Patrimonio e identidad

Diario El Norte
El enjambre de sismos ocurridos en la Provincia del Carchi, develó la fragilidad de las casas patrimoniales de San Gabriel y la Provincia. En su mayoría edificaciones con estilos arquitectónicos de inicios del siglo pasado, construidas con materiales naturales como el adobe, la tapia, el carrizo o bahareque, tumbados de carrizo y teja. Las casas adosadas compartían el trabajo minguero de los vecinos. En aquellas épocas la identidad constituía una unidad social, una realidad sin discursos. En cambio, ahora sirve como muletilla para citar discursos en las campañas políticas. La identidad cultural expresada en las edificaciones fue un distintivo clave del pueblo carchense.
El uso de nuevos materiales en construcciones modernas borró las tecnologías que fueron labradas con amor a través del tiempo. Esta tradición era socializada de generación en generación; en cambio, la modernidad incorporó tecnologías e insumos novedosos, por cierto, con materiales resistentes u óptimos y en algunos casos convenientes en función del medioambiente. Sin embargo, no contribuyen a mantener la unidad cultural y la identidad de épocas pasadas, que se articulaban en la vida cotidiana y en la buena vecindad. La solidaridad humana cuando las circunstancias adversas golpeaban a las familias, se practicaba siempre con el ejemplo solidario en el trabajo minguero. El valor de la reciprocidad era posible siempre y cuando la sociedad la ponga en práctica en todas las esferas de su vida.
En contraste, la sociedad post moderna marca actitudes disgregantes, forma personalidades individualistas, egoístas, materialistas y hedonistas. Hoy la viveza criolla; la deshonra de vecinos, amigos o compañeros de trabajo; la violencia doméstica de todos los días; la pobreza extrema; la falta de oportunidades de trabajo configura referentes negativos. La sociedad liderada por autoridades involucradas en actos corruptos, que no se sancionan, contrasta con los enfoques de vida de sociedades que en el pasado alcanzaron el bienestar de sus ciudadanos. En ese pasado reciente la ética de vida fue ejemplo de honestidad y trasparencia.
Cabe entonces preguntar ¿Qué intereses mueven a las autoridades para que sigan impávidas frente a lo que estamos viviendo? ¿O tal vez la preocupación se centra en el poder del ego para sacar zafo económico de sus inversiones de campaña? La ética y los valores en la gestión pública ya no existen. La identidad minguera murió con la desaparición de aquellas generaciones de ciudadanos de trabajo y con visión de progreso para todas y todos.
Al retomar el tema de las casas patrimoniales, el hecho natural sísmico puso en evidencia la fragilidad que tienen las construcciones antiguas. Solo en pocas excepciones los propietarios hicieron convenientes actividades de mantenimiento o de refuerzo a la estructura física domiciliar. Lo más grave es que las instituciones del Estado como el organismo rector del Patrimonio poco o nada hicieron para su salvamento. Es necesario recordar que el Ministerio de Cultura y Patrimonio a partir del año 2016 entregó esa competencia a los Gobiernos Autónomos Descentralizados cantonales (GAD). Simplemente utilizaron esta competencia local solo para disonantes discursos en épocas de campaña electoral o para hablar en la celebración de fechas cívicas. Por estas razones los sismos desnudaron el fracaso gubernamental en el manejo del Patrimonio local. En el caso de la ciudad de San Gabriel la Declaración de Patrimonio Cultural de la Nación fue otorgada el 11 de noviembre de 1992 mediante Acuerdo del Ministerio de Educación. El proceso de la Declaratoria que fue sustentada de manera técnica fue en reconocimiento a la existencia de casas de vivienda con diseño arquitectónico de tipo republicano de inicios del siglo XX.
El paisaje urbano evocaba formas y contenidos de la vida de sus habitantes, las costumbres cotidianas, las sinergias con sus autoridades, todas estas cualidades eran el referente proactivo de los ciudadanos sangabrieleños. Importaba más el bienestar de sus vecinos que ciertas poses ególatras de las autoridades de turno. La simbiosis cultural configuró una sociedad unida, solidaria y minguera. Recuérdese que el pueblo montufareño ostenta el Procerato del Trabajo como una merecida distinción otorgada por el Congreso Nacional en el año 1934.
