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La trascendencia intangible del legado de Papá Roncón

Diario El Norte

 

Ha transcurrido un poco más de un mes del fallecimiento de uno de los grandes representantes de la cultura afroesmeraldeña y afroecuatoriana. Desde el pasado 30 de septiembre Guillermo Ayoví Erazo, más conocido en el ámbito cultural como “Papá Roncón” ya no lo volveremos a ver en los escenarios; a sus 92 años de edad fue llamado para hacer un largo viaje.

Fue músico, cantante, constructor de instrumentos musicales como la marimba, el bombo, el cununo y la guitarra entre otros, que también los afinaba y entonaba. Deja un inmenso vacío a los afroesmeraldeños, afroecuatorianos y al país en general, especialmente en las personas que se dedican al quehacer cultural, ámbito en el cual fue conocido a nivel local, nacional e internacional.

Tal como él lo pidió en una entrevista con Lenin Plaza en el 16 de enero de 2022, cuando le preguntó: ¿cómo le gustaría que le recuerden a Papá Roncón cuando ya no esté en este mundo? de manera enfática dijo “A través de la música” y así mismo le despidieron. En su casa, en su Borbón querido varios músicos, agrupaciones, autores y actores afroecuatorianos y no afros se dieron cita para darle el último adiós.

Pero ¿quién era Papá Roncón, porqué adoptó ese sobrenombre? ¿Cómo era su niñez, cómo y cuándo incursionó en la marimba? ¿Cuál es el legado que deja a los afroesmeraldeños, afroecuatorianos y a la sociedad en su conjunto? Son las preguntas que intentaremos responder a continuación.

Lenin Plaza, periodista afroesmeradeño, en la misma entrevista realizada para Telecosta 5TV le preguntó: ¿cómo fue la niñez de Papá Roncón? Respondió que gran parte de su tiempo pasó bañándose, nadando a brazo en el río y a veces en balsa; le gustaba jugar al trompo, a las bolas y a la pelota. Recordaba con cierta tristeza que en ese tiempo había mucha pobreza, “venimos de hogar bien pobre” expresó, pero en esa pobreza, él era un niño feliz. En la escuela solo estuvo hasta primer grado, “luchando”, como lo dice en la entrevista, aprendió a leer y escribir; con emoción recuerda a su maestra y de manera espontánea pronuncia su nombre, Consuelo Lemos de Ortiz fue su profesora.

En cuanto a su sobrenombre de “Papá Roncón”, cuenta que lo de roncón viene del nombre de un pez llamado guacuco, que era una especie de pez que roncaba y le llamaban pez roncador. Dijo también que él era quien acompañaba mucho a su padre en la faena de recoger ese pescado y luego en una cesta andaba vendiendo por las calles de Borbón. Por esa razón, desde ese entonces le dejaron con el apodo de “roncón”.

Sobre el otro sobrenombre de “Papá”, se cuenta que en Borbón había un señor que se llamaba Luis Perlaza quien tenía una tiendita en la casa de la señora en donde él vivía y le decían “Papá Lucho”. Cuando “Papá Lucho” se murió, el pueblo le terminó por heredar un nombre completo y así quedó de “Papá Roncón”.

Contó que su primer acercamiento con la marimba aconteció con los comuneros de la nacionalidad Chachi. Ellos le enseñaron los primeros golpes dulces y sonoros de ese instrumento musical, precisamente cuando su padre le llevó a convivir con los hijos de su primera familia; entonces, allí vivió con su hermano Tomás en el Tigre.

En medio de una amplia sonrisa, se acuerda y dice que “como todavía era muchacho, se pasaba cazando zapos y haciendo mandados para su familia”. Ahí aprendió también la lengua de los Chachis, el Chapalá; pero más tarde empezó a salir a las fiestas, a las bodas y en estos eventos sociales ya tocaba la Marimba. Dice que llegó a perfeccionar sus habilidades musicales cuando ya de joven y que fue en Borbón cuando él mismo empezó a construirla. Haciendo una pausa, precisó que un tiempo antes, le dio el gusto por tocar la guitarra, y como no podía ser de otra manera pronto logró instrumentarla y también fabricarla.

Su popularidad se fue expandiendo de Borbón a otros pueblos y principalmente cuando salía a tocar en las fiestas. Con esa experiencia formó un grupo musical llamado “La Catanga”, en honor a la catanga que es un aparejo tipo canasta que tiene una trampa para pescar, instrumento que usaba su padre cuando iba al río.

