Los sujetos del rendimiento

Diario El Norte
Algunos trastornos de orden neurológico como la depresión, el estrés, el déficit de atención, la hiperactividad, el agotamiento crónico, vienen configurando ciertos cuadros con signos patológicos en la sociedad contemporánea. A esto, como consecuencia de la vigencia de un nuevo totalitarismo invisible impuesto por el capitalismo y de un exceso de positivismo, se suman otras características como la mentalidad trabajadora, la libre competencia, la productividad, la creación de la riqueza que establece el capitalismo como rutas eficaces hacia mejores condiciones de vida. Tanto los desórdenes neurológicos cuanto las exigencias del capital destruyen a los ciudadanos consiguiendo que los trabajadores se conviertan en sus propios explotadores, en palabras del gran filósofo surcoreano Byung-Chul Han.
Este hecho, se explica desde el paso de la sociedad disciplinar a la sociedad del rendimiento, Han (2020) que, sin duda, significa un importante cambio de paradigmas; si la primera fue caracterizada como sociedad de la negatividad y la prohibición en la que se destacaba el “no poder”; la segunda posee un carácter positivo, se define por el verbo “poder” como expresión de positividad, de motivación que reemplaza a la obligación, al mandato a la ley. En la concepción de la sociedad del rendimiento la positividad del poder es mucho más eficiente que la negatividad del deber, en ella, el nuevo imperativo es la “presión del rendimiento” en la que el sujeto del rendimiento redime la propiedad y soberanía de sí mismo y se entrega a la obligación de la maximización del rendimiento, ahora a través del uso intensivo de las nuevas tecnologías.
En la sociedad del rendimiento prima el individualismo y la libertad para hacer cualquier cosa bajo el principio de autonomía y autorrealización. En esta sociedad, las personas pasan a ser sujetos de rendimiento, capaces de gestionar su propio destino sin otras perspectivas que no sean el beneficio propio, muchas veces a costa del sacrificio de los demás; una suerte de competencia permanente para superarse a sí mismos, para lograr el yo ideal, para pasar a ser referente, sujeto de admiración, modelo de sacrificio. Con un ego exacervado e hiperactivo, sin capacidad de contemplación por ausencia de atención profunda y capacidad de reflexión en torno a los problemas del mundo de hoy, el sujeto del rendimiento vive de cara a sí mismo luchando por alcanzar propósitos particulares.
El cambio de la sociedad disciplinar a la sociedad del rendimiento, no obstante, ha resultado positivo y conveniente para el sistema económico capitalista porque, según el parecer de sus defensores, ayuda a superar la dificultades resultantes del estancamiento productivo consecuente de las exageradas medidas de control y vigilancia que imponen las sociedades disciplinares a través de los sistemas normativos, de las instituciones, prácticas y hábitos en entornos de interacción que, en cierta forma, han sido modelados para beneficiar a los colectivos más que a los individuos. La sensación de libertad de la sociedad del rendimiento hace que la obligación por rendir y dar al máximo, de ser más eficientes es mucho más importante que las redes de relación, cooperación y solidaridad que se tejen como mecanismo de búsqueda del bien colectivo.
En cierta forma, la libertad y el alcance del máximo nivel de eficiencia y calidad, por las fuertes presiones internas que demandan, terminan convirtiendo a las personas en explotadores voluntarios de sí mismos, en sujetos de rendimiento que día a día compiten por superarse en una constante batalla interna que genera autoagresión y una sensación permanente de carencia y culpa que luego desencadenan trastornos neurológicos como los que hicimos mención al inicio de este escrito. Asi es como continua configurandose la dictadura invisible del capital con resultados desastrozos sobre todo expresados en la incontenible violencia estructural en la que el hambre, la miseria, la desigualdad, la injusticia social son sus principales exponentes.
Desde luego que, esta forma de analizar la realidad, de concebir a las personas, ha dado lugar a muchas discusiones en escenarios económicos, políticos y sociales; también a la adopción de posturas en pro y en contra de los postulados esenciales del capitalismo invisible, enfoque que pretende ser hegemónico, impuesto por los grupos de “poder” como la doctrina del bien, aun cuando existen claras evidencias de las reales intenciones de mercantilización que traen consigo.
Quienes desde la otra orilla abogamos por la justicia social, por la dignidad humana, por el respeto de los derechos de todos, continuaremos buscando rutas hacia la edificación de una sociedad para todos, en la que la diversidad, la igualdad, la paz y la justicia se concreten de manera real, que dejen de ser solamente buenas intenciones que no resuelven nada, pero continuúan siendo construcciones discursivas inspiradas en los grandes problemas y necesidades de la gente. Los que siempre hemos estado del lado de la justicia social sabemos que un nuevo orden, un nuevo sistema de vida será posible cuando logremos vencer a las fuerzas del poder que recurrentemente nos gobiernan.


La frase destacada:
“En cierta forma, la libertad y el alcance del máximo nivel de eficiencia y calidad, por las fuertes presiones internas que demandan, terminan convirtiendo a las personas en explotadores voluntarios de sí mismos, en sujetos de rendimiento que día a día compiten por superarse en una constante batalla interna que genera autoagresión y una sensación permanente de carencia y culpa que luego desencadenan trastornos neurológicos”
Sobre el Autor Mario Montenegro:
PhD en Comunicación (Universidad Federal de Río de Janeiro); Master of Arts, en Educación Superior (New Mexico University); Diplomado Internacional en Gestión de la Investigación (UNESCO-IESALC-Fundación COLUMBUS-Francia); Experto en Planificación y Gestión de Proyectos de I+D, Consejo Superior de Investigación Científica de España CSIC-OEI; docente titular de las Universidades Técnica del Norte y Central del Ecuador; profesor de posgrado en varias universidades del país.