivencias en este tiempo del solsticio de verano en que se celebra con alegría, música, gastronomía y vestimentas únicas el Inti Raymi, el Jatun Puncha, “el Gran Día”.
Apoyo este artículo en una excelente investigación de Enrique Cachiguango “el Katza” quien a lo largo de su existencia ha ido vivenciando y, por lo tanto, recogiendo minuciosamente las diferentes costumbres del pueblo Kichwa en estas épocas de homenaje al sol.
Pero, en ¿qué línea voy yo?, en la presencia fuerte, solidaria y de acompañamiento permanente de las mujeres indígenas del campo y la ciudad cuyas maravillosas manos han ido urdiendo el sentido mismo de la fiesta, hogar adentro con la familia y fuera de él, en lo social, en la comunidad a la que le han brindado tiempo y amor en estas fiestas.
La mujer es artífice, sembradora y dadora de vida, su simiente fértil se hunde en la tierra, en la Pacha Mama para de ella cosechar las mieses que sustentan la alimentación a lo largo del año. De estos granos es el maíz, esas gramínea magnífica de nuestras tierras la que se transforma en el alimento preferido para estas fechas, convertido ya en choclo tierno, en tostado de yanga, en mote blanco y sabroso, en ricas sopas y fiambres y finalmente en la chicha sagrada que une familias y pueblos con su sabor incomparable y su mensaje de unidad comunitaria
Desde hace miles de años esta zona estuvo poblada por culturas, civilizaciones y un sinnúmero de pueblos andinos y mesoamericanos que fueron privilegiados por la presencia del grano sagrado: EL MAÍZ. De esa mezcla surge la “Zara Mamalla” como la creadora de infinidad de platos de rica factura, cuyos sabores pueden competir con lo mejor de la gastronomía de otras latitudes.
El Jatun Puncha tiene también su propia gastronomía producto, como ya dijimos, de la generosidad de la Pacha Mama en el ciclo agrícola de cada año. En esta época de fiesta se privilegia los ricos sabores del caldo de gallina de campo, el mote, la mazamorra o colada de harina de maíz, conocida también como “uchu jacu”, el cuy asado, la gallina cocinada y la infaltable chicha, todo esto servido en platos de barro que se guardan durante el año para que vuelvan a ser parte de la fiesta en cada solsticio de junio.
Otro de los riquísimos elementos en contenido por su sentido de solidaridad comunitaria y también impulsado en su mayoría por la mujer cuya convocatoria familiar permite que unan sus manos hombres y mujeres de todas las edades es EL CASTILLO, se trata de una armazón de carrizo de aproximadamente un metro cuadrado provisto de alimentos, frutas, bebidas y; en ocasiones, billetes de diferente nominación al que se coloca en un lugar muy visible, alto y bastante privilegiado de la casa.
Este hermoso, colorido y atrayente castillo une a la familia que desde temprano se pone a trabajar cumpliendo diversas tareas: unos realizan las compras requeridas, otros reúnen los materiales para su construcción y los más se unen al regocijo con su presencia y su alegría mañanera para luego disfrutar de su creación en el altar dispuesto para ello.
El castillo tiene toda clase de productos que han sido sujetos por pedacitos de soguilla de cabuya para mantenerse firmes. Allí se encuentran el pan de “rosca”; plátano, piñas y naranjas con sus respectivos soportes naturales; muñecas y caballitos de pan; licores variados en pequeñas botellitas; mazorcas de maíz en “guayungas” y finalmente rollitos con el dinero dispuesto por la familia para el efecto.
La mayoría de familias tiene su propio castillo, cada uno más hermoso que otro, atrayentes a los ojos de los visitantes que van llegando una vez que las puertas de las casas se abren. Con su presencia se da inicio al regocijo familiar, se degustan ricos platillos con mote casado y comienza la bebida de la rica chicha preparada para la ocasión.
Familiares y visitas toman del castillo los productos que más requieren o el dinero que se les ofrece y que será devuelto al siguiente año doblando la cantidad. En este randi-randi no existen papeles ni acuerdos escritos, basta la palabra, la familiaridad o la amistad para dar cumplimiento a lo acordado.
Como corolario de las festividades, por el 29 de junio se produce el PUCHUKAY WARMI TUSHUY que tradicionalmente es el baile del hombre disfrazado de mujer. Sin embargo, en los últimos años, esta costumbre se ha extendido a las mujeres de las comunidades y los pueblos en un sincretismo religioso de homenaje a Sta. Lucía, Patrona de la Iglesia Católica.
Para las nuevas generaciones en palabras de Sisa de la Cruz de las comunidades del Cantón Cotacachi “El día de Sta. Lucía es un día de baile y regocijo para las mujeres porque es también una demostración de homenaje a la Madre Tierra y una forma de buscar la igualdad y el valor de nosotras las mujeres que aportamos en el día a día al trabajo, la siembra, el cultivo, la cosecha y la cocción de los alimentos para nuestras familias. Ese es un día de liberación que nos permite dar un valor a la lucha por la igualdad”.
Como Sisa las mujeres de los Andes, las generadoras de vida, cumplen su rito anual de amor a la Pacha Mama y al Padre Inti en esta demostración familiar y comunitaria de unidad, fuerza, fiesta y alegría, en el “Gran Día” del Inti Raymi.
La frase destacada:
Con esta visión del mundo es que, en este mes de junio, de profundo significado para los pueblos andinos, esta página dedica dos ediciones para profundizar en esos tradicionales ritos, especialmente, del pueblo kichwa de Imbabura para enaltecer sus vivencias en este tiempo del solsticio de verano en que se celebra con alegría, música, gastronomía y vestimentas únicas el Inti Raymi, el Jatun Puncha, “el Gran Día”.
Sobre la Autora Gloria Rengifo Álvarez:
Maestra, Gestora Cultural desde el ámbito universitario y los colectivos ciudadanos de arte y cultura. Fundadora de varios movimientos culturales cuyo mejor momento fue el Movimiento Cultural “La Hormiga”. Feminista activa desde el Movimiento de Mujeres del Ecuador. Actualmente integra la Red de Artistas y Gestores Culturales FAGCE-O, la Red de Protección de Derechos de Otavalo y forma parte del voluntariado social del CAIMYFI