Desde la óptica cultural el análisis demuestra que efectivamente las casas republicanas de inicio de siglo XX constituían un legado patrimonial para la ciudad. Su adecuada administración bien pudo convertirse en una oportunidad para el desarrollo económico de sus habitantes. Esta particular característica arquitectónica pudo generar iniciativas de turismo natural, comunitario, familiar y de investigación con las cuales se habría configurado una nueva matriz productiva en ayuda al sistema económico primario del Cantón Montúfar.
La Declaratoria de Patrimonio Local fue un justo el reconocimiento a una cotidianidad citadina. Un homenaje a esas sencillas y acogedoras casas que son el lugar en el que la familia, en tardes de amenas tertulias, disfruta del aroma del cafecito de chuspa acompañado con los mataburros (sabrosos envueltos con hojas de bijao); del exquisito champús; del pan de casa hecho en horno de leña; del ornado pastuso; del queso amasado, pero sobre todo de la calidez y la amistad de los vecinos. Todos estos aspectos configuraron una identidad cultural potente que ha respaldado el sano orgullo de sentirse carchense y sangabrieleño en particular.
Son siete años de la transferencia de competencias al GAD local, y con ellas, también el respaldo presupuestario anual ¿A cuánto asciende el presupuesto entregado? ¿Anhelamos conocer en qué consiste y para qué sirvió la declaratoria de Patrimonio Cultural? Es importante evidenciar resultados de la gestión y a donde fueron a parar las inversiones. El alcalde de San Gabriel, del período anterior, inclusive tuvo como aliada a una señora concejala que se dio a la ingrata acción de derrocar su propia casa patrimonial, y como premio, fue presidenta de la Comisión de Patrimonio y Vicealcaldesa. ¡Increíble! El actual alcalde, nada hizo como concejal para frenar esos atropellos. Ahora como máxima autoridad, no informa sobre su gestión. ¿Qué planes tiene frente a la situación precaria en que se encuentran los vecinos que fueron afectados por el mal estado de sus casas? De manera breve y escueta informó que “se apoyará la reconstrucción de las casas por un valor de 27.000 dólares por vivienda”. Posteriormente se conoce que la autoridad municipal se retractó de sus ofertas porque el gobierno nacional tampoco se mantiene firme en la ayuda prometida.
Duele mucho en estos días pasear por la pintoresca ciudad de San Gabriel y ver cómo las edificaciones se encuentran apuntaladas y con banderas blancas. Con buenos líderes la otrora cultura minguera ya habría entrado en acción inmediata y entusiasta. Pero en la actualidad eso es una quimera perdida en el tiempo y en la demagogia de sus autoridades. Compréndase que, al hablar de Patrimonio, estamos evocando la identidad de todo un pueblo.
La frase destacada:
“el hecho natural sísmico puso en evidencia la fragilidad que tienen las construcciones antiguas. Solo en pocas excepciones los propietarios hicieron convenientes actividades de mantenimiento o de refuerzo a la estructura física domiciliar. Lo más grave es que las instituciones del Estado como el organismo rector del Patrimonio poco o nada hicieron para su salvamento”.
Sobre el Autor Luis Jácome:
Licenciado en Banca y Finanzas por la Universidad Central del Ecuador. Magíster en Planificación Socio–Económica y Magíster en Planificación Urbana y Planificación Regional por la Universidad Central del Ecuador. Ex Profesor Universitario. Consultor en libre ejercicio. Director Yavirak (ONG). Miembro del Grupo Editorial La Borrega Negra, editorialista de varios medios escritos. Realizador de Programas Culturales y de Opinión Radial. Capacitador en Proyecto Educativo para la Producción, Medio Ambiente y Educación en Montufar (Carchi)