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Participación de las familias en la educación

Diario El Norte

La situación de la emergencia sanitaria originada por la pandemia del Covid-19 en el mundo y en el país, todavía no se encuentra plenamente estabilizada. Por esta razón, hasta hace poco tiempo el sistema educativo se vio obligado a buscar opciones que le permita continuar en funcionamiento, de tal manera que los niños, jóvenes y adolescentes puedan realizar sus estudios en todos los niveles de su formación.

Sin lugar a dudas, el funcionamiento de la modalidad virtual fue y sigue siendo una tarea titánica y no menos compleja. Desde este punto de vista, una consideración clave, que es de vital importancia para la labor que realiza la escuela, es encontrar una participación directa y comprometida de las familias en la educación de sus hijos.

En estos momentos esa posibilidad es muy importante, es lo que los expertos llaman proceso para la construcción de comunidades de aprendizaje. En términos sencillos, significa involucrar a la familia para contar con su colaboración y entusiasmo en la ejecución y desarrollo de los objetivos del aprendizaje de los chicos. Cada uno de los aspectos de estas actividades educativas están dirigidas a través de la planificación que los maestros realizan desde el aula de clases; de allí que, en el propósito están invitados a participar sea el padre, la madre, los hermanos, los tíos, los primos, los abuelos o cualquier integrante del entorno familiar.

Por estas consideraciones Moreno et al., (2018) parafraseando a González (2007) precisa que lo relevante de “la educación familiar tiene el propósito de desarrollar las capacidades y competencias para que las personas se preparen para afrontar el camino de su vida, adquirir las habilidades que les permitan valerse por sí mismos en un mundo difícil y cambiante y, así, facilitar su integración en la dinámica de las instituciones sociales. Sin embargo, para desempeñar con eficacia este cometido educativo, los padres necesitan disponer de ideas claras y orientaciones acertadas para que sus hijos crezcan equilibrados, preparados y puedan ser felices”.

En suma, esta estrategia está encaminada a permitir que se conjuguen aspectos relacionados con el desarrollo pedagógico, que ahora involucra más a la familia, para garantizar el bienestar integral de los alumnos. Son actividades que siempre están pensadas para que la labor educativa se realice “mediante la orientación de las y los docentes para aclarar dudas, precisar conocimientos, orientar los procesos que son solicitados en las actividades y tareas escolares”. También sirven para disipar temores y serenar a las personas, de tal manera que juntos podamos aprender y salir adelante hasta en situaciones complejas o de verdadera incertidumbre.

Las políticas del Ministerio de Educación puntualizan que “estas expresiones de corresponsabilidad de las familias con la educación de niños, niñas y jóvenes posibilita establecer mecanismos positivos para apoyar sus aprendizajes, contribuye de manera efectiva a la participación en las actividades de los estudiantes, permite poner atención sobre el avance y la organización de las rutinas educativas diseñadas para que continúe el proceso formativo, a pesar de las diferentes circunstancias que se puedan presentar”.

Para concretar las iniciativas colaborativas, las entidades sean Centros Educativos, Escuelas de Educación Básica o Unidades Educativas completas, a través de sus Proyectos Institucionales “deben incorporar procedimientos y mecanismos específicos que potencien la integración de las familias y la comunidad en el ámbito escolar y que ocupen el espacio de colaboración y corresponsabilidad con los demás sectores implicados en el proceso educativo de los estudiantes”. En este sentido, es el Gobierno Escolar el organismo encargado para realizar “el seguimiento de los compromisos educativos colaborativos, de las expresiones de convivencia de las familias y la comunidad, de tal manera que se pueda garantizar la efectividad en el trabajo y también de concrete la adopción de medidas e iniciativas que contribuyan a su cumplimiento”.

La gran expectativa es que las familias al formar parte de una comunidad educativa “ayuden a consolidar aprendizajes previos y posteriores, apoyen la generación de mecanismos de formación, incorporen estrategias internas para el fortalecimiento y desarrollo de habilidades, destrezas y potencialidades y que junto con los docentes en diversos contextos mejoren el área afectiva de los estudiantes”.

