Las ilusiones, tarde o temprano se acaban…

Hay una escena que se repite con inquietante regularidad en la política ecuatoriana: el presidente de turno sube al estrado de la Asamblea Nacional, presenta cifras relucientes, y el país aplaude o calla, según convenga. El 24 de mayo de 2026, Daniel Noboa repitió esa liturgia con notable pericia “marketera”. Videos con música épica, gráficos de colores, inteligencia artificial de por medio. Una rendición de cuentas que parecía más el lanzamiento de un producto que el informe de un gobernante a su pueblo. Y; sin embargo, detrás del brillo de la pantalla, quedaron los silencios. Y los silencios, en política, dicen más que cualquier discurso.
Porque mientras Noboa celebraba en Davos, en enero de 2026, que la pobreza había caído al 21,4 %, el decano de Economía de la PUCE, Rubén Flores, advirtió algo que el gobierno prefirió no mencionar: “que el índice de Gini había empeorado”. Ecuador tiene, según esa lectura, menos pobres en el papel, pero una sociedad más desigual en la práctica. El Observatorio de la Dolarización fue más directo aún: el gobierno habló únicamente de la pobreza por ingresos, una medición que no refleja las múltiples carencias que enfrentan la mayoría de ciudadanos. Y los datos del Banco Mundial publicados en agosto de 2025 son contundentes: uno de cada cuatro ecuatorianos vive en pobreza, y alrededor de un tercio permanece en riesgo permanente de caer nuevamente en ella. Eso no suena al país que Noboa pintó ante los empresarios en Suiza. Suena, más bien, a una nación que camina sobre una cuerda floja sin red de seguridad.
El empleo que no existe como nos lo cuentan
La narrativa oficial también celebra la reducción del desempleo. Los números del INEC de marzo de 2026 muestran que el indicador bajó al 2,9%. El gobierno lo presentó como un gran logro. Pero hay un dato que esa misma encuesta revela y que nadie en Carondelet quiso enfatizar: el llamado “otro empleo no pleno” —gente que trabaja, pero gana menos del salario básico o labora menos horas de las que necesita— creció del 27,7 % al 34,8 % en apenas un año.
Dicho en cristiano: hay más gente trabajando, pero trabajando peor. Más precarización, más informalidad. Asambleístas de oposición señalaron que entre marzo y abril de 2026, alrededor de 400 mil personas perdieron su empleo pleno, una cifra que choca de frente con el discurso oficial. El Banco Central proyectó para 2026 un crecimiento del PIB de apenas 1,8 %, menos de la mitad del estimado para 2025. El analista económico Juan Fernando Terán lo resumió sin eufemismos: el panorama será aún más complejo para la clase media ecuatoriana, “porque va a financiar el déficit fiscal brutal que se ha generado para pagar deuda externa en los últimos años”. Las deudas, como siempre en este país, las pagan los de abajo.
El gran escándalo que el presidente prefirió callar
Pero ninguna estadística supera en gravedad lo que Noboa decidió silenciar en su informe a la nación: el caso Progen, también conocido como Caso Apagón.
La historia es la siguiente: en plena crisis energética de 2024, cuando los ecuatorianos sufrían cortes de luz de hasta 14 horas diarias, el Ministerio de Energía contrató de manera emergente a la empresa Progen Industries —radicada en Estados Unidos— para instalar equipos de generación eléctrica. El Estado desembolsó USD 107 millones, el 76 % del monto contratado. Los equipos nunca funcionaron. No llegó un solo megavatio. El perjuicio al erario público supera los USD 104 millones. En ese contexto, el exministro de Energía, Antonio Gonçalves, el exviceministro Fabián Calero y otros 17 funcionarios tienen hoy orden de prisión preventiva.