En relación a su trascendencia y legado, Lindberg Valencia, en una entrevista realizada por Juan Ortega en el Noticiero Telemundo de Esmeraldas, el 4 de octubre del presente año, dijo que se considera un “heredero privilegiado” de los saberes de Papá Roncón. El legado que deja ya ha trascendido y seguirá trascendiendo. Valencia recuerda que cuando muchacho cargaba la marimba y era objeto de burla por las personas que le veían; gracias a Papá Roncón, Pepita Palma, Rosita Wila, Don Naza y a muchos otros, la marimba ha trascendido hasta el punto que, en diciembre del 2015 la “Música de Marimba, Cantos y Danzas Tradicionales de la provincia de Esmeraldas Ecuador” fue declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

A más del reconocimiento a la marimba, sus cantos y danzas, Papá Roncón recibió reconocimientos importantes como: el Premio Eugenio Espejo, Máximo Galardón de las Artes emitido por el Gobierno Nacional y otorgado en el año 2011, este premio consistió en una pensión vitalicia. En ese mismo año fue galardonado por la Asamblea Nacional con la Condecoración al Mérito Cultural “Vicente Rocafuerte”.

La marimba le abrió muchas puertas y le permitió viajar con su grupo La Catanga a algunos países de América y Europa como: Colombia, Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón y Corea desde la década de los años 70.

Pero la trascendencia de Papá Roncón va mucho más allá de los reconocimientos y condecoraciones. Él rompió las barreras del racismo e incursionó en el mundo de la cultura nacional e internacional; esto es igual de meritorio como la educación y la formación que brindó a niños y jóvenes de por lo menos a tres generaciones. Este es el valor de lo intangible porque quedará como una marca indeleble en las personas que recibieron de él sus enseñanzas y sabiduría. Eso es lo que le ha convertido también en un guardián de la memoria y de la cultura afroecuatoriana.

Papá Roncón reafirmaba con mucha seguridad y orgullo que la Marimba viene del África. Que la trajeron sus antepasados en su mente los Illescas, los Mangache y los Arrobes quienes fueron los primeros pobladores de Esmeraldas cuya llegada a estas tierras se ha registrado a mediados del siglo XVI. Y que, por supuesto convivieron y se casaron con las mujeres indígenas del sector, constituyendo la República de los Zambos, como dice Rocío Rueda (2002).

Valencia da a conocer que la marimba también ya ha llegado a la academia, gracias a los precursores culturales y a los referentes afroecuatorianos como poetas, decimeros, marimberos, músicos, escritores y embajadores de la música esmeraldeña. En estos géneros culturales destacan Antonio Preciado, Rememberto Escobar, Los Chigualeros y por supuesto Pepita Palma, Rosita Wila, Don Naza y nuestro Papá Roncón.

En la Facultad de Artes de la Universidad Central, Lindberg Valencia y Jacson Ayoví son profesores de marimba. Se suma Kevin Santos, joven afrochoteño, discípulo de Lindberg Valencia, quien es también catedrático en otra universidad y que además es uno de los ganadores del Festival Internacional Colombiano “Petronio Álvarez”, premio que en su momento ganaron Don Naza y Jacson Ayoví.

La figura de Papá Roncón ha quedado inmortalizada en una estatua que se expone en el malecón de Borbón y en una escultura que se exhibe en el Museo y Centro Cultural de Esmeraldas.

Como un homenaje post mortem, el 11 de octubre la Asamblea Nacional emitió la Condecoración “General Rumiñahui” para el Señor Guillermo Ayoví Erazo, Papá Roncón. Su legado quedará en la memoria de los afroesmeraldeños y afroecuatorianos y trascenderá a través del tiempo de generación en generación.

La frase destacada:

Pero la trascendencia de Papá Roncón va mucho más allá de los reconocimientos y condecoraciones.

Sobre el Autor Iván Pabón Chalá:

Doctor en Investigaciones Humanísticas, Universidad de Oviedo (España); Magíster en Estudios Latinoamericanos; Licenciado en CCEE. Docente invitado: Universidad Andina “Simón Bolívar” y Universidad Técnica del Norte; Docente Unidad Educativa “Valle del Chota”. Miembro Fundador Federación de Comunidades y Organizaciones Negras de Imbabura y Carchi FECONIC, Coordinador Comisión Nacional de Etnoeducación Afroecuatoriana, editor Módulos “Orígenes”. Autor: Identidad Afro, Procesos de Construcción en las comunidades negras de la cuenca Chota-Mira, Historia de vida de la afrochoteña Aída Espinoza. Ponente en eventos y simposios nacionales e internacionales.

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.