La crisis del ambiente: el hombre como culpable

Diario El Norte
“El que crea que en un mundo finito, el crecimiento puede ser infinito o es un loco o es un economista”. Serge Latouche
Para quienes cultivamos el pensamiento crítico, estamos hartos de leer y escuchar que el culpable de todos los males del mundo es el “HOMBRE”, tomado en sentido genérico. Otras veces, se afirma que la responsabilidad recae en la HUMANIDAD, asimismo de modo universal. Esta acusación se extiende también a los mayores, según la expresión de la jovencita sueca Greta Thumberg, adalid ambientalista: “Los adultos nos fallaron”.
De tal modo que el causante de la devastación medioambiental, la corrupción, la violencia, la injusticia, la pobreza, las migraciones… que abaten a los pueblos y al planeta, es el HOMBRE, aquel ser originario de la Tierra que llegó a poblarla. No faltan los antropólogos, sociólogos, psicólogos y políticos, quienes aseguran que estos estigmas son propios de la naturaleza del homo sapiens; es decir, constituyen atavismos propios de la especie, de los cuales no pueden librarse.
¿Qué se consigue con identificar como culpable único al Hombre (Mujer)?
Primero, al ser todos igualmente reos, nadie es culpable. En tal forma, los habitantes que pueblan la Tierra no pueden ser castigados por los delitos, atentados u omisiones, contra ellos mismos y contra el planeta. A pesar que vivimos soportando gravísimas crueldades y penurias, a lo sumo, nos asalta algún cargo de conciencia, pero nada más. En definitiva, yo, usted, nosotros y todos los ciudadanos, somos causantes de la injusticia, la inmoralidad, la violencia y la destrucción planetaria. Si aceptamos la culpa universal del Hombre por numerosos crímenes contra los semejantes y daños a la naturaleza, todos deberíamos purgar en una gigantesca prisión. Quizás la mejor expiación sea existir en un mundo que nos causa tanta indignación y sufrimiento. “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”, decía Adam Smith.
Pero, vemos que, salvo algunos sentenciados, la enorme mayoría gozamos de libertad y hasta nos solazamos de haber burlado a la justicia, la cual debía habernos juzgado por no oponer resistencia a quienes han construido este tipo de mundo o por el silencio cómplice que ha permitido tanta atrocidad.
En segundo lugar, el dedo acusador al HOMBRE tiene un oculto fin ideológico: exculpar a los principales autores de los males que sobrelleva la población mundial y la Tierra. Al decir “Hombre”, el poder económico capitalismo-neoliberal, con sus múltiples tentáculos, las transnacionales, no son identificados como autores de la barbarie civilizatoria. Pero la verdad es que quienes agreden a la Madre Tierra, a los seres humanos, a los pueblos, tienen nombres y apellidos, son las empresas multinacionales o transnacionales, con sus respectivos acaudalados, banqueros y financieras. Este gigantesco poder controla, a su vez, a los Estados, gobernantes, congresistas, jueces, políticos, militares… en casi todo el orbe; en definitiva, son los dueños del mundo.
¿Pruebas? Solo hace falta que el lector o lectora dedique unos pocos minutos a consultar, en diferentes portales de Internet, los nombres de las más grandes corporaciones, que según Chomsky son los “amos del mundo”. Por su parte Saramago advierte sobre el papel de las megaempresas en la sociedad actual: “En democracia el ciudadano debe elegir, que yo sepa las multinacionales no se presentan a las elecciones y tienen el poder efectivo, real. Es una comedia de engaños” .
Un conocimiento importante, vital podría decirse, que todo ciudadano debería alcanzar, más aún si es instruido, es la información básica de las vastas corporaciones que existen en el mundo. Por supuesto que no se trata de un saber especializado, sino de un saber que puede determinar la supervivencia de la humanidad. Por fortuna, existen bastantes datos, sobre todo en Internet, que pueden ilustrar a cualquier persona interesada. En efecto, es posible acceder con facilidad a los informes de organismos internacionales y fundaciones que analizan la problemática ambiental como PNUMA, FAO, SIPRI, GREEMPEACE, OXFAM, Amigos de la Tierra, Movimiento Mundial por la Naturaleza (WWF), Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales… Una información por demás ilustrativa, disponible en YouTube es “Las 100 empresas dueñas del mundo” (2 022), que proporciona una idea bastante aproximada del oprobioso poder capitalista. Un alarmante dato adicional, se puede encontrar con el título “BLACKROCK”.
Estas consultas, constituyen referencias inapreciables que presentan de cuerpo entero a los responsables, con nombres y apellidos, de la crisis ecológica que sobrelleva el planeta, la cual amenaza en convertirse en un holocausto las próximas décadas. Al respecto, no hay mejor denuncia de las atrocidades ambientales provocadas por la obsesión de lucro de las empresas capitalistas, que el estremecedor documental “Antes de que sea tarde”, del famoso cineasta Leonardo DiCaprio (2 018). Este reportaje puede ser consultado asimismo en YouTube. Un estudio más profundo es el de la investigadora estadounidense Naomi Klein: “Esto lo cambia todo” (2 015).
Estos testimonios, evitarán que los ciudadanos y las ciudadanas emitan opiniones ingenuas sobre las causas que inciden en la destrucción de la naturaleza. La toma de conciencia individual y grupal permitirá desbaratar la tesis mañosa de las élites y de sus acólitos criollos, quienes endilgan al Hombre por el ecocidio capitalista.
Por cierto, estas reflexiones no pretender exculpar a las personas de a pie por los atentados contra el planeta. Algo tenemos de culpa, pero es imposible negar que el poder del mercado nos ha inducido al comportamiento consumista, principal factor de los ataques contra el ambiente. Un pequeño ejemplo, vienen al caso: las empresas de todo el mundo producen cada año más de 120 mil millones de prendas de vestir (DW, 2 020); el 80 % de esa cantidad, se desecha a los pocos meses, con la consiguiente contaminación ambiental.
En consecuencia, resulta del todo inocente, por decir lo menos, esconder a los criminales del ecosistema, utilizando el término común: Hombre. Asimismo, en las últimas décadas han aparecido varias ideas tendientes a atenuar la culpa de los amos del mundo. Para ello, están empeñados en “humanizar” el capitalismo, utilizando eufemismos como “capitalismo popular”, “capitalismo ecológico”, “capitalismo verde”, “capitalismo azul”, “economía naranja” … En buen romance, se pretende paliar los nefastos efectos del modelo económico, creando una supuesta alternativa para remediar los males que han ocasionado. Pero lo que olvidan estos “centristas” es que, por esencia, el capitalismo no es un paradigma económico que esté dispuesto a respetar la naturaleza, ni la dignidad de los seres humanos, porque su codicia está reñida con estos valores. Como se ha advertido, el bien común natural y las capacidades personales, son vistos por los mercaderes como una fuente inagotable de rentabilidad monetaria. Parece que nadie puede parar esta insania. Un líder boliviano sentenció: “Cuando acaben con todo el planeta, veremos si comen billetes”.


La frase destacada:
“La toma de conciencia individual y grupal permitirá desbaratar la tesis mañosa de las élites y de sus acólitos criollos, quienes endilgan al Hombre por el ecocidio capitalista”.
Sobre el Autor Jorge Villarroel Idrovo:
Lcdo. en Psicología Educativa, Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa, Ex Rector de la Universidad Técnica del Norte, Ex Rector del Colegio Nacional “Ibarra”, Docente Investigador, Autor de libros, artículos científicos, Ponente en eventos académicos de Ecuador y en varios países de América Latina.