No esperes resultados diferentes…

Diario El Norte
El 13 de junio de 2022, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) convocó a un paro nacional ante la insensibilidad del gobierno de Guillermo Lasso que ha hecho de los oídos sordos desde el inicio de su mandato, al pedido de diálogo realizado por la mencionada organización. Este es el segundo paro nacional liderado por las organizaciones indígenas y populares en contra del proyecto neoliberal iniciado en el gobierno de Moreno y continuado por la nueva camada neoliberal. ¿O quizá ya perdimos la memoria?
La Agenda de Lucha Nacional de la CONAIE incluye reivindicaciones económicas de cumplimiento inmediato para los trabajadores del campo y la ciudad: reducción del precio de los combustibles, precios justos para los productos del campo, moratoria de deudas para los campesinos, etc. Y otras que tienen relación con las políticas públicas: respeto a los derechos laborales y a los derechos colectivos; detención de los procesos de privatización de los sectores estratégicos; presupuesto para la educación; seguridad social y protección contra la violencia organizada; garantías para el acceso a las universidades, etc., etc.
La estrategia de la CONAIE se centra en presionar al gobierno para la apertura a un diálogo franco, abierto y sin engaños, ante lo cual el gobierno ha respondido con la represión desmesurada a la población que marcha por las calles reivindicando sus derechos, el allanamiento a la Casa de la Cultura Ecuatoriana argumentando denuncias falsas sobre el encubrimiento de armas, la violación a la autonomía de las universidades Central, Politécnica Salesiana y Católica del Ecuador.
Con el propósito de contener las movilizaciones que día a día suman más adhesiones sociales, el gobierno decretó el estado de excepción, apresó al dirigente de la CONAIE Leonidas Iza, provocó cinco muertes y centenares de heridos, todo infructuosamente porque el paro sigue cobrando fuerza; y, hasta ahora, no se vislumbra una salida. Hemos llegado, al momento de escribir este artículo, a los 14 días de paro indefinido, y aun no sabemos lo que va a pasar.
La situación se vuelve cada vez más crítica y peligrosa. Crítica, porque la paralización de las actividades amenaza con provocar desabastecimiento de combustibles y de productos de primera necesidad; peligrosa porque si los dirigentes de la CONAIE, que deberían públicamente estar respaldados por las organizaciones sindicales y gremiales, no logran resultados efectivos, la frustración de la gente que se ha movilizado con tanto esfuerzo y compromiso puede conducir a situaciones extremas.
¿Cuáles son los escenarios que se vislumbra hasta el momento?
El primero es el estancamiento de las partes en conflicto. LA CONAIE no puede aceptar un diálogo bajo la amenaza de fusiles y bayonetas, y exigió el levantamiento del estado de excepción, condición con la que permanentemente ha jugado Lasso. Y así, nos encontramos todavía en el punto cero, en una situación similar a la de 2019 cuando desde el campo popular se empleó la misma estrategia: el diálogo. Y es que a la derecha política y a las oligarquías nativas no les interesa el diálogo porque son, por naturaleza, impositivas, autoritarias, prepotentes.
Otro escenario sería el de la Muerte cruzada instrumento legal al que pudiesen acudir tanto la Asamblea Nacional cuanto el Presidente de la República; dando lugar a un eventual nuevo gobierno elegido en las urnas y debidamente legitimado con la participación de los sectores sociales que demandan una mayor democratización en el sistema político ecuatoriano.
La intervención de las Fuerzas Armadas, no está fuera del juego pues siempre añoran su viejo rol de “gendarmes de la democracia” y estarían promoviendo la sucesión presidencial, estrategia en cuya dirección parecen apuntar los antiguos aliados del gobierno, especialmente los socialcristianos. Y tiene su lógica. No solo sus amigos de antaño sino la propia burguesía se encuentra descontenta, según el análisis sesudo de Pablo Dávalos, con el banquero que no fue el gobernante que esperaban. Ese sería el caso, por ejemplo, de los exportadores de flores y banano quienes se verían afectados por una eventual ruptura de relaciones diplomáticas con Rusia – algo bastante probable debido a la presión de los Estados Unidos a raíz de la guerra en Ukrania – que es uno de los mayores importadores de estos productos. Algo similar ocurre con las intenciones de firmar tratados de libre comercio con países como México y Uruguay, tratados que afectarían a las producciones nacionales de automóviles y cárnicos, pues el Ecuador quedaría en desventaja en el mercado internacional, al competir libremente con gigantes de la producción de estas mercancías.
En este escenario, Lasso sería embarcado a Panamá o a las Bermudas en algún helicóptero militar, se levanta el paro mientras el vicepresidente elevado al solio presidencial edulcora su discurso con un nuevo llamado al diálogo. La gente, entonces, retorna a su llacta, pensando que no debió salir de ella; así las élites, otra vez, pretenderán engañar a la gente y burlarse de sus reivindicaciones.
De suceder este catastrófico vaticinio – por suerte hasta el momento es solo especulación – durante los tres años siguientes volveríamos una y otra vez al paro, porque con el cambio de nombre en el gobierno nada habrá cambiado. Mientras tanto, los neoliberales tendrían el tiempo suficiente para culminar su plan de privatización de los bienes del Estado, en cumplimiento con algunos de los puntos de la Carta de Intención que tienen firmada con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Algo similar sucedería con la destitución presidencial que, hasta el momento, no cuenta con los votos suficientes en la Asamblea.
Finalmente, está el pedido de Revocatoria del mandato impulsado por algunos asambleístas y actores políticos de la sociedad civil. En mi opinión, esta sería una salida, aunque larga y tediosa, profundamente democrática. El CNE pondrá todos los obstáculos del caso y el proceso se alargará indefinidamente, pero si fuésemos sensatos podríamos hacer de él un valioso instrumento para la acumulación de fuerzas en el campo popular. La gente tendría un norte estratégico: la salida constitucional y democrática del banquero, y se construirían espacios de discusión, amplio debate de ideas y empoderamiento político de la sociedad, mientras se extiende e intensifica el proceso para la recolección de firmas y se prepara el nuevo escenario electoral.
Tal vez – solo tal vez – con una medida como esta podamos eludir la acusación que desde lejos nos hace el sabio Albert Einstein, quien dijo: “No esperes resultados diferentes si siempre haces lo mismo”.


La frase destacada:
Finalmente, está el pedido de Revocatoria del mandato impulsado por algunos asambleístas y actores políticos de la sociedad civil. En mi opinión, esta sería una salida, aunque larga y tediosa, profundamente democrática.
Sobre el Autor Marcelo Villamarín Carrascal
Doctor en Filosofía, ex docente universitario de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). Obras Publicadas: El arte de vivir con sentido (2005), Retos de la Asamblea Constituyente (2006), Socialismo y Revolución Ciudadana (2016), Ideas Filosóficas de Imbabura (2019)