La nueva era de la Inteligencia Artificial -IA-. Preocupaciones y desafíos

El 2025, luego de un proceso de evolución sostenido, cuyo inicio data de 1950, la Inteligencia Artificial -IA- marca el inicio de una nueva era gracias a su consolidación como uno de los mayores logros tecnológicos de la humanidad. Entendida como “la ciencia e ingeniería de crear máquinas inteligentes capaces de aprender y ejecutar tareas con un comportamiento similar al humano” (Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence), corroborada por descripciones de organismos internacionales como UNESCO, OCDE y la Unión Europea, que conciben la IA como un sistema de software capaz de procesar datos, identificar patrones, generar predicciones y tomar decisiones automatizadas con distintos niveles de autonomía; a paso acelerado, ha sido incorporada como herramienta indispensable en una variedad de actividades humanas como complemento de la inteligencia natural.
Este sistema, sin duda, ha traído consigo muchos beneficios, pero también grandes preocupaciones, particularmente en el ámbito educativo. A diferencia del software tradicional, que opera con instrucciones fijas, los sistemas de IA pueden modificar su comportamiento en función de los datos que reciben. Esta adaptabilidad permite abordar problemas complejos en escenarios como la enseñanza virtual, el análisis del aprendizaje o la gestión educativa automatizada. Ahora mismo, la IA está presente en múltiples aspectos de nuestras vidas: desde buscadores y redes sociales hasta plataformas educativas personalizadas, asistentes virtuales en aulas digitales y sistemas de recomendación de contenidos que nos permiten preveer una real transformación educativa.
No obstante, entre las principales preocupaciones, el uso exacerbado, sin la intermediación de procesos humanos reflexivos, está provocando obsolescencia cognitiva marcada por el deterioro progresivo de capacidades mentales esenciales como el pensamiento crítico, la memoria de trabajo y la resolución de problemas.
Los avances en inteligencia artificial (IA) generativa, como los modelos de lenguaje grandes (LLM), han transformado la educación superior al automatizar tareas cognitivas complejas. Sin embargo, esta eficiencia conlleva riesgos como la atrofia progresiva de habilidades relativas a razonamiento crítico y memoria de trabajo (Carr, 2010). Estudios empíricos en poblaciones juveniles universitarias, muestran que estudiantes que usan IA para ensayos reducen un 25% su tiempo de procesamiento cognitivo profundo, fomentando una “pereza mental” revelada a través de neuroimágenes; así como, el uso éticamente desregulado de IA (sin controles humanos) acelera este déficit debido a la menor activación de la corteza prefrontal. Todo esto porque en el contexto de los avances exponenciales en inteligencia artificial (IA), particularmente la IA generativa como ChatGPT, Gemini, Copilot se ha acelerado, al punto que los jóvenes universitarios, inmersos en entornos académicos donde la IA resuelve tareas complejas en segundos, enfrentan un riesgo inminente de atrofia cognitiva.
Así mismo, desde la perspectiva de la neurociencia, la repetición de tareas cognitivas fortalece redes neuronales, pero la delegación a IA inhibe esta consolidación. Un estudio de Nature Neuroscience (2024) en el que participaron alrededor de 15.000 jóvenes, confirma que el uso intensivo de IA se correlaciona con un 18% de disminución en la conectividad del lóbulo frontal, clave para el control ejecutivo. El deterioro de la memoria, la creatividad, el procesamiento cognitivo profundo, son también consecuencias de la dependencia excesiva de la IA y puede conducir a una acumulación de «deuda cognitiva», que no es más que el “ahorro” de energía cognitiva a corto plazo que se traduce en un costo futuro de menor capacidad cerebral.
Los datos expuestos son apenas referenciales para el caso ecuatoriano, mismos que podrían dar lugar a nuevas líneas de investigación que permitan aproximaciones a la realidad del país en materia de impactos del uso de IA, básicamente en contextos educativos. Podemos presumir, a manera de hipótesis, que algo similar a lo descrito puede estar ocurriendo en el país, debido a que la tendencia del uso no regulado de IA en las instituciones de educación superior es un hecho que se lleva a cabo pasivamente.
Es preciso aclarar que las preocupaciones en torno a los impactos de la IA pueden ser diversas; en este artículo, nos hemos referido someramente a ciertos aspectos del deterioro cognitivo en el ámbito educativo. Como pensadores sociales nos inquieta también las consecuencias de la agudización de la “deuda cognitiva” en el futuro de la propia sociedad.
Algunos estudios cargados de pesimismo dan cuenta de un posible deterioro masivo de la memoria, la creatividad y procesamiento profundo que encausaría a la sociedad hacia un futuro distópico, de pasividad colectiva y control corporativo, en la cual las interacciones humanas se volverían superficiales, las personalidades homogéneas y las posturas hacia la IA reverenciales sin cuestionamiento ético. Sin mediación humana, la IA impulsaría desigualdades extremas y erosión de la capacidad individual, requiriendo medidas urgentes para preservar la condición humana.
Una población sin memoria colectiva perdería identidad cultural y lecciones históricas, facilitando manipulaciones propagandísticas vía IA. Sin creatividad, la innovación se estancaría en resultados algorítmicos repetitivos, colapsando el arte, la ciencia, la economía en ciclos de obsolescencia. El procesamiento superficial generaría decisiones impulsivas, aumentando vulnerabilidad a crisis globales como el hambre y la pobreza.
De ahí que, con la mediación de una postura ética, es necesario que la sociedad, particularmente las instituciones de educación superior hagan efectivo el desarrollo del pensamiento crítico en su real dimensión de ser racional, reflexivo y objetivo, además de claro, preciso, veraz, pertinente, profundo, suficientemente amplio, sólidamente fundamentado, para evitar la ligereza y superficialidad. Se requiere además políticas de regulación de uso de IA en tareas cognitivas esenciales y; desde luego, intervenciones humanas que marquen límites en la aplicación de la herramienta.
La frase destacada:
Un estudio de Nature Neuroscience (2024) en el que participaron alrededor de 15.000 jóvenes, confirma que el uso intensivo de IA se correlaciona con un 18% de disminución en la conectividad del lóbulo frontal, clave para el control ejecutivo. El deterioro de la memoria, la creatividad, el procesamiento cognitivo profundo, son también consecuencias de la dependencia excesiva de la IA y puede conducir a una acumulación de «deuda cognitiva», que no es más que el “ahorro” de energía cognitiva a corto plazo que se traduce en un costo futuro de menor capacidad cerebral.
Sobre el Autor Mario Montenegro Jiménez:
PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.