Quizá una duda ronda en nuestra mente ¿será que en los niveles de educación inicial esta estrategia logró su cometido durante los tiempos más complejos de la pandemia del COVID-19? Lo más probable es que existan diversas respuestas y por supuesto no todas serán iguales, pero como es más adecuado revisar evidencias específicas; a continuación, veamos una experiencia publicada en la Revista Yachana, en la que García et al., (2021) señalan que su “estudio sirvió para efectuar un gran cambio en las familias intervenidas que de seguro trascenderá significativamente en la vida escolar y personal de sus hijos. Los padres comprendieron que cuando la familia se involucra y trabaja cooperativamente con la educadora en las actividades que promueve la institución, se mejora la personalidad y autoestima de los niños, se asegura una mayor calidad educativa para toda la comunidad.

Este enlace (familia–educadora) permitió que los niños desarrollen sus habilidades y destrezas en contextos agradables y seguros, logrando en ellos una mayor espontaneidad e interacción entre pares y con sus padres o cuidadores primarios. Cada actividad que fue compartida con los representantes y cuidadores primarios; con mediación de la educadora se fortalecieron las competencias parentales y el vínculo que debe preexistir entre los actores (padres o cuidador y niño) a su vez la interacción dinámica que la familia compartió y sigue compartiendo con la educadora, ha experimentado que el manual siga alimentándose con ideas nuevas (feedback) con la finalidad de dar continuidad a la propuesta”.

Cada realidad tendrá una respuesta particular; sin embargo, para finalizar y alimentar esta reflexión, tomemos un hallazgo que Julián de Zubiría (2018) descubrió en la institución educativa que dirige, él dice “no existen los niños de capacidad muy superior, no hay niños con talento, lo que hay es niños con mejor mamá. Lo que hay es niños con un medio cultural enriquecido, lo que hay es niños que tuvieron la fortuna de tener buenos maestros, buenos tíos, buena familia, buen nivel de lectura, buen grupo referencial; esos niños avanzan a un ritmo más alto”.

La frase destacada:

Cada uno de los aspectos de estas actividades educativas están dirigidas a través de la planificación que los maestros realizan desde el aula de clases; de allí que, en el propósito están invitados a participar sea el padre, la madre, los hermanos, los tíos, los primos, los abuelos o cualquier integrante del entorno familiar.

Sobre el Autor Marcelo Almeida Pástor:

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable (Universidad Técnica del Norte); ex Profesor de Posgrado en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; Profesor y Coordinador de la Maestría de Pedagogía mención Currículo (presencial y En Línea) Universidad Técnica del Norte, Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura y Coordinador de su Comité Editorial

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About Marcelo Almeida Pástor

Ph.D en Ciencias de la Educación (Universidad de La Habana-Cuba), Magíster en Docencia Universitaria e Investigación Educativa y Diplomado Superior en Planificación Estratégica (Universidad Nacional de Loja); Especialista en Educación para el Desarrollo Sustentable y Licenciado en Ciencias de la Educación especialidad Idiomas (Universidad Técnica del Norte); Profesor Jubilado en la Universidad Técnica del Norte en la Facultad de Posgrado: ex Profesor en: Universidad Tecnológica Indoamérica, Pontificia Universidad Católica del Ecuador sede Ambato y Esmeraldas; ex Profesor y ex Coordinador Maestría Pedagogía mención Currículo (presencial y en línea), ex Profesor y ex Coordinador Maestría en Innovación en Educación, mención Pedagogía y Didáctica con enfoque Basado en Competencias (modalidad presencial) en Universidad Técnica del Norte; Socio Fundador, ex Secretario Pro tempore de la Escuela de Pensamiento Social Imbabura; Coordinador del Comité Editorial Página Pido la Palabra. Miembro de la Sociedad Bolivariana de Ibarra, Socio Adherente de la Sociedad Artística de Otavalo.