Muchos con pluma en mano insisten que este caso es el mayor escándalo de corrupción de la administración de Noboa y cuestionan que las investigaciones no alcancen a funcionarios de mayor jerarquía. La Plataforma Ciudadana por la Revocatoria llegó a solicitar formalmente un juicio político al mandatario. Frente a eso, Noboa salió a decir en redes que él había “dispuesto” demandar a la empresa en Estados Unidos. Pero los ministros involucrados siguen en el gabinete. El asambleísta Blasco Luna lo resumió con precisión quirúrgica: “como ya es costumbre, no abordan temas que los desnudan de cuerpo entero sobre los indicios de ilegalidad en el manejo de la cosa pública”.
Un Estado que se encoge, una desigualdad que crece
Hace pocos días, Noboa anunció que reducirá el gabinete de 14 a 10 ministerios. Es la segunda reestructuración del ejecutivo en menos de un año, presentada como eficiencia y austeridad. Pero vale preguntar: ¿qué significa reducir ministerios en un país donde el Estado ya tiene una presencia profundamente insuficiente en salud, educación rural y atención social? ¿A quién sirve un Estado más pequeño, si no es al capital?
La respuesta, desde una lectura honesta, es que un Estado encogido beneficia a quienes pueden resolver sus necesidades en el mercado privado. Los pobres, los trabajadores informales, los campesinos, no tienen esa opción. Para ellos, el Estado es el único paraguas. Y Noboa lo recorta mientras les dice que les va mejor que nunca, definitivamente existe una desconexión histórica entre las élites políticas y la ciudadanía.
Noboa, heredero de una de las fortunas más grandes del país, no es ajeno a esa brecha. Su programa favorece la inversión privada y la reducción del gasto público. Son recetas conocidas. Las mismas que no han resuelto la desigualdad estructural del Ecuador en décadas.
La seguridad como coartada permanente
El gran argumento de Noboa siempre ha sido la seguridad. La violencia escaló a niveles históricos —cerca de 50 muertes por cada 100 mil habitantes en las zonas más golpeadas—, y la sociedad exige respuestas. Pero una cosa es reconocer esa urgencia y otra muy distinta es aceptar que los “estados de excepción” permanentes y la militarización sean la solución de fondo.
Los analistas más serios lo señalan: la estrategia represiva no ataca las causas estructurales. La violencia tiene raíces en la pobreza, la desigualdad, la ausencia del Estado en territorios clave y una economía dolarizada que facilita el lavado de activos. Mientras no se ataquen esas causas, ningún toque de queda será suficiente.
Lo que queda cuando se apaga la pantalla
Coincido entonces en señalar que Ecuador es un país que se gobierna desde la coyuntura, sin políticas de Estado ni acuerdos mínimos sostenidos. Noboa no ha roto esa inercia. Es su expresión más sofisticada: un gobierno que construye relato donde debería construir política pública.
El rey tiene ropa nueva todos los días. Pero en los mercados de la Sierra, en las comunidades costeras, en los barrios populares de Quito, la gente sabe que algo no cierra. Que las cifras no coinciden con lo que se vive. Que el trabajo no alcanza. Que la luz se fue y los USD 107 millones. Que el país del que habla el presidente en Davos y el país donde viven son dos países distintos.
Eso no es gobernar. Es administrar la ilusión. Y las ilusiones, tarde o temprano, se acaban.
La frase destacada:
El rey tiene ropa nueva todos los días. Pero en los mercados de la Sierra, en las comunidades costeras, en los barrios populares de Quito, la gente sabe que algo no cierra. Que las cifras no coinciden con lo que se vive. Que el trabajo no alcanza. Que la luz se fue y los USD 107 millones. Que el país del que habla el presidente en Davos y el país donde viven son dos países distintos.
Sobre el Autor Eduardo Albán Gallo:
Licenciado en Comunicación Social, Máster en Ciencias Políticas y Dr (c) en Estado de Derecho y Gobernanza Global. Periodista profesional, experto en temas de Comunicación y Política. Consultor independiente, Investigador y Docente Universitario. Asesor y técnico en instituciones gubernamentales en temas de comunicación, política y políticas públicas.